No sé si antes era así y por alguna razón social uno no lo veía tanto o ahora este fenómeno ha aumentado por la globalización (que le ha dado poder a cierta gente que no tuvo una enseñanza cargada a la buena educación), pero por Dios que se ve rotería en cada esquina y a cada rato.
Subámonos a los autos. En la calle, si para un taxi a dejar o tomar un pasajero, viene el bocinazo del pelotilla que está atrás, que no entiende o no acepta esta situación. Los que andan apurados creen que todos tienen que ir a su ritmo si no se te viene el bocinazo. En los días y horas de tacos más dramáticos, la entrada a una rotonda debiera ser un gran momento de mostrar nuestra solidaridad entendiendo lo que está pasando. Sin embargo, es una verdadera guerra para meter la punta y que alguien te deje pasar y anda a conseguirlo un poco lento, porque te va llegar un bocinazo con cara de “qué te creis si la rotonda es mía”. ¿Una constante? Muy buenos autos, pechugones, Mercedes, Audi, Porche, BMW… triste.
En los estacionamientos ojalá el problema fuera el típico uso del lugar de embarazadas y lisiados. No, ahora la tónica es usar los pasillos de estos para estacionarse. Discutí con el dueño de un Mercedes, que estaba estacionado justo en el pasillo. Yo no podía pasar y me tiraba la foca porque yo no hacía el esfuerzo por “pasar igual”. Lo mejor de todo es que otra “vieja” que no tenía velas en este entierro estaba a favor del caballero… de terror. Peleándose por quién llegó primero. “Yo estaba esperando…”, silencio del care palo, se estaciona, se baja y se va no más.
Se dice que en Chile hay muy mal servicio. A veces lo entiendo, por tanto roto mal educado como cliente que pide, exige y reclama de tan mala manera, tan prepotente que no me imagino otra reacción que la de escupirle el plato en la cocina. Una cosa es el error en el servicio, la explotación que sufrimos del sistema, la violación a diario a que nos somete la matrix pero otra cosa es andar parao en la hilacha todo el día y creer que la gente que atiende son esclavos y los trato como se me da la gana.
La primera columna que escribí de mi visita a Estados Unidos hablaba del amor al servicio que ellos tienen, pero ciertamente que con la cantidad de picantes con plata que tenemos por estos lares es difícil fomentar el servilismo.
En las bombas de bencina de balnearios, con filas interminables, hay autos que se cuelan por el otro lado. En los restaurantes, la gente pide todo de mala manera, reclamando por cualquier cosa, jurando que estamos frente al Príncipe Carlos en Waldorf Astoria. En el supermercado, se meten en la fila de tercera edad y en la de menos de quince productos y mienten con la edad de la guagua. A todos les da lo mismo el de al lado, el de atrás. Problema tuyo. Escándalo por la oferta que no era… “es que me tenís que respetar el precio imbécil”, “¿con quién creís que estai hablando ah?” “llama a tu jefe”, “no me muevo de aquí”.
En los edificios bajan los propietarios nuevos y los conserjes tiene que escuchar frases como “¿qué pasa con el ascensor?..”. –“lo están reparando señora…” -“¿oiga no se supone que son nuevos?…” -“yo pa eso les pago…” ¿se imaginan lo que realmente les gustaría contestar a los conserjes?
Buscando cómo terminar esta columna entre tanta mala educación disponible, la luz me la da un cuidador de autos frente a San Expedito en Reñaca… ¿Sabe lo que pasa? Es la tele. La tele ensalza las peleas, la tontera, Mauricio Israel, los garabatos, la pillería, la Vale Roth, el show a cualquier precio, el escándalo y nuestros hijos ven ese modelo. O sea si lo hacen estos famosillos y no les pasa nada y más encima los celebran, ¿qué problema hay que yo haga lo mismo?
Partamos cambiando algo y dando el ejemplo: Gracias por leer y disculpen mis errores gramaticales, malas palabras, exceso de enojo y citas a casos personales.
“La primera columna que escribí de mi visita a Estados Unidos hablaba del amor al servicio que ellos tienen, pero ciertamente que con la cantidad de picantes con plata que tenemos por estos lares es difícil fomentar el servilismo”.