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EDICIÓN | Marzo 2013

Febrero

Por Carolina Arias Salgado info@bazarlapasion.cl / Ilustración: Claudia Silva Göpfert
Febrero

No puedo superarlo, los últimos días de febrero siempre me dan colon irritable. Nunca estuve de acuerdo con que fuera el mes más corto del año, debería ser el más largo, si tenemos que prepararnos moralmente para marzo. Se acaban las vacaciones y eso significa pensar en gorro y bufanda, los escaparates paradisíacos de las tiendas desaparecen y se llenan de moda escolar y útiles (nunca me gustó ir al colegio), mientras que los otros se llenan de las más extrañas ofertas de créditos de consumo que te recuerdan el costo de tus días fuera de la casa, las matrículas y la cada vez más amplia gama de seguros: “pague su seguro automotriz y llévese un iPad”.

Viña del Mar y Valparaíso, durante un par de meses, viven una especie de éxodo; las calles se llenan de despistados que manejan contra el tránsito a la vuelta de la rueda, que se estacionan en paraderos, que andan con unos mapas gigantes tratando de encontrar alguna ubicación como si fuera un tesoro. El mes se acaba y la situación debería volver a su estado normal, pero viene el espectáculo.

Como en una función de la Imperial Symphony Orchestra (orquesta rusa, la más grande de la historia hasta este momento), ocupando de escenario el Auditorio Imperial, justo antes de terminar la función, el director, que está a segundos de desvanecerse, salta como un monstruo y llega al clímax, se acaba el último acto, todos aplauden de pie y el suelo se llena de rosas rojas.

Acá pasa algo parecido, a otra escala por supuesto. La Ciudad Jardín y Valparaíso se llenan de visitantes y cuando está a punto de terminar el mes, viene el Festival de la Canción de Viña del Mar, que usa como auditorio la Quinta Vergara y como director a un público más conocido como “monstruo”. Son cinco días de música y humor, vuelan antorchas y gaviotas de plata y oro para las estrellas; se supone que hay una competencia de música internacional, a veces olvido que también existe una folclórica, lo cierto es que a nadie le importa mucho esa parte. Los canales nacionales se instalan como mejor pueden, improvisan escenografías, empiezan los canjes con restaurantes y tiendas (me incluyo), aparecen nuevos personajes faranduleros que serán tema durante el año, y por esos milagros en las notas extras, los periodistas comienzan a reportear los encantos de estos lugares, con títulos como “qué hacer en Viña del Mar y Valparaíso”.

Se acaba el festival, y ahora sí que sí, toda esta vorágine desaparece, todo vuelve a la calma, y comenzamos a sufrir marzo. Me parece que la cosa debería ser así: se van todos los turistas nacionales y extranjeros y nos dejan una semana más para disfrutar esta ciudad como corresponde, para que a todos los que trabajamos durante este verano tengamos tiempo para ir a la playa y sacarnos el color tipo “hawaian closet” y empezar el año laboral con el mejor tono fascinante. Ánimo, no nos daremos cuenta y ya será diciembre otra vez.

 

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