En el año 1917, la West India Oil Company solicitó a la I. Municipalidad de Viña del Mar una concesión por veinte años para instalar las primeras bombas automáticas de combustible con estanque subterráneo, para la provisión de automóviles en la vía pública. Sin embargo, las dificultades que creó la Primera Guerra Mundial para la importación de la gasolina que debía expenderse por medio de estas bombas, incidió en que esta solicitud quedara pendiente.
Cuatro años después, la misma compañía reinició sus gestiones para obtener la concesión que le permitiera instalar, como ensayo, una bomba automática de combustible en la Plaza José Francisco Vergara, en pleno centro de la ciudad, para que la municipalidad pudiera apreciar, prácticamente, las conveniencias del sistema.
En uso en las principales ciudades del mundo, este sistema de distribución ya era utilizado en las ciudades de Santiago, Valparaíso y Antofagasta. Para Viña del Mar representaría un gran adelanto, y de gran conveniencia para el cada vez mayor número de automovilistas que transitaban por la ciudad. Ellos dispondrían de un combustible de calidad perfectamente filtrado y a menor precio, pues suprimirían a los intermediarios. Los depósitos subterráneos reducían el riesgo de incendio provocado por la manera primitiva de almacenar el combustible en latas dentro de las construcciones, con evidente peligro para el vecindario.
Los aparatos propuestos eran el “Gilbert & Barker” T-306 o T-355, los más modernos fabricados hasta entonces, cuyo diseño en forma de buzón, provisto de puertas dobles de hierro a prueba de robos e incendios, constituía, por su forma elegante, un verdadero ornato para la ciudad, tal y como lo estableció la Dirección de Obras Municipales en el informe con que aprobó el proyecto de la compañía estadounidense.
Por su parte, la municipalidad, preocupada de que se produjera un congestionamiento del tráfico en el frente de la Plaza José Francisco Vergara, autorizó únicamente una bomba en la entrada al puente sobre el estero como ensayo. Solo después de comprobar la conveniencia de la instalación, permitiría el funcionamiento de otra en un lugar más central. La compañía expuso las desventajas que representaba para los consumidores la colocación de una bomba en ese lugar, pues los únicos que aprovecharían el servicio en el sitio indicado por la municipalidad, serían los automovilistas que viajaran a Concón o en dirección a Miraflores. La idea de instalar la bomba en la Plaza José Francisco Vergara era servir a todos los automovilistas que se dirigían a El Salto, Quilpué y Limache, sin que tuvieran la necesidad de desviar su ruta para proveerse de combustible. Bajo ese mismo criterio de localización, la compañía amplió luego su solicitud para instalar una bomba en la bifurcación de la calle Agua Santa y calle Álvarez, para servir a los automovilistas que se desplazaran hacia la ciudad por el Camino Plano. En tanto, para la Dirección de Obras Municipales, la mejor ubicación para probar el nuevo sistema de distribución era la Plazuela de los Tranvías.
Finalmente, el 4 de febrero de 1922, la I. Municipalidad autorizó a la compañía estadounidense de combustibles a instalar dos bombas automáticas en la ciudad, una en la Plazuela Juan José Latorre, por calle Arlegui, y otra en el centro de la Plazuela de los tranvías.
El siguiente paso fue la elaboración de un reglamento para la instalación de esta nueva tecnología que llegaba para quedarse. De esta forma, se aprobó la instalación de surtidores para la venta de combustible al detalle en las principales calles, avenidas y paseos públicos de la ciudad. En aquellas calles de más de veinticinco metros de ancho podrían ubicarse aparatos surtidores en el centro de la calzada, pero los depósitos no podrían instalarse a menos de cien metros uno de otro. Los concesionarios pagarían a la municipalidad cien pesos anuales por cada aparato que instalasen y un arriendo de un centavo por cada litro de bencina que vendieran, de acuerdo con el medidor automático que debían tener todas las bombas. Las concesiones tendrían un plazo mínimo de tres años prorrogables por periodos iguales siempre y cuando el concesionario cumpliera con el nuevo reglamento municipal.
Imágenes:
1-2-3: Las imágenes han sido reproducidas de los folletos publicitarios con que la West India Oil Company acompañó su solicitud a la I. Municipalidad de Viña del Mar.
4: Bomba Libertad, ubicada en la Avenida Libertad entre 5 y 6 Norte, retirada con fecha 15 de octubre de 1962.
“El 4 de febrero de 1922, la I. Municipalidad autorizó a la compañía estadounidense de combustibles a instalar dos bombas automáticas en la ciudad, una en la Plazuela Juan José Latorre, por calle Arlegui, y otra en el centro de la Plazuela de los tranvías”.