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EDICIÓN | Marzo 2013

Un curso urgente y necesario

Por Amalia Cubillos
Un curso urgente y necesario

En esta oportunidad voy a dejar que Teresita Bull, voluntaria de Desafío Levantemos Chile, cuente lo que fue su experiencia luego de la vivencia, que como les contaba en la columna anterior, realizaron noventa jóvenes en Chaitén.

Teresita llegó a Desafío como colaboradora en nuestro programa "A mí sí me importa", en donde ayudó a resolver casos junto a sus amigos. Desde ese minuto se enamoró de lo que en este lugar se respira y hoy es una de las coordinadoras del voluntariado. Tiene diecinueve años y su energía y alegría son su carta de presentación, con las que contagia a más jóvenes.

Aquí va su relato, déjense sorprender: "¿Qué pasaría si algunos colegios de nuestro país tuvieran un curso de liderazgo y que de esos colegios se expandiera a los municipales y subvencionados? ¿Qué pasaría si ese curso se llamara ‘Emprendimiento Social’ y que su principal proyecto buscara ideas sustentables dirigidas a los grupos más vulnerables del país?

Para mí, la esencia del emprendimiento es la libertad de cualquier ciudadano de hacer, por su propio interés, aquello que le gusta o que le va a generar satisfacción. Por lo mismo, hoy les quiero contar que vengo llegando de Chaitén; un pueblo al sur del país que fue, hace cinco años, destruido por un volcán y obligado a evacuar a su gente en su totalidad. Y fue ahí donde quise entregar diez días de trabajos voluntarios construyendo una plaza en medio de las cenizas, reparando un sendero donde se avista la ciudad entera, desarrollando talleres de emprendimiento junto a las dueñas de hogar para que puedan tener otra forma de generar ingresos para su familia, o simplemente haciéndoles variadas actividades a los niños para que tengan unas vacaciones distintas.

Pero no solo llevamos a cabo de forma exitosa los proyectos que teníamos planteados, sino que también escuchamos y conocimos las necesidades de los habitantes de Chaitén. Nos mostraron sus casas y la realidad en la que vivían. No solo fuimos testigos de sus tragedias, sino también nos compartieron su alegría, cariño y las ganas de salir adelante entre la escasez de recursos y herramientas. Hoy,  luego de treinta horas de viaje, soy una convencida de que no importa la edad ni tener una profesión para poder ayudar a quien lo necesita, solo debemos tener convicción, determinación y el sueño de querer lograr una sociedad mejor.

Luego de esta gran experiencia, me imagino el impacto que un curso sobre emprendimiento social, dirigido a solucionar los problemas de los sectores más vulnerables del país, causaría. Le daría las herramientas necesarias a miles de jóvenes para poder enfrentarse a situaciones como las que se presentan en Chaitén, que por cierto, ocurren también en distintos lugares de Chile.

Ustedes me preguntarán por qué toda esta reflexión. Y es simple, en Chaitén conocí la vida de Felipe Cubillos y a Joaquín Arnolds, a propósito del programa Albatros que tiene por misión formar jóvenes en el estilo de Desafío. Estas dos expresiones de vida, más allá de lo exitoso o afamados que fueron, tenía relación con que eran buenos padres, buenos hijos, buenos amigos;  en definitiva, eran personas normales, pero que querían liderar cambiando la realidad del país de forma inteligente y colaborativa.

Tuve el gran privilegio de poder escuchar un discurso de Felipe en la ceremonia de graduación de la generación del 2010 de mi colegio, de la cual los terceros medios también forman parte. Era una tarde de diciembre en la gran cancha del campus de Los Leones, donde el sol pegaba fuerte en los emocionados rostros de los padres de estos ciento veinte alumnos que egresaban. Fue aquí donde Felipe dijo: “Prepárense. En algún minuto, en algún lugar, este país los va a llamar y les va a pedir que le devuelvan la mano a todas las oportunidades que les han dado. Y ese país los quiere lo mejor preparados posible”. Hay días en que una o más personas se dirigen a ti y dicen cosas extraordinarias, palabras que sin duda te marcan y te hacen cuestionar qué tan preparado estas realmente para ese momento”.

Gracias, Teresita, espero que el curso de "Emprendimiento Social" se imparta luego en todas las clases de Chile, para que más jóvenes como tú tengan esa energía de querer sacar adelante a esta sociedad por medio de herramientas y oportunidades. Si con diecinueve años Teresita es capaz de escribir esto, ¡imagínense lo que estaremos viendo de ella y sus pares en un tiempo más!

“Hoy,  luego de treinta horas de viaje, soy  una convencida de que no importa la edad ni tener una profesión para poder ayudar a quien lo necesita, solo debemos tener convicción, determinación y el sueño de querer lograr una sociedad mejor”.

 

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