Cuando ya nada resulta, quizás lo mejor es callar y ponerse a pintar. Así es el camino que María Isabel decidió tomar. El arte mandálico se ha vuelto su luz, y por lo mismo, quiere iluminar el recorrido de otros. Esta mujer de perfil filántropo tiene la esperanza de mejorar la convivencia a través de la terapia de colores y el círculo del mandala.
Por: Soraya Valdivieso V.; Fotografías: Andrés Gutiérrez.
Los mandalas son, en la actualidad, los íconos budistas más conocidos mundialmente. Una de las razones de su popularidad se debe a la difusión de sus beneficios en sicoterapia, difundidos por investigadores como Carl Jung y otros expertos, quienes han buscado en estas representaciones del universo, una forma de autoconocimiento.
Su origen está fuertemente ligado con la meditación y las tradiciones budistas e hinduistas, aunque su uso en terapias sicoanalíticas hoy en día es ampliamente conocido. María Isabel Cuevas es profesora diferencial y durante años se ha especializado en el arte de los mandalas, que consiste en representar el universo mediante diagramas llenos de colores y formas laberínticas y que, al ser estudiados, nos entregan claves para entender nuestro propio mundo interior.
Sin embargo, sus propiedades benéficas no solo quedan ahí, porque, según nuestra experta, el arte mandálico puede sanar aspectos físicos, psíquicos y espirituales de quienes lo practican.
¿Cómo funciona este tipo de arte terapia?
Los mandalas actúan como meditación activa en el ser humano. Por medio de los colores equilibran los chakras y sus formas geométricas potencian la capacidad de meditación en nuestro cerebro. La acción de dibujar mandalas envía impulsos a nuestra mente, donde se procesará y se obtendrá una reacción.
¿Qué tipo de reacciones?
El meditar con mandalas puede traer resultados sorprendentes Es muy probable que, como primer paso, se experimente una alteración en la conciencia, como la sensación de expansión de la misma. Por otro lado, pueden reflotar recuerdos que estaban muy guardados en el subconsciente, lo que facilita la tarea de enfrentarlos y así, superar nuestras limitaciones a nivel psicológico-espiritual y hasta algunas enfermedades a nivel físico.
Llevado a un caso práctico, ¿cómo aplicaría esta técnica con el fin de mejorar la convivencia humana?
El año pasado hice una charla en un encuentro de Clownpamento en Putaendo, donde se tocan diversos temas relacionados con el arte. Al terminar, invité a los presentes a recortar círculos en papel lustre y con ellos hicimos una especie de creación colectiva que resultó hermosa. Al día siguiente, en el desayuno, alguien comentó “dormí muy bien” y todos coincidieron en lo mismo. En forma espontánea exclamaron: ¡hicimos mandalas! Habían tomado conciencia que el trabajar con los mandalas les había aportado un reparador descanso. Ese es un claro ejemplo de lo que podría lograrse trabajando en grupos o en barrios, que al unirse en una labor de creación obtienen beneficios colectivos.
Entonces, además de un buen descanso, ese trabajo proyectaría mejores relaciones humanas…
Exacto. Trabajar en grupo siempre es beneficioso y más aún si se potencia la convivencia. Me gustaría fortalecer espacios como la vida de barrio, creando mandalas grupales de grandes dimensiones y exponiéndolos a la vista de todos, así quienes trabajaron recordarán el momento y se centrarán en lo que esta imagen les aporta a su vida diaria. Incluso, si solo sirve para que los vecinos se conozcan entre sí, ya se logra un gran avance cualitativo en sus vidas.
FORMAS Y COLORES
¿Cómo describiría el lenguaje de estos dibujos?
Trabajar con los colores nos ayuda a traducir lo que sentimos, pintamos sensaciones o emociones con diferentes matices cromáticos. Los colores son movimientos vibratorios y ondas que llegan a nuestros ojos, enviando a su vez información al cerebro. Los mandalas expresan la belleza interna y la alegría, también los malos momentos, pero con la ventaja de que en el mandala existe una solución ofrecida por el inconsciente superior.
¿Qué hace que un mandala sea provechoso para la energía vital del cuerpo?
Nos ayuda a concentrarnos, a expandir la capacidad de la mente y la memoria, también nos sirve para transmutar la energía negativa en positiva, mejorar nuestra autoestima, las sensaciones de desequilibrio, superar las pérdidas de control de uno mismo, evitar la sensación de vacío y las reacciones de irritación, hipersensibilidad, entre muchos otros beneficios emocionales.
¿Qué es lo primero que debemos entender para crear nuestro propio mandala?
Lo primero es el centro del dibujo porque es símbolo del potencial eterno, de la unidad, la totalidad y la perfección. Hay tres principios de organización al realizar un mandala: el punto central, la irradiación de este y el límite exterior que es el círculo que representa el protector de su contenido sagrado, símbolo de lo infinito y de lo absoluto. De ahí en adelante se pueden aplicar diversas técnicas, pero es importante estar en silencio y con luz natural.
BUSCAR EL CONOCIMIENTO
María Isabel siempre tuvo vocación humanista. Después de estudiar pedagogía básica, mención diferencial, en la Católica del Norte, se dedicó a trabajar, por diez años, en la Sociedad de Rehabilitación del Niño y Adolescente Lisiado. Se esforzó en aportar seguridad a los niños y fue comprendiendo que el camino era el del optimismo. La lucha no estaba en la ayuda a los niños, sino más bien en los recursos necesarios para esta obra social, “permanentemente debimos postular a distintos tipos de financiamiento, sin duda un trabajo arduo, pero puedo decir que fue muy valioso, pues me entregó ejemplos de vida, como las madres que luchan por sacar adelante a sus hijos”.
Posteriormente, y después de absorber conocimientos multidisciplinarios, fundó, junto al kinesiólogo Francisco Ballesteros, el Centro de Atención al Niño Ciego y Disminuido Visual, labor en la que se perfeccionó en el sistema Braille.
¿Cómo fue la acogida de los antofagastinos con el centro?
La verdad es que había mucha necesidad. Esta es una ciudad grande y requiere de centros especializados como este. El problema siempre radica en la falta de recursos y pese a nuestras voluntades, siempre fue muy difícil conseguir el financiamiento para mantenerlo.
¿Actualmente funciona este centro?
Está completamente consolidado. Cuando empezamos, el Sindicato de Portuarios nos prestaba la infraestructura y ahí atendíamos a los niños gracias al aporte de otras instituciones. Con el tiempo, yo me dediqué a ser madre, y en ese periodo se logró constituir un equipo con profesionales de Santiago y ahora está funcionando por sus propios medios.
Cómo antofagastina, ¿qué siente que le hace falta a esta ciudad?
El individualismo es un problema que ha ido en aumento por muchos años. Hace falta más armonía, más espacio de convivencia para construir un entorno más amable.
En lo personal, ¿cómo ve usted la vida?
Como una obra de arte. Lo que realmente necesitamos es trabajar el área de la conciencia, ya que es nuestra mejor herramienta de desarrollo humano y sanación.
¿Y alguna vez ha sentido prejuicios cuando habla de estos temas?
Siempre existe esa mirada un poco condescendiente, ese calificativo de “hippie” o “new age”. Pero eso está lejos de lo real. No es que yo piense que desarrollar la parte espiritual sea la solución a todos los problemas. Se trata de integrar ambas partes.
Claramente, la educación chilena comete el grave error de restarle más horas al arte, la música y la integración física, cuando son esenciales en el desarrollo y buen comportamiento humano. Yo podría decir que el estrés, en parte, se produce por el poco tiempo que ocupamos en liberar nuestras dotes artísticas.
Cambiaría el paradigma educacional integrando terapias alternativas en la educación básica o media de los niños... ¿Cómo innovaría para dar el primer paso?
Aportaría incluyendo un trabajo diario con mandalas antes de iniciar las clases, para estimular la concentración de los niños y proporcionarles un ambiente armónico. Es necesario trabajar técnicas de conocimiento para que los niños puedan conocerse a sí mismos y se presenten al mundo con las ideas más claras, lo que probablemente genere una mejor relación con los padres y el entorno.
Y si la escuela no satisface estas áreas, recomiendo hacer una búsqueda personal. Somos un todo y debemos buscar la forma de hacer brotar ese lado abandonado del ser.
¿Cuál es su visión de estas nuevas tendencias de aprendizaje integral en Chile?
Creo que somos un país inteligente, porque cada vez hay más interés y aunque no es un proceso rápido, vamos bien encaminados. Cada vez son más lo que se interesan, leen o preguntan sobre alternativas naturales o comprenden la gran capacidad de la mente humana. Es un despertar lento, pero siento que unos ayudan a otros, y es así como debe ser.
“(Un mandala) nos ayuda a concentrarnos, a expandir la capacidad de la mente y la memoria. También nos sirve para transmutar la energía negativa en positiva, mejorar nuestra autoestima, las sensaciones de desequilibrio, superar la pérdida de control de uno mismo, la irritación, entre muchos otros beneficios emocionales”.