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EDICIÓN | Marzo 2013

India, el chae y el paan

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
India, el chae y el paan

Todo aquel que ha pasado algún tiempo prolongado en India sabe lo que es el “sello del té”. Son las marcas redondas que dejan las tazas en los documentos, indicando su pasada por escritorios de funcionarios que posaron ahí muchas tazas de té o chae tomadas a lo largo de cada jornada.

En India, todo empleado toma chae; diez tazas mínimo, o no es un buen funcionario. Chae es té hervido con leche, más azúcar y masala (es decir pimienta, cardamomo, y varias otras especias). Así, cuando alguien recibe un documento, puede contar las marcas como sellos de agua que dejan las tazas de chae posadas sobre los papeles. Esa es la marca de la vieja India de aroma imperial, que todavía existe. Y cómo no, si es cosa de instalarse a mirar en cualquier lugar donde labora mucha gente. A la hora que sea se ve pasar a presurosos chae-balas (bala = niño) o “repartidores de chae” que llevan pequeñas javas con cuatro o seis tazas de chae humeante. Ese chae se prepara en quioscos que están por todas partes, en callejuelas laterales, veredas, en patios de edificios ministeriales. Se llaman dhabas, o quioscos de té, y son casi institución informal de la India. Si se inaugura una remodelación, los primeros días se ve flamante; pero desde el punto de vista indio es una construcción fría y sin vida. Cuando por fin aparecen las dhabas, el sitio cobra real calor y vibrante humanidad.

Toda dhaba sostiene una relación simbiótica con otros puestos relacionados: carros que venden diferentes granos y semillas comestibles, y sobre todo paan. Paan es el inefable vicio indio de mascar un mejunje espantoso que luego se escupe y que tiñe veredas y rincones con un color rojizo-ocre. Esa desagradable costumbre ha llevado a que en países donde viven muchos indios —como Singapur o Malasia— esté estrictamente prohibida la venta de paan, y escupir en general (porque a más de un indio le envían paan por DHL). Al que sorprenden escupiendo le dan las penas del infierno. Evidentemente escupir es antihigiénico; pero la terrible mancha rojiza causada por los ingredientes, es lo que echa a perder cualquier ciudad. En India, es parte del colorido de un país que hay que entender, como las vacas que andan por plazas y hasta por autopistas. Curiosas tradiciones que son parte del sabor que tiene la India. Un cortometraje sobre los vendedores de paan lograría el premio Oscar. Son unos personajes flacos, largos, con turbantes y bigotes espectaculares, detrás de un carrito que atienden con ritualismo y precisión de un sacerdote ejerciendo su oficio. Preparan la mezcla a gusto del cliente. El efecto es tremendamente estimulante, pues lo que se está masticando es una bomba de alcaloides que quita el hambre, refresca la boca, ayuda a soportar el calor y produce sensación de gran satisfacción.

Pero India cambia, y rápido. En los nuevos barrios empresariales, de rascacielos y relucientes centros comerciales, no caben las dhabas ni hay carritos de paan. Se han reemplazado por impecables cafeterías de acero inoxidable que, sin embargo, lucen bastante vacías. Mas, el chae emerge triunfante entre computadores y consolas. La India de los lentos burócratas que beben chae y se toman días en cada trámite, cambia hacia un país competitivo, eficiente y espléndido. Pero la vieja India difícilmente desaparecerá. Está omnipresente en barrios antiguos, apretados en callejuelas laterales, en elegantes centros administrativos y en los miles de pueblos y aldeas tradicionales. India crece al ritmo de su envidiable incremento del PBN de entre 7% y 8% (desde hace quince años). Crecimiento que significa desarrollo en todo sentido y que tiende a atrapar barriadas y dejarlas encerradas entre torres de hormigón. Ahí el chae reina al igual que el paan, o la música chillona, y otras mil costumbres sabrosas de la India. India eterna que, por el contrario, se expande por el mundo. A Chile llegó el incienso, los trapos de colores, el yoga, y muchas otras cosas. Y aunque el té lo habíamos adoptado en nuestra idiosincrasia hace ya más de un siglo, quizás en el futuro lo tomemos con leche y masala. Después mascaremos paan. Es el Asia que se nos viene; y mejor no escupir al cielo, que nos caerá en la cara de color rojo-ocre… como maná-paan.

 

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