Con la llegada de Cirque du Soleil a Chile, en el 2006, cambió totalmente el tipo de espectáculos circenses y artísticos que conocíamos hasta esa fecha, por eso Saltimbanco (2001), que viene del término italiano “saltar en un banco”, es una oportunidad de disfrutar un show de primer nivel en la comodidad del hogar, ya que a diferencia de Alegría, Quidam o Varekai, que también estuvieron en nuestro país, este show dejó de existir.
Estrenada en 1992 en Montreal, Canadá —mismo lugar de su última aparición el 2012— fue el primer espectáculo de la compañía canadiense donde se empezó a contar una historia a través de las distintas escenas, en tiempos cuando eran necesarios mensajes de paz, respeto y armonía debido a la gran inmigración que se había vuelto un problema. Pero como en todos sus montajes, predomina la alegría, el humor, las máscaras, los bailes, increíbles vestuarios y maquillajes, cantos, percusiones, magia y mucho color hasta en el más pequeño detalle.
Saltimbanco presenta en escena más de cincuenta artistas acrobáticos con una elasticidad impresionante de todas las edades y nacionalidades. Desde niños de diez años hasta adultos de cincuenta años que destacan en trapecio, bungee, cuerda floja, malabarismo y mucho más. Una producción que, hasta la fecha, ha sido la más duradera y ha recorrido gran parte del mundo con increíble éxito.
Destacan, sin duda, las presentaciones de trapecio doble, en la que dos artistas vuelan por los aires con actos muy precisos, pero que parecieran estar al borde del peligro y la tensión; las boleadoras, con gran destreza y rapidez, que generan un instrumento de percusión que se golpea contra el suelo; o el trapecio chino, donde más de veinte personas suben y bajan con una velocidad impresionante entre cuatro postes.