La astrología china cuenta ciclos de doce años, cada año con su animal emblemático. El animal-símbolo de cada persona es dado por el año de nacimiento; aunque hay cinco factores o elementos (agua, fuego, tierra, metal y madera) que combinados con los doce símbolos resulta en sesenta opciones distintas.
Así, este 2013 es el año de la Serpiente de Agua, combinación que no ocurría desde 1953. Demás está decir que los nacidos en 1953, este año estarán en su apogeo. Tal como pasa en el zodiaco occidental, hay uniones ideales así como malas mezclas. Las personas se atraerían o repelerían, o serían más afines, según el horóscopo. Por eso en China es raro que una pareja tenga la misma edad; la razón es que pertenecerían al mismo signo, pues son de la misma generación. Y como los matrimonios son arreglados, o con fuerte influencia de los padres, ellos velan para que este muy importante detalle se cumpla. No obstante, hay concordancia y afinidad entre años cercanos, por eso mismo los matrimonios no tienen mucha diferencia de edad. Las mejores yuntas se dan entre los que están en círculos de cinco años de cercanía, más o menos.
Este actual año de la Serpiente comienza el 4 de febrero. Se inaugura con el festival de la primavera, o festejo que marca el año entrante; fiesta tradicional e importantísima.
El Año Nuevo chino es una situación de tremenda trascendencia. Sólo podríamos equipararla al revuelo, preparativos y festividad que hay en occidente desde el 20 de diciembre y que se extiende hasta el 2 de Enero; nuestras fiestas de fin de año. En China, el equivalente comenzó el 26 de enero; las fábricas cerraron y todo se detuvo porque muchos de los operarios provienen de provincias y desean ir a pasar las fiestas a su hogar. Lo usual es que se vayan al lugar donde está el jefe del clan familiar; esto significa que durante una semana se movilizan unos quinientos millones de personas por toda China. Es el fenómeno de emigración estacional más grande del mundo. Todo se satura y colapsa; aeropuertos, estaciones de ferrocarril, buses; son hormigueros humanos inimaginables. Gente durmiendo y comiendo por todas partes, esperando pacientemente su hora de salida. Hacia el 3 de febrero, ya todos han arribado a su lugar de celebración; el movimiento decae y todo se calma. Los conductores de trenes, pilotos de aviones también van a sus casas. Andenes y plataformas de espera quedan vacíos. El viento arrastra envases y penan las ánimas. Mientras, la algarabía y el baile comienza en todas partes; pueblitos, aldeas, se iluminan con lámparas de papel rojo y dorado. Hay comida, abrazos, muuuchos petardos y fuegos de artificio; dragones de colores llevados por portadores danzan y juguetean. El jolgorio dura así tres o cuatro días sin parar. Cualquier otro carnaval es una fiesta pobre y deslucida al lado del Año Nuevo chino, sólo que éste es pacato, juguetón e inocente. Finalmente, la tremenda emigración vuelve a suceder. Desde el 6 al 13 de febrero, unos seiscientos millones de chinos vuelven a su lugar de trabajo (ahora son más porque muchos se desplazaron de a poco, a lo largo de enero). Ahora sí que el caos es grande, pues el retorno es más rápido. Hay colapsos absolutos de aeropuertos, ferrocarriles, buses, carreteras, caminos. Si usted cree haber visto tacos, debería ver éstos de cien kilómetros. Cada chino vuelve a su taller, a ponerse detrás de su máquina. Y parte otra vez la actividad, que no se detendrá hasta enero del 2014. La fuerza laboral de China, de ochocientos millones de hombres y mujeres, trabajarán ocho horas diarias, siete días por semana (no existe el domingo, sino turnos rotativos de descanso). Seguirán fabricando paraguas, juguetes, electrodomésticos, automóviles, maquinaria pesada, productos textiles, químicos, farmacéuticos; lo que sea. La serpiente, máxima entidad protectora contra toda cosa negativa, este año estará dinámica, libre, grácil, astuta y zigzagueante; lista para caer sobre sus presas. Nada se le escapará. Engullirá empresas mineras, eléctricas, navieras. ¡Glup! El crecimiento de China logrará aceleración máxima. A la Serpiente de Agua, no le gana nadie.
“Para celebrar el Año Nuevo chino lo usual es que se vayan al lugar donde está el jefe del clan familiar; esto significa que durante una semana se movilizan unos quinientos millones de personas por toda China. Es el fenómeno de emigración estacional más grande del mundo”.