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EDICIÓN | Marzo 2013

Estilo orgánico

Bélgica Navea Morgado, Apinatura
Estilo orgánico

Por Víctor Godoy Jiménez / Fotografía: Patricio Salfate Traslaviña

Fabrica una treintena de subproductos, basados en el trabajo que realizan las admirables himenópteras, y los vende incluso en varias regiones del país. Hace más de diez años, esta apicultora y su marido, no solo producen orgánicamente, sino además lo han incorporado como forma de vida. Hoy, cuentan con certificación orgánica y están potenciando su negocio a través de la sanación, por medio de la apiterapia.



Entre las tareas del campo y las labores en la ciudad, la agenda de Bélgica es bastante apretada. Y cómo no, si además de la elaboración de productos y la realización de terapias, se dedica al avance de nuevos proyectos que pretenden optimizar sus procesos productivos.

Amable, sencilla y con ideas claras, esta apicultora es oriunda de Monte Patria, pero vivió muchos años en Coquimbo. Hace doce años, junto a su esposo y sus dos hijos, decidió radicarse definitivamente en la comuna de La Higuera, en la pequeña localidad de Quebrada Onda, donde hoy vive feliz.

Es una empresa familiar, de eso se trata Apinatura. Trabaja junto a su esposo y con roles bien definidos. Ella se dedica completamente al área apícola, mientras que él se encarga de la recolección y cuidado del campo. Sus dos hijos, dedicados a otras labores, cooperan en las épocas de la cosecha de miel, ya que son los periodos más arduos.

“Desde que partimos con la idea de comenzar un negocio, nuestra apuesta fue siempre lograr productos totalmente orgánicos”, comenta Bélgica, y agrega que este no ha sido un camino fácil y que a pesar de las complicaciones y un intenso trabajo, lo lograron.

Hoy, se destacan dentro del mercado regional, por haber obtenido, hace dos años, la certificación orgánica.

Cuéntame un poco más sobre la certificación
Este tema para nosotros es el valor agregado. Significa trabajar ciento por ciento en forma limpia. El entorno donde están las abejas y donde cultivamos es totalmente natural, no se utilizan químicos en un radio de tres kilómetros a la redonda. Además, el manejo de las colmenas lo hacemos con plantas medicinales y nuestro proceso productivo no daña el medio ambiente.

¿Qué fabrican y qué productos de las abejas utilizan?
Tenemos alrededor de treinta subproductos relacionados con la colmena. Variedades de mieles y toda una línea cosmética. El más destacado y apetecido, eso sí, es la miel del desierto florido, que lamentablemente, debido a la falta de lluvias, ha estado muy escasa. Usamos, por ejemplo, el propóleo, gracias a sus características como antibiótico y antiséptico; es ideal para el sistema inmunológico y aumenta las defensas, fabricamos con él jabones, pomadas analgésicas y antiinflamatorias, así también caramelos de propóleo. Tenemos bálsamos labiales, champú y cremas hidratantes en base a jalea real; gomitas de polen y mieles con sabores orgánicos como limón, naranja o menta.

¿Dónde venden sus productos?
Estamos distribuyendo en pocas unidades, ya que lo nuestro es calidad más que cantidad. Por eso trabajamos con tiendas especializadas en productos orgánicos, hasta el momento en Viña del Mar y Santiago. Vendemos mayoritariamente a público directo, a través de nuestro mail, página web y teléfono. Como nos hemos presentado en varias ferias, tenemos diversos contactos.

¿Pretenden  llegar a todo el público o ser más exclusivos?
En estos momentos, tenemos acceso a un público bien selecto. Son los que entienden de productos orgánicos, por ende, pagan el valor que corresponde, principalmente son extranjeros. Pero en el tema salud, me encantaría que todo el mundo tuviera acceso a la alimentación orgánica o a terapias naturalistas. Para eso necesitamos que se fomente y masifique en el país una cultura orgánica.

¿Qué es lo más interesante de trabajar con abejas?
Lo más rico es cooperar con el cuidado del medio ambiente. Muchos tienen la preocupación de que las abejas están desapareciendo y para mí es como si desapareciera la humanidad. Por otro lado, es impagable el hecho de mejorar las condiciones de salud de las personas. Es gratificante atender a un paciente y ver cómo, meses después, su calidad de vida es completamente distinta.

EMPRENDEDORA PASIÓN

Siempre dijo que los negocios eran lo de ella. Antes de llegar a la apicultura, tuvo un minimarket en Coquimbo, pero un desafortunado incendio acabó de un día para otro con su negocio, “un esfuerzo de años”, nos dice con nostalgia; se le nota en sus ojos.

“Si usted me pregunta si quiero volver a tener un negocio, mi respuesta es no. Hoy amo mi trabajo”. Bélgica agradece lo diverso de su vida actual. Un día es agricultora, al siguiente está atendiendo pacientes, luego se va a una feria gourmet y después vuelve con sus queridas abejas. Incluso ahora, comparte su experiencia y conocimiento enseñando sobre la apicultura.  

¿Cuál fue su motivación para emprender?
Creo que nosotras, las mujeres, tenemos algo innato para emprender. Comencé desde que estudiaba. He tenido múltiples trabajos y cada vez que se termina uno por cualquier motivo, siempre comienzo otro, todo por sacar adelante a mi familia.

¿Tuvo algún miedo?
Yo lo definiría como una aventura. Nos advirtieron que el tema de la agricultura era súper riesgoso, pero fuimos obstinados, creo yo. Entonces decidimos profesionalizarnos, por eso hice un diplomado en apicultura orgánica y, luego, uno en agricultura orgánica.

¿Por qué obstinados?
Siempre quisimos innovar y ser coherentes con nuestro estilo de vida más ecológico. Lo primero que tuvimos en el campo fueron abejas, no nos fue tan bien. Se murieron, volvimos a tener y nuevamente las perdimos, pero insistimos y retomamos la apicultura. Confié y ¡sí!, fui muy porfiada.

¿Cómo nace la idea de trabajar orgánicamente?
Básicamente, nos motivó nuestra forma de vida y el cuidado del medio ambiente. Ya no vamos ni a la feria, tenemos una huerta de productos orgánicos, frutas, verduras y especias, no solo para la elaboración, sino también para consumo propio. Además, nos dedicamos a la recolección de plantas silvestres que sirven para tratar a las abejas y para las enfermedades de la huerta. Nuestros cultivos son de plantas adicionales, aprovechamos su complementación, como el tomate con albahaca o la lechuga con el cilantro.

¿Y lo más difícil del trabajo orgánico?
Sabes, cuando te gusta lo que haces no le encuentras la parte difícil. Eso sí, los costos y el desafío constante de mantener la certificación orgánica, a los pequeños agricultores, nos mata. Por otro lado, tenemos que depender siempre de las condiciones climáticas y de la complicada sequía que afecta a la región.

¿Ya están desarrollando nuevos proyectos?
Así es, por eso andamos tan ocupados. Fuimos favorecidos con dos proyectos, uno del SERCOTEC, a través del Capital Abeja, con el que implementamos una sala de procesos autosustentable, con paneles fotovoltaicos y con agua caliente solar. Mientras que el INDAP también nos adjudicó recursos para concretar este recinto que hoy nos tiene ansiosos, orgullosos y muy contentos.


ABEJAS SANADORAS

Las abejas entregan múltiples propiedades curativas que se han transformado en una alternativa a la medicina tradicional. Cada vez más solicitada, la apiterapia, es para muchos la cura de varios malestares principalmente físicos. “Contribuir con el mejoramiento de la calidad de vida de los que buscan en la naturaleza respuestas a sus enfermedades”, podría ser una sencilla definición, nos afirma Bélgica. Un tratamiento natural que ha llevado a esta apicultora a desarrollar otra faceta de su pasión por estos himenópteros.  

¿Quiénes pueden usar este tipo de terapia?
La apiterapia sirve para todos los problemas musculares y articulares, vale decir, artritis, artrosis, tendinitis, lumbagos, ciática, escoliosis múltiple, una gama de enfermedades que tienen que ver con dolores, inflamaciones y con la madurez  del sistema inmunológico.

¿Pero se toman medidas preventivas para los que opten por el tratamiento?
Claro, la idea es prevenir complicaciones especialmente alérgicas. Previo al procedimiento  aplicamos una micro dosis de la apitoxina como test de sensibilidad. Luego vamos insertando cantidades progresivas para ver la tolerancia que vaya teniendo cada persona. Es un tratamiento semanal.

¿Crees que hoy ya es una alternativa medicinal concreta?
Sí, ya todo el mundo tiene acceso porque los precios han bajado bastante, debido a la amplia oferta. Me he dedicado a atender pacientes en La Serena, Coquimbo y anteriormente también, en Santiago y regiones. He visto muchas necesidades y, por ende, muchos logros. Voy a domicilio o van a mi casa… depende del paciente.

¿Y cómo realiza las terapias?
Consiste en aplicar pequeñas dosis del veneno de la abeja en la zona afectada. Si hay alguna inflamación, se pone la abeja viva en dicho sector, deja su lanceta y al rato esta fallece. Esto es un tema, por eso algunas personas prefieren, por ejemplo, las pomadas. En todo caso, siempre tratamos de trabajar con las abejas que llevan más tiempo con vida.

¿Qué espera a futuro?
Espero progresar con mi negocio, que es mi pasión. A pesar de que es estable, quisiera crecer un poco más y, por supuesto, mantener la certificación orgánica, que es nuestro desafío año a año.


“La apiterapia sirve para todos los problemas musculares y articulares, vale decir, artritis, artrosis, tendinitis, lumbagos, ciática, escoliosis múltiple, una gama de enfermedades que tienen que ver con dolores, inflamaciones y con la madurez  del sistema inmunológico”.

 

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