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EDICIÓN | Abril 2013

Pasión por el vino

Klaus Schroder, enólogo, dueño Viña Altacima
Pasión por el vino

Después de más de treinta años trabajando como enólogo jefe en las más importantes viñas del país, el año 2000, Klaus Schroder logra concretar su sueño más querido: dar vida a la Viña Altacima. En esta entrevista nos cuenta su historia y de cómo ha logrado ir posicionando esta viña boutique familiar dentro del exigente mundo vitivinícola chileno.

 

Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

Klaus Schroder nunca imaginó que mientras se despedía de sus padres en un puerto de Alemania, en 1965, para emprender un largo viaje en barco rumbo a Chile, país en donde lo esperaba un puesto de enólogo en la viña San Pedro, su destino quedaría sellado para siempre. Nunca más volvió a vivir en su Alemania natal y fue aquí, en estas tierras lejanas en donde se casó, armó su familia y pudo cumplir el sueño de su vida: tener su propia viña, crear sus propios vinos y gozar intensamente de este fascinante mundo.

Schroder estudió enología y viticultura en Weinsberg y Geisenheim en Alemania, motivado por los lindos e inolvidables recuerdos de pasar varias de sus vacaciones de infancia en una viña en Portugal y también tras su paso por Chilesito, ciudad al norte de Argentina, país en el que vivió junto a su familia, desde los diez hasta los quince años, en donde también tuvo la oportunidad de adentrarse en el mundo de los viticultores por la amistad de sus papás con unos viñateros de la zona.

Cuando debía decidir qué hacer luego de su titulación, mandó su currículo a viñas de Chile y Argentina, convencido de que en esta parte del mundo tendría mucho que aprender. Finalmente, se vino a nuestro país con un contrato con la viña San Pedro bajo el brazo. Hasta el año 1985 fue su enólogo jefe y tuvo la oportunidad de recorrer todo el Chile vitivinícola.

Fue en esos años en que, debido a sus constantes viajes por nuestro territorio, conoció y adquirió, en 1974, el fundo Los Peumos, ubicado en el valle de Lontué, provincia de Curicó, aproximadamente a doscientos kilómetros de Santiago. Hoy, tras la compra de parcelas colindantes, ha llegado a totalizar ciento veintisiete hectáreas productivas.

”El año 1971 me casé con Katharina Hanke (con quien tiene cuatro hijos: Francisca, Andrea, Klaus y María Ignacia), quien ha sido un pilar fundamental en todo lo que he hecho en mi carrera. Cuando compramos este campo, los dos sabíamos que tenía gran potencial vitivinícola y decidimos que, algún día, produciríamos nuestras propias botellas.”

CON ALAS PROPIAS

Tras su paso por San Pedro (1965-1980), Klaus comenzó una carrera como asesor de un gran número de viñas y productores entre los valles de Aconcagua y Biobío. Paralelamente, también trabajó como enólogo jefe en otras dos destacadas viñas nacionales como son Viña Errázuriz (1983-1987) y Viña Santa Rita (1989-1996).

“En Santa Rita tuve las posibilidades de estudiar y seguir perfeccionándome. El dueño, en ese entonces, estaba absolutamente decidido a que yo estuviera de forma exclusiva con ellos, pero eso significaba tener que irme a vivir a Santiago con mi familia y dejar las asesorías que prestaba. Finalmente, optamos por quedarnos en Curicó. Las condiciones que me ofrecían en Santa Rita eran insuperables. Para mi gusto, en ese entonces existía una absoluta desproporción en cuanto a que el enólogo era visto casi como un Van Gogh, con unos sueldos que, incluso, superaban a los de los gerentes generales de las viñas. Eso no pasa en ningún otro sector”.

En estas dos etapas, Klaus tuvo el orgullo de ser el enólogo de las primeras cosechas de dos grandes vinos, la de 1983 de “Don Maximiano”, vino ícono de Errázuriz, y la de 1989 de “Casa Real de Exportación”, emblema de Santa Rita.

Este fecundo período le permitió obtener el reconocimiento de la crítica y de sus pares, siendo elegido, en 1995, como el “Enólogo del Año” por el diario sueco Svenska Dagbladet y, en 1996, recibir el “Premio al Mérito Vitivinícola” por la Asociación de Ingenieros Agrónomos Enólogos de Chile, en reconocimiento a sus aportes a la industria nacional. Años después, sus pares lo eligieron presidente de la asociación, primer extranjero que es reconocido de esta manera, de la que continúa siendo director.

¿Cuánto hay de cierto en que el ego de los enólogos es muy alto?
Es verdad (risas), los empresarios vitivinícolas al enólogo lo tiene así como endiosado, que nadie lo toque, que no lo critiquen, y eso va generando un ego. Pasamos a ser artistas, creadores. El vino tiene una cosa que da alcurnia. Así es en todo el mundo, los nobles en Alemania o Francia eran unos pordioseros si no tenían viñas, aunque  fueran banqueros. De alguna manera, la etiqueta del vino va a parar a millones de mesas en todo el mundo. Entonces, por ejemplo, si la botella de mi viña está en una mesa en Dubái, eso para cualquier viñatero es espectacular. El vino tiene una carga histórica sumamente poderosa, en él hay tradición.

ALTACIMA

La suma de estas experiencias y años de estudios se concretaron en el sueño de Klaus y su familia por tener su propia viña boutique. Por lo que el año 2000, Schroder  comienza a construir una bodega de última generación, con tecnología de punta, buscando un equilibrio armónico entre arquitectura y paisaje e integrando los más recientes avances del mundo enológico y medio ambiental. “Con Katharina queremos que Altacima sea una marca que refleje lo mejor de los vinos del valle de Curicó y, a la vez, sea una puerta al mundo del campo y sus atractivos”.

¿Por qué el nombre Altacima?
Altacima refleja en sus vinos aquellas alturas de los volcanes más grandes que existen en Chile y que enseñan la fuerza de la naturaleza, tal como lo hacen los mostos de nuestra viña. Hoy tenemos la línea Altacima 6330, que se inspira en la altura del volcán Parinacota, y la 4090, en la altura del Peteroa.
La primera etapa de la bodega estuvo lista en enero del 2001, a tiempo de recibir su primera vendimia, la que luego se vio refrendada con el lanzamiento del AC 6330 Ensamblaje cosecha 2001.

Desde entonces, esta prestigiosa viña curicana ha ido ampliándose a nuevos mercados, tanto nacionales como extranjeros, con presencia en Europa, Asia, Norteamérica, Oceanía y Sudamérica. La idea es elaborar vinos finos, de alta calidad, dirigidos al paladar de un público conocedor.
Además de consolidarse comercialmente en nuestro país con una producción que bordea las cien mil botellas, con un potencial de seiscientos mil, el resto de la producción se vende como vino a granel. “Nuestro desafío es revertir esto. Lo único que vale en este rubro es la botella, porque el negocio de la uva es muy inestable. Producir cuesta uno y vender cuesta cuatro.”

¿Cuáles son los vinos de Altacima?
Actualmente, Viña Altacima, además de las líneas AC 6330 (late harvest, ensamblaje y chardonnay) y AC 4090 (Syrah,Cabernet Sauvignon, Carmenere, Gewurztraminer, Merlot, Chardonnay y Blend), cuenta con su vino ícono Ataraxia.

Cuéntenos un poco del EnoHotel Altacima
Los visitantes que vienen a la viña a conocer nuestros vinos realizan un tour en donde vamos al mirador de la bodega, allí les explico la importancia de los viñedos, el proceso de vinificación, entre otros, tienen la posibilidad de visitarnos en nuestra casa, en donde Katharina nos recibe con sus platos especialmente preparados para la ocasión. Ella es la que ha buscado la forma de acompañar nuestros vinos con comidas de recetas propias de la casa. La idea es que prueben recetas con cuento, con historia, como el ganso al horno relleno de manzanas o el pollo dorado al perejil para terminar con un postre de berries. El secreto es que todo fluya naturalmente, con relajo y mucha calidez de hogar. Contamos con una granja de la que mi señora se ocupa personalmente, donde puedes encontrar patos, gansos, gallinas, corderos y también con el aroma de las distintas especias cultivadas por las propias manos de la Katha.

¿Cuáles son los proyectos de Viña Altacima?
Hoy estoy entusiasmado con la llegada de mi hijo Klaus Sebastián a la viña como gerente comercial, que viene a apoyar el intenso trabajo que hemos realizado durante estos años. Lo mío es el manejo de las bodegas, producción, entre otros. Las ventas no me son atractivas por lo que resulta excelente que Klaus venga a darnos una mano. La idea es hacer cada vez mejores vinos y que estos sean reconocidos y apreciados en la mayor cantidad de lugares posibles. Nuestro objetivo es crear una identidad de marca conocida, respetada y elegante, cuidando del prestigio alcanzado por los vinos chilenos en el mundo. En un plazo de cinco años, proyectamos triplicar nuestra producción y alcanzar más de veinte mercados elegidos por su relevancia en la industria del vino mundial.


“Los empresarios vitivinícolas al enólogo lo tiene así como endiosado, que nadie lo toque, que no lo critiquen y eso va generando una cosa de que los tipos se creen el cuento.”

 

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