La villa San Agustín de Talca experimentó un rápido desarrollo desde mediados del siglo XVIII. Desde Juan Cornelio Baeza, corregidor del Maule, quien delineó el tramado de calles, deslindes y solares, sus habitantes se abocaron al financiamiento y construcción de numerosas obras de infraestructura como el ayuntamiento y el hospital, la cárcel y las iglesias.
Los adelantos urbanos de la novel villa le valieron el título de ciudad, en 1797, junto con el otorgamiento de su escudo de armas.
Entre los adelantos urbanos se encontraban también las calzadas y veredas. Hacia 1788 se habían “empedrado” las calles alrededor de la Plaza de Armas con huevillos extraídos desde las riberas de los ríos Claro y Maule,con el fin de mejorar las condiciones de tránsito para las pesadas carretas que transportaban materiales y víveres, las que utilizaban el Camino Real y que atravesaba la ciudad. Posteriormente, las soleras fueron elaboradas con la piedra verde de Rauquén, la que sirvió también para la construcción de acequias con el fin de evacuar las aguas y mejorar las condiciones sanitarias de la población talquina.
Hacia 1870, gracias al desarrollo de la ciudad, las calles de Talca incorporaron adoquines de piedra, los que se instalaron en las calles Comercio, Cruz, La Unión, Molina y la Alameda. Posteriormente, gracias a la influencia del modernismo europeo, se instalaron las veredas peatonales en el centro cívico social de la ciudad con lindas y decoradas baldosas de piedra con diversos diseños.
Hoy, en pleno siglo XXI, todavía es posible apreciar vestigios del Talca de antaño, de ese Talca, París y Londres que como comunidad nos sentimos orgullosos, pero del mismo modo nada hacemos para protegerlo. Hoy todavía es posible apreciar en Talca vestigios de acueductos, calles, túneles y veredas que han resistido el paso de animales, carretas, vehículos y el tiempo y los que se encuentran en el casco histórico de la ciudad, como las calles 5 y 6 Norte, 2, 8 y 9 Oriente, 1 Poniente, y 5 Sur.
En su próxima caminata por Talca, los invitamos a descubrir estos vestigios urbanos, a valorizarlos y, por sobre todo, a preservarlos para las futuras generaciones.