Lleva más de treinta años creando con infinitos colores, preocupada de cada detalle, de dar con el tono perfecto. No obstante, hoy estamos ante una artista que se admite más suelta, con pinceladas más largas y profundas, que ha decidido reducir su paleta base y asombrarse ante los paisajes áridos del norte y la naturaleza tupida del sur.
Por Maureen Berger H.
Fotografías Mónica Zamora
El equipaje de Carolina Landea (52) hoy es mucho más liviano, sigue patiperra como siempre, sin embargo, para cada travesía que emprende, le basta con llevar solo tres colores (azul, amarillo y rojo), sus pinceles regalones y una tela del tamaño de la maleta. Esto va de la mano con el hecho de que su obra está cambiando, su pincelada se ha vuelto más suelta, “De repente hay obras que necesitan un trabajo más completo y hay otras que logran más fuerza cuando solo un punto o dos están tan desarrollados que concentran la atención”, expresó.
Continúa viviendo en Cachagua, su idílico refugio en la Región de Valparaíso desde los años ochenta, donde le acompaña su marido Charlie Nightingale, y sus hijos Laura (12) y Miguel (13). Los mayores se han independizado, Samuel (21) estudia teatro en Santiago, León (23) es surfista profesional y está en Australia y Melina se radicó en Bali. Esta última ya la hizo abuela de Kay (3) y de otro pequeño que aún no nace. Pero Carola no pasa mucho en esa playa tampoco, su vida trascurre entre Santiago, donde ve a su hijo y expone en las principales galerías; visitando el resto de Chile (especialmente Guanaqueros, Valle del Elqui y Pucón) y en el mundo: “soy bien viajera, viajo a cada rato. Estoy descubriendo el sur de nuestro país, me encanta la naturaleza tan potente que va mutando y que tres meses después —cuando la vuelvo a visitar— cambia radicalmente, es súper estimulante. En el fondo, uno siempre desea estar renovando el ojo (ríe)”.
Conversamos tranquilamente un par de horas antes de inaugurar —aunque parezca increíble— su primera exposición en una sala de Viña del Mar. Es en Galería Modigliani, gracias a una gentil invitación de Dino Samoiedo, donde hasta principios de febrero expone obras de los últimos dos años, como paisajes de Cachagua y sus tradicionales mujeres y hombres jóvenes sin rostro. “Me encanta poder mostrar mis cuadros a otras personas, no solo en Santiago, también en el extranjero, como la muestra que hice en Bali, junto a mi hija Melina”.
¿Qué tan relajada estás en la pintura?
Bastante, de alguna manera me he ido poniendo más selectiva en lo que hago, creo que estoy buscando puntos que son más importantes para mí dentro de un cuadro, focos de atención. Pueden ser un punto de luz, la figura humana, el viento o lo que yo quiera que se destaque.
¿Por qué no te dabas estas licencias antes?
Quizás por un problema de madurez, creo que con el tiempo uno va cambiando. Te vas yendo por un camino que te atrae y te dejas guiar por la intuición, el gusto y la motivación del momento. Hoy no suelo poner mucha cabeza en mi arte, todo es más espontáneo.
RETRATOS CONOCIDOS
Bajo una mirada realista, su temática sigue siendo la figura humana retratada en escenas de campo y playa. Ella define su pintura como romántica y poética, con escenas solitarias de colorido luminoso que reflejan un profundo silencio. Aunque en un principio estuvo muy ligada a la HYPERLINK "http://www.portaldearte.cl/terminos/figuraci.htm" figuración, tras el contacto con los colores sensuales y brillantes del Caribe, su producción pictórica varió hacia un HYPERLINK "http://www.portaldearte.cl/terminos/realismo.htm" realismo más adecuado para representar los paisajes y escenas del trópico. Desde 1994, aproximadamente, Carolina se ha abocado a una serie de cuadros que tiene como punto en común el paisaje costero como fondo, y figuras, principalmente mujeres solas, retratadas en posiciones de descanso y, por lo general, de espaldas.
¿Por qué pintas tan pocos hombres?
He pintado a mis hijos (uno de ellos forma parte de esta exposición) y a todos mis novios y me quedaron bastante bien (ríe). Lo que pasa es que yo solo puedo pintar a quienes son cercanos a mí. Hay gente que me sugiere retratar a otros varones, pero para mí es muy difícil retratar a alguien con quien no tengo ninguna relación. Las mujeres que aparecen en mis obras son mis hijas, sus amigas, las pololas de mis hijos, o sea, personas que conozco.
¿Y los rostros, cuándo?
La cara de alguien, su mirada, es tan potente que absorbe toda la atención del cuadro. Pero si una persona aparece de espalda, cuando el público mira la obra tiene libertad de imaginar qué ocurre en ella. Cuando el rostro está de frente, el mensaje es demasiado evidente. Por eso me gusta integrar lo misterioso que tiene el hecho que la persona retratada salga sin su cara. Me atrae hacer a la gente de espalda.
¿Harías una exposición solo de retratos, para romper con tu propio esquema?
Lo haría feliz, pero serían obras con gente que a mí me gustó retratar, no por encargo. Encuentro que es un cacho hacer retratos, porque los protagonistas nunca quedan contentos, aunque la familia completa encuentre que sale igualito (ríe). He hecho retratos que —te juro— me han salido re bonitos, han quedado estupendos, pero no hay caso con las personas que posaron.
A veces pintas una misma obra —a seis manos— junto a tu marido y con Gonzalo, tu hermano, ¿cómo logran ponerse de acuerdo?
Sí, hemos hecho pocos cuadros, pero han quedado increíbles. Es difícil, hay una idea inicial compartida que hay que mantener, nadie se puede arrancar con los tarros. Para que el cuadro se una, cada cual tiene que trabajar un todo y funciona así: primero uno de los tres trabaja el cuadro, después lo toma otro y lo sigue, luego el siguiente y de ahí te lo pueden volver a pasar. Es un experimento que solo he podido hacer con mi hermano y mi marido, no sé si podría pintar con alguien más.
TRES COLORES
Utilizando óleo, acrílico, carboncillo, acuarela y otras técnicas mixtas, Carolina nunca termina de experimentar y de intentar aprender más de la pintura. “Estoy en clases
con Juan Subercaseaux, una persona maravillosa y muy generosa con sus conocimientos, con él estoy conociendo una técnica holandesa fabulosa. Por ejemplo, mi paleta antes era mucho más amplia, hoy se ha restringido a tres colores (amarillo, rojo y azul) lo que me ha dado mucha más libertad para crear”.
¿Qué estás pintando ahora?
De todo, sigo pintando playa y gente que tiene relación con lo que hago, mi jardín, paisajes del lugar donde estoy en el norte, centro o sur de Chile o el mundo.
¿Dónde te vas este verano?
Al norte, a Guanaqueros y Valle del Elqui, son lugares que siempre visito, porque tienen muy buena luz. Me encantaría subir más, llegar a San Pedro de Atacama, pintar el altiplano, pero no he podido.
¿Qué llevas en tu maleta de artista?
Cada vez es más pequeña y liviana, es una maravilla, pongo mis tres colores, pinceles, blocks y una tela del tamaño de la maleta. En cada destino al que voy siempre hay horas donde puedo pintar. Yo soy muy viajera, me bajan los ataques de nervios rapidito y necesito salir, a cualquier parte, y mirar otros lugares donde, en lo posible, no conozca a nadie.
¿Exposiciones para este 2013?
Todavía no tengo nada planeado. Encuentro que en el mundo moderno la gente se proyecta con tanto tiempo de antelación y a mí no me gusta hacer eso. Me encanta pintar y cuando tengo una cantidad de cuadros suficiente, los expongo. Mi obra se demora, no puedo hacer diez o doce cuadros al año, mi producción no es tan grande. Yo sigo preocupada de los quehaceres de la casa, de mis niños, como todas las mamás, y la verdad es que pinto cuando puedo. Quizás haga una muestra de aquí a fin de año, jamás antes, ¡en qué minuto! (ríe, finalmente).
“Cuando el rostro está de frente, el mensaje es demasiado evidente. Por eso me gusta integrar lo misterioso que tiene el hecho que la persona retratada salga sin su cara”.