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EDICIÓN | Febrero 2013

La otra cara de pintados

Por Juan Vásquez Trigo, Historiador
La otra cara de pintados

Pintados es un lugar que evoca, principalmente, los hermosos geoglifos dibujados hace siglos en los flancos de la Cordillera de la Costa, donde esta empalma con la Pampa del Tamarugal, que debieron cumplir funciones litúrgicas, en una cosmovisión de siglos atrás, si consideramos que data de la Fase de los Desarrollos Regionales, entre el 950 y 1250 d.C.

Pero hubo más, había más. Pintados es mencionado por primera vez en un mapa, elaborado por Mariano F. Paz Soldán, en 1865, cuando era una mina de alumbre. El mismo Paz Soldán, en 1877, da cuenta de dos establecimientos salitreros Ánimas y Andorya, que se encontraban en el Distrito de Pica, y que Francisco Risopatrón las sitúa “cerca de Pica”, en una tergiversación hecha muy encima de esa época, hacia 1890, cuando el lugar destacaba por la producción de bórax.

Es en 1892 que The Nitrate Railways Co., el Ferrocarril Salitrero, se extiende desde San Pablo hacia Lagunas, en la parte meridional de la pampa. Para materializar ese trazado, en el salar se construyeron tres estaciones: Gallinazos, Mosquito y Pintados, las cuales darían vida a sendos poblados y que, con la dinámica del ferrocarril, abrirán la zona a la explotación del salitre, instalándose en la primera década del siglo XX varias oficinas, como Nena Vilana, Anita y Aurrerá.

Será en 1914 que llega el Longino y sus viajeros de días y noches largas, machacadas al ritmo de las locomotoras a vapor. Ese mismo año comienza la construcción del Ferrocarril de Iquique a Pintados, primera aventura fiscal en el ámbito del transporte del salitre, el que demorará catorce años en ser construido y que iniciará operaciones en 1929, justo cuando sobreviene la crisis mundial que dejará letalmente herida a la industria salitrera.

La otra cara de Pintados. Es frecuente conocerle desde la zona de la ex estación hacia el norte, recorriendo esos mágicos paneles de geoglifos. Pero ocurre que hacia el sur se hallan interesantes figuras y sitios de interés. Al oeste, los primeros geoglifos, un par de círculos en un rectángulo que los contiene, vecinos del estanque de agua y las bodegas del ferrocarril. Luego, desde la ex estación, construida de pino oregón, de la cual no quedan hoy sino sus huellas y su poblado de muros de adobe, al mirar en dirección suroeste, se aprecia un panel maravilloso de camélidos en caravana, con hombres guías, mientras acechan un zorro y un felino (¿ocelote?). Más allá, el cementerio y un panel que resalta, algo borrado por el tiempo, en que se distingue una flecha que simula ser espina de pescado. Al sureste, las instalaciones de los ferrocarriles fiscales, “de los gringos”, le decían, hasta que, desde 1952, estos ferrocarriles serán de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, hoy de Ferronor.

En fin, un codo a codo de la lucha por conquistar el desierto, de arqueología, de historia salitrera y ferroviaria, unidas a través de huellas de caminantes prehispánicos y de caravanas, de pozos de agua y acueductos, de bórax y salitre, que aguardan las condiciones necesarias para ser aprehendidas y conocidas por todos. En la foto principal, el señor Pedro Chacón Bello y su familia, en su establecimiento en Pintados, gentileza de mis amigos, Florrie Snow y Arturo Chacón.

 

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