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EDICIÓN | Marzo 2013

De carácter monumental

Fundo Las Casas de La Punta

En San Francisco de Mostazal se encuentra uno de los fundos más importantes en cuanto a arquitectura, paisajismo e historia se refiere en nuestro país. Destacado en libros especializados, este lugar transporta a las primeras décadas del siglo XX. Diez hectáreas de parques diseñados por George Dubois, y otras treinta por su dueño Raúl Schüler, dejan a cualquiera, con la boca abierta.

Por: María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U.

Cuando Raúl Schüler —empresario agrícola— buscada una casa patronal para disfrutar del campo, se encontró con este fundo en San Francisco de Mostazal: Las Casas de la Punta. Quedó fascinado, a pesar de que lo que buscaba era una casa estilo chilena, y a pesar también de que cuando compró el lugar, este estaba en total abandono.

Gracias al espíritu conservacionista y la veta restauradora del propietario, poco a poco los trabajos de rescate de este tremendo patrimonio nacional, empezaron a dar frutos. Lo primero fue desmalezar, cortar, podar,  los jardínes de la casona para ir descubriendo el diseño que en su época —principios siglo XX— realizó el mismísimo George Dubois, paisajista proveniente del país galo, titulado de la escuela de Jardinería de Versalles, y que fue contratado en Francia por iniciativa del embajador chileno de aquellos tiempos, Alberto Luis Gana, para diseñar en nuestro país las diecisiete hectáreas del Parque Forestal, pulmón verde de Santiago, además de los jardines del ex Congreso Nacional, y solo los de un par de fundos. 

“El parque de Dubois es el que se ve desde la puerta de entrada —en donde hay un arco—y recorre todo el círculo alrededor de la casa. El diseño de los caminos no se veía, era solo maleza, un potrero y había unas cincuenta ovejas que se comían todo. El trabajo fue empezar a buscar el recorrido de los senderos, ya que aún había ladrillos que demarcaban los orígenes del esquema del paisajista”.

Lo demás, lo construyó y diseñó Schüler. Amplió el parque, de diez hectáreas diseñadas por Dubois hoy tiene cuarenta hectáreas perfectamente mantenidas por el propietario, quien creó dos estanques que parecen dos pequeñas lagunas, separadas por un camino de tierra adornado con palmeras por donde entran los huéspedes. Destacan en ella cientos de especies: más de veinte variedades distintas de patos, cisnes de cuello negro, cisnes europeos, flamencos y tres variedades de grullas, todo con el fin de estar acorde con el paisajismo de estilo francés, inglés e italiano que se proyectó para este fundo.

“En menos de un mes pude ver ya el diseño del parque original de Dubois. Y creo que lo principal de este, y lo especial, es que tiene muy poca vegetación al frente para respetar la vista. Desde la casa el paisaje que se ve es maravilloso”, cuenta Schüler, mientras se ven las colas abiertas de cuatro pavos reales, y a los dos perros del dueño del lugar, un fox terrier y un gran pirineo, corriendo detrás de una liebre en medio del prado.
 

IMAGINARSE EL TIEMPO

Luego de un camino de tierra que se adentra hacia la cordillera, se ven dos puertas de más o menos cinco metros de alto, hechas en fierro forjado con aplicaciones de bronce. Cruzando esta entrada, es posible llegar a la casona por dos caminos. Ambos rodean el parque delantero de la casa. Más allá, un sendero en donde a cada lado hay una gran cantidad de tinajas que impresionan, cada una de poco menos de dos metros de alto y hechas de un barro y por unas manos que existieron hace centenares de años.

Los caminos son estrechos porque los árboles los cubren con sus ramas, mientras unos arcos de fierro son el sostén de rosas trepadoras y ampelopsis que llegan a cubrir todo el parabrisas del auto. Pronto se llega a un camino en donde se ven dos lagunas, una a la izquierda y otra a la derecha, un camino repleto de palmeras centenarias que conduce a un arco desde donde se ve una escultura de un enorme perro guardián. Y más allá, la vista de la fachada principal de la casona, y el parque donde, a primera vista, se aprecia una pequeña laguna en medio del pasto eterno.

Ya en la terraza de la casona es imperdible sentarse en uno de los escaños con cabeza de león —originales de la casa— y apreciar el paisaje, el ruido de las aves, de los grillos y del agua que cae por las muchas fuentes de agua que hay en cada rincón del lugar. Cerrar los ojos, escuchar la naturaleza, relaja, se siente la paz. Abrir los ojos es estar en otra época y en otro lugar, es estar a principios del siglo XX en la creciente Europa.

Para el dueño, todo en este parque tiene un significado especial: “las grullas son las aves que representan ‘la larga vida’ en la filosofía oriental. Los flamencos están en los estanques simplemente porque los encuentro maravillosos. Los cisnes de cuello negro porque son nativos. Además, hay tantas otras especies silvestres que llegan solas y que conviven aquí porque se sienten protegidas, como las coscorobas, las miles de garzas y torcazas que llegan e inundan los árboles del rededor de las lagunas y de los bosques. También hay cerca de cuatrocientos pavos reales, estos porque, como todo en la vida, en la naturaleza hay depredadores y aquí no había, solo algunos zorros que bajan del cerro muy de repente”.

Sobre la pequeña laguna proyectada por Dubois, y que está frente a la fachada principal de la casa, Raúl nos cuenta que “antiguamente todas las casas de adobe tenían un pozo, que es de donde se sacaba la tierra para hacer el adobe de la construcción. Seguramente este también lo era y se proyectó como una laguna, que fue diseñada por Dubois con un puente de concreto, revestido en material especial que imita troncos, para que, a primera vista, se integrase a la perfección con la naturaleza”.

De la mano del propietario son la pérgola traída del fundo La Capilla de sus abuelos en Quillota, y la gran variedad de esculturas, algunas conseguidas, principalmente, en remates y anticuarios. Destacan las esculturas que poseen luminarias, las incontables fuentes de agua, las más de treinta variedades de rosas, los caminos delimitados por cientos de boj. El pasto verde que impregna la mirada y se pierde con el horizonte. “Fui observando, y según mis necesidades, imaginación y la lectura, empecé a hacer realidad mi sueño”.

¿Cuál era su sueño?
Reconstruir este lugar. Además de crear un parque proporcional a la casa. Más amplio y que me diera mayor privacidad. Tener especies de todo tipo, conservar los bosques, mantener este lugar como lo fue en su época. Cuidarlo y preservarlo, porque es único en Chile y no podemos dejar que toda la historia de nuestro país se destruya. Mi espíritu es conservar.

 

DE ORIGEN HISTÓRICO

En 1980, Raúl Schüler compró la propiedad que consta de una gran casona que reúne en sus fachadas —de grueso adobe— varios estilos, en donde impera la arquitectura ecléctica, y que fue construida, entre 1890 y 1905, por el destacado arquitecto Alberto Cruz Montt. Sí, el mismo que diseñó el Banco Central y el Club de la Unión, entre otros. Reconocido por ser el mayor exponente de la arquitectura de estilo francés en nuestro país, a principios del siglo XX.

Como buen amante de la restauración y la conservación, Raúl Schüler fue, poco a poco, levantando y dándole mejor aspecto, tanto a la construcción como al mobiliario —gran parte venía con la casona— y al parque. La casona consta de tres mil metros de construcción, más una capilla, la casa de invierno y la pesebrera.

Por otro lado, destacan también las esculturas más contemporáneas: en un sector del parque, bancas de un azul inglés en donde se aprecian esculturas de mujeres solitarias sentadas, un tanto tristes y contemplativas. Hechas por Ximena Burón, destacada escultora nacional, cuyo trabajo consta de series escultóricas modeladas con arcilla y alambre para luego realizar las figuras definitivas en hormigón. Su trabajo se enfoca a la idea del paso del tiempo, la soledad y la falta de comunicación entre los seres humanos (www.artistasplasticoschilenos.cl ), y es exactamente eso lo que en este sector del parque sus esculturas provocan.


BOSQUES DE CUENTO

Siguiendo el recorrido del parque, nos adentramos a pie por un sendero hacia los bosques y jardines del terreno que se encuentra en la parte trasera de la casona. Aquí un jardín italiano, hecho con laberintos de arbustos podados que conducen a través de un camino de adoquines a una fuente de agua con plantas acuáticas. Más allá, y mientras se siente como corre el agua cristalina por todo el rededor —existen varios brotes de agua pura con la que se riega el parque, se llena la piscina, y que es la misma que se bebe en la casa—, vemos cientos de nalcas gigantes; a un lado, una pequeña terraza que mira hacia la piscina, proyectada por Dubois, y en cuyas esquinas están las esculturas de Ceres y Neptuno. Ceres la diosa de la agricultura, la cosecha y la fecundidad en la mitología romana. Y Neptuno, el gobernador de todas las aguas y los mares. Dice la mitología romana que este “con su poderoso tridente agita las olas, hace brotar fuentes y manantiales donde quiera…”.

Los senderos continúan y nos encontramos con un bosque de eucaliptus y robles americanos, a los que se unen los bosques nativos de canelos y pataguas. El canelo es el árbol sagrado para los mapuches, quienes lo adoran y veneran por tener propiedades mágicas. La rama del canelo es símbolo de paz, por lo que todos los tratados importantes se hacían debajo de la sombra de estos árboles. Los árboles de patagua producen unas flores blancas, y es conocido en los países de habla inglesa como “el árbol lirio del valle”.

El agua cristalina nos sigue a través de sus acequias, las piedras naturales también. El viento mueve las ramas y hojas provocando un ruido salvaje, pero sutil. Los troncos de los árboles son tan grandes y altos que al mirar hacia el cielo, no se ve dónde terminan. Todo el lugar provoca cierta mística, sobre todo cuando entremedio se encuentran esculturas que cuidan el entorno: gárgolas que espantan a los malos espíritus, elfos, arcángeles, dragones, entre otras, escondidas por doquier, que parecieran mirar al forastero cuidadosamente. Este, definitivamente, es un lugar de recogimiento espiritual, perfecto para estar horas y horas e intentar encontrarse con uno mismo.

Entre medio de este bosque paradisíaco y alrededor de todo el fundo se encuentran cientos de especies tanto autóctonas como traídas del exterior: cipreses calvos, secuoyas, varios tipos de cedros, cuatro tipos de magnolios, alcornoques, braquiquitos, acer japónicos, ginkgo biloba, quillayes, peumos, olmos, más de cien palmeras de distintas especies: japónicas, fénix canadiense, washingtonia filifera, entre muchas otras.

¿Por qué traer especies de afuera para los parques de la casa?
Porque la casa no es colonial, es de estilo ecléctico, basada en la arquitectura europea, entonces no podría poner solo especies autóctonas, no tendría mucho sentido. Esto es lo que me gusta, un parque acorde con la casa. Hay que ser consecuente, no se puede andar vestido de huaso con ¡zapatillas deportivas!

Quizás fue lo imponente del lugar y la magia que lo rodea, quizás su historia de antaño, su gran arquitecto o paisajista, la mano de Raúl Schüler para transformar, restaurar y conservar el parque y la casona, o quizás fue esa sensación de sentirse en la que fue su patria, es que el mismísimo Raúl Ruiz (1941-2011) —cineasta chileno y teórico del cine radicado en Francia— quiso hacer en este lugar el film Nucingen Haus, una adaptación de la novela de Balzac. Aquí estuvo rodando la película por doce días, un grande de nuestra patria.

El dueño de casa se sienta en un escaño en la terraza de la fachada principal de la casona. Se aprecia el sol que se esconde detrás de la cordillera, el camino rodeado de palmeras, se escucha el ruido de los pájaros, los sapos y los grillos, el sonido del agua que cae por una fuente con la escultura de una mujer, y que relaja. Se ven liebres, pavos reales, aves que, en grupos gigantescos, cruzan el cielo. “¿Ahora entiende por qué no veo televisión?, me dice don Raúl. Sí, le digo, ahora entiendo.  

“Mi sueño era reconstruir este lugar. Además de crear un parque proporcional a la casa. Más amplio y que me diera mayor privacidad. Tener especies de todo tipo, conservar los bosques, mantener este lugar como lo fue en su época. Cuidarlo y preservarlo, porque es único en Chile y no podemos dejar que toda la historia de nuestro país se destruya. Mi espíritu es conservar”.

 

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