Investigaba para mi tesis de historia sobre Nemesio Antúnez, cuando me enteré que en una galería santiaguina, específicamente en el cine Nilo, había un mural del artista.
No sabía, hasta que comencé a bajar las escaleras de los años sesenta o setenta, que se trataba de un cine porno. En una banca a punto de ceder por el peso, estaba sentado un enorme hombre casi calvo, de apariencia desagradable, que olía a café y tabaco rancio.
Me mira y dice “luca”. No, gracias. Le pedí autorización para fotografiar el mural de Antúnez, de mala gana solo accedió a mostrármelo, porque las cámaras estaban prohibidas. Mientras trataba de concentrarme en la gran pared y no olvidar detalles para poder describirla en mi texto, escuchaba de fondo la película porno que en ese minuto se exhibía; sentía que estaba entre medio de la película Summer of Sam de Spike Lee. La trama está ambientada en el Bronx de los años setenta, en que un asesino en serie aterroriza la ciudad. En una de las escenas, la recatada y guapa Dionna, incitada por su marido, participa de una fiesta sin ningún tipo de restricciones con resultados perturbadores.
Salí corriendo medio sofocada, dejando atrás al enorme hombre y comencé a perderme por las calles del centro de Santiago. Nunca pude describir el mural en mi tesis. Al poco tiempo olvidé esta escena que parecía más ficción que realidad, hasta que llegué a Valparaíso y descubrí que varias galerías, construidas a principios del siglo XX, que sostienen parte importante del patrimonio arquitectónico, también albergan teatros, teatros que dicen “Solo para Adultos”. Me costó entender que fuera un negocio rentable, ¿en qué minuto entraban esos hombres solos con cara de despistados para que no los miren feo? Resulta que en este pueblo son muchos los que asisten y van bien emparejados; es más, mientras escribo esto mi amiga Vania me dice por chat que sería súper entretenido ir con un grupo de amigas, incluso me confiesa que hace unos años comenzó a elaborar una guía útil sobre moteles con todo tipo de descripciones y que en algún lugar de sus archivos quedó botada su investigación.
No me cabe duda de que en este puerto deben abundar los recintos amatorios. Como sea, sin hacerme la cartucha, confieso que tengo mi pequeño estómago, y toco madera pero no quiero entrar nunca a una de esas salas. Tal vez así sea. Después del terremoto de febrero y tras veinte años de funciones pornográficas, el teatro Condell fue recuperado por la municipalidad para el uso de la comunidad. Atrás quedaban años de cine para adultos y mientras se recuperaban las paredes, escenarios y camarines se daba paso a esta nueva etapa. Pienso en el cine del mural de Nemesio, espero que no venga un nuevo terremoto para que esa sala corra una mejor fortuna.