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EDICIÓN | Agosto 2011

Confesiones de un Postgraduado

Confesiones de un Postgraduado

Hace tres o dos décadas el “alpinismo social” imponía ser profesional; hace una, ser exitoso y saber inglés; y ahora todo parece indicar que la nueva montaña a escalar es hacer un postgrado. ¿Vale la pena dedicar tiempo, dinero y esfuerzo en ello? La respuesta es fácil. Lea las siguientes líneas y lo entenderá.

Por Carlos Nilo

Recuerdo cuando mi hermano realizó a comienzos del 2000 su MBA en la Universidad Adolfo Ibáñez. Era uno de los primeros de su grupo de amigos en atreverse a dar ese paso. La tarea parecía atractiva. Su empresa, un prestigioso banco nacional, le subvencionaría el cincuenta por ciento de la colegiatura (un monto equivalente a lo que costaba en aquel entonces un auto japonés de 1.6 cilindros); y la mitad restante, se le descontaría de su sueldo en cómodas 24 cuotas. Además, el paquete incluía un viaje a Francia para obtener la doble titulación. Nada mal si pensamos que él nunca había estado en el Viejo Continente. De aquella experiencia, hubo ganadores y perdedores. Entre los primeros, sin duda que este observador imparcial fue el que recibió la mejor parte. Innumerables souvenirs del país galo, dentro de los que destacaba una hermosa polera blanca con Asterix a la cabeza. Además, me donaron un elegante y amplio maletín de cuero café, con el sello distintivo de la respectiva universidad, que utilicé como depósito de códigos y carpetas para hacerme notar en mi práctica judicial, y por último, recibí un polerón desteñido que me permite hasta hoy sortear, a duras penas, el sibérico frío que por estos tiempos azota la zona centro sur de nuestro país. En síntesis, fui un privilegiado del merchandising universitario del postgrado de mi hermano.

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El protagonista de esta historia y su familia directa, en cambio, recibieron la peor parte. Menos asados los fines de semana, ausencias frecuentes a los partidos que su equipo de fútbol disputaba los domingos en Huechuraba (lo que lo llevó a la banca), uno que otro reclamo de su mujer por no cumplir las labores de padre y marido, fueron algunos de los costos que tuvieron que asumir por cerca de 24 meses.

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A cinco años de aquel entonces, cuando uno puede analizar esa experiencia con más detención y madurez, le hice la siguiente pregunta a ese pionero postgraduado:

--¿De qué te sirvió cursar el MBA?, ¿Te ayudó en algo?

Tras un breve silencio, su respuesta fue clara:

--¡No lo sé! Han pasado varios años. Ahora soy gerente de área, pero te aseguro que por más bien que me haya ido en ese postgrado, por más sietes que hubiese obtenido, si en mi pega no cumplo las metas prefijadas, o le otorgo crédito a una empresa insolvente que después nos clava con varios millones, hasta ahí no más te protege el cartoncito", señaló.

--¿Pero algún beneficio...uno más tangible?

--Aparte de profundizar o actualizar conocimientos, lo que más me ayudó fue en ampliar mi red de contactos. Conocí a varios ejecutivos que ahora son gerentes o subgerentes. Eso te ayuda a concretar nuevos negocios, y a tener una solidaridad laboral mayor, o sea, si algunos de mis ex compañeros te manifiesta sus intenciones de cambiarse de pega, lo echan o renuncia, todos ayudamos en encontrarle un nuevo trabajo que cumpla sus expectativas, o simplemente lo recomendamos.

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Y parece que es verdad, porque los resultados que la encuesta <em>on line</em> realizada por el portal de trabajo Bumeran a más de cinco mil ejecutivos y ciento veinte gerentes de recursos humanos, arrojó los siguientes resultados: el 42% de ellos mencionó que el principal beneficio al hacer un postgrado es la creación (o ampliación) de la red de contactos; el 25% votó porque brinda nuevas herramientas de dirección; el 21% dijo que ayuda a tener una visión más global; y sólo el 12% optó por la actualización de contenidos.

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<strong>MI turno</strong>

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El 2005 llegó prometedor. Tras pasar el año nuevo en Brasil, estaba listo para continuar con mi práctica judicial, y prepararme para enfrentar el temido examen de grado. Pero a fines de marzo, mi señora (de aquel entonces) tuvo una brillante idea. Como yo estaría estudiando derecho por unos meses, ella también se dedicaría a nutrir la mente. Y qué mejor que hacer un MBA. Universidad seleccionada: Diego Portales, Facultad de Economía y Negocios. Área de especialización: "Marketing y Gestión Comercial". Programa en mano, los talleres parecían atractivos: Comunicación Estratégica, Creación de Valor, Posicionamiento, Branding....y me tenté. Como pasar el examen de derecho era incierto; pensé que lo mejor sería apostar a una alternativa más segura. "Lo que motiva, te mueve", me dije, y sin darme cuenta me vi frente a un entrevistador de admisión; y una semana más tarde, firmando mi millonaria colegiatura, y garantizando la de mi ex cónyuge.

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Abundante cóctel de bienvenida, simpáticas dinámicas grupales, y la aventura comenzó. El curso parecía de aquellos chistes tripartitos donde siempre se habla de un peruano, un argentino y un chileno, pero aquí el asunto se triplicaba. Colombianos, mexicanos, hondureños, ecuatorianos, alemanes, entre otros inmigrantes, le daban sabor a esa audiencia, tan heterogénea como desigual.

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Los dos primeros meses fueron intensos...de carrete. Parecíamos siameses. Todos juntos a  bailar; todos juntos a un pub; todos juntos a comer. Pero como el hombre está hecho para tener pocos amigos, esa inestable comunidad se disolvió. Comenzaron los rumores, la envidia, la competencia. O sea, en poco más de ocho semanas esa apacible comunidad estudiantil, se transformó en un espejo de la  sociedad actual.

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Entre módulos y talleres comenzaron a surgir los típicos personajes: el espinita, el pasajero de metro (que se sube al carro, llega a destino, pero fue el resto del grupo el que hizo todo el trabajo), el mecenas (su única función es financiar la parte operativa de los trabajos, y es perdonado por ello), la secretaria (la que sólo sirve para apuntar datos prácticos, como direcciones de páginas web, nombres de personas a consultar, etc), el espía (que nutre de información respecto de los grupos competidores: estado de avance, hojas por trabajo, fuentes importantes o simplemente sustrae algunos datos relevantes que fueron "olvidados" por los otros grupos en los computadores públicos de la Universidad). También está el "Che Guevara" o sindicalista: su función principal es asumir la vocería del estudiantado frente las autoridades respectivas, inventando problemas o aumentando los que hay.

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Fueron dos años de valiosa experiencia. El paso por aquel postgrado me ayudó a sumar amigos y enemigos; a conocer académicos de alto nivel; a ampliar mi red de contactos (o disminuirla); a renovar y actualizar conocimientos; a rectificar otros, como por ejemplo, que CRM (Customer Relationship Management), no es la tarjeta de la tienda de departamentos más grande de Chile, sino que es una herramienta de negocios de tipo relacional que permite aumentar las tasas de captación, retención, y fidelización de clientes, creando con ellos un vínculo de largo plazo...(¡sorry!). Pero lo que más aprendí fue el hecho de poder predecir el futuro con total exactitud: este 25 de agosto, por ejemplo, me llamará entre las 12:00 y 13:00 horas el ejecutivo de cobranzas de la Universidad, para reclamarme por el no pago de cuatro cuotas, dos mías y dos de mi "ex mujer"; la misma que dejó plantado a este aval, para irse a trabajar al extranjero a una prestigiosa compañía internacional, gracias a que contaba con un valioso postgrado.

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Si usted (su hijo o pareja), está pronto a ingresar a un Postgrado, lea el siguiente cuadro explicativo. Le ayudará a entender cuáles son sus verdaderos objetivos para tomar esta importante decisión. Si no concuerda en ninguno de ellos, mejor piénselo dos veces antes de hacerlo.

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Un Postgrado sirve para:

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<strong>a. Crear Valor Personal <br /> </strong>Las metas aquí son claras: mejorar la reputación profesional, obtener mayores ingresos, sentir la gratificante sensación de la autorrealización.

<strong>b. Crear Valor Profesional<br /> </strong>Querer ampliar, renovar o profundizar los conocimientos que se tienen en sus respectivas áreas de estudios, son las palancas movilizadoras que caracterizan a este tipo de postgraduado.

<strong>c. Crear Valor Gerencial <br /> </strong>El querer trabajar en equipo, aprender nuevas estructuras organizativas, que sean ágiles y que fomenten la participación de sus subalternos y la productividad de la empresa, son algunos de los síntomas que identifican a este tipo postulante.

<strong>d. Crear Valor Empresarial <br /> </strong>Está dirigido para aquellos profesionales solidarios, que tienen un visión global, de alto nivel, que tienen la necesidad constante no sólo de administrar os recursos, sino que de generarlos también.

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<strong>e. Ampliar la Red de Contactos</strong>

Ya sea para hacer nuevos negocios o crear nuevas redes de amistades, un postgrado brinda una ayuda vital en tal aspecto. Eso sí, la calidad o nivel de contactos con los que cuenten sus pares, será fundamental para que este ítem a considerar rinda los frutos esperados.

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