Su relación con el norte se ha ido gestando a través del trabajo. Dentro de su labor como arquitecto ha desarrollado proyectos para diversas empresas mineras, que lo han mantenido ligado al desierto y el mar. Sin embargo, existe uno en especial que gatilla esta entrevista: la recuperación y exhibición de piezas de la colección del FCAB.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Cuando era chico, recorrió todo Chile durante las vacaciones. Su papá los subía a todos al auto y partían hacia destinos diferentes cada vez. Nunca se repetían los lugares. Años después supo que la motivación de tanto viaje era que su padre escribía un libro sobre toponimia de los pueblos de Chile y por eso, cada verano, aprovechaba el tiempo para su investigación.
Debe ser por eso que no tiene miedo a trasladarse, donde el trabajo lo lleve. Cada vez que requieren sus servicios, Alejandro Soffia, naturalista y arquitecto, evalúa, analiza y emprende el rumbo que sea.
Desde hace dos años, Alejandro es el responsable de uno de los proyectos más cuidados y queridos del FCAB y la Corporación Cultural Estación Antofagasta: la restauración de piezas de la colección del FCAB, que no solo son parte de su propia historia, sino además nos cuentan cómo fue surgiendo nuestra ciudad. “Nuestros viajes nos proporcionaron una formación profunda en relación con la valoración del patrimonio, de la cultura contemporánea, de las culturas aborígenes, del patrimonio natural”, explica Alejandro.
¿Cómo nació este proyecto?
Fue un encargo de la Corporación Cultural. Necesitaban a alguien que se hiciera cargo de administrar el patrimonio de objetos de colección que tenían guardados y, en particular, mostrar una fracción de ellos en el contexto de una primera exposición en Estación Antofagasta.
¿Esta es la primera exposición?, ¿entonces tu trabajo continúa?
Esa es la idea. La meta es que este montaje, bautizado como Desde el ferrocarril: había una vez un desierto, sea el primero de una serie de otras exposiciones que muestren a la comunidad diferentes facetas del ferrocarril, a través de los propios objetos que fueron protagonistas de otra época.
¿En qué consiste el trabajo de recuperación?
Realizamos un ejercicio bastante intenso, donde había un equipo integrado por diversos especialistas. Yo asumí la responsabilidad como coordinador y encargado estético del proyecto, pero hubo otras personas que colaboraron con el marco conceptual.
¿Cuáles fueron tus trabajos anteriores en la zona?
Trabajé con algunas empresas mineras en el diseño expositivo de inauguraciones, puestas en escena de eventos. En ese punto, todo se relaciona con lo realizado en el ferrocarril, pues la museografía es una parte, más académica o intelectual quizás, del diseño expositivo.
¿Cómo derivó tu formación como arquitecto hacia este campo?
No sé si los trabajos me eligieron a mí, más que yo elegir los trabajos. Ha sido muy circunstancial esto de dedicarme con más énfasis a la museografía porque, la verdad, si me piden una casa o un hospital, los diseñaría feliz.
¿Piensas que hay que ser un experto para trabajar con museos?
Creo, más bien, que debe entenderse el concepto detrás de cada exhibición.
PATRIMONIO Y PREFABRICADAS
Alejandro explica que existen tres áreas de la arquitectura en que se desenvuelve con mayor facilidad: museografía, intervención patrimonial y tecnologías de prefabricación. “Debido a estas tendencias, me siento cercano al diseño industrial, que es una cuestión básica del diseño museográfico y también involucra ciertas estrategias constructivas que tienen que ver con la temporalidad, con dar una vida nueva a las cosas y otras aristas que son muy compatibles con el diseño expositivo”, detalla Soffia.
¿Cómo te impactó este proyecto?
Conozco desde muy chico y con una buena profundidad la región de Antofagasta, entonces nunca me sentí como un extraño en la zona, que además me gusta mucho. También hubo algo de nostalgia porque mi bisabuelo era maquinista del tren que viajaba entre Pisagua e Iquique. He escuchado muchas veces eso de “todos estamos relacionados de una u otra forma con el ferrocarril”.
¿Es importante la tecla emocional a la hora de gestar un proyecto?
Creo que debe existir una cierta cuota de sensibilidad en relación con el contexto cultural del proyecto que se está ejecutando. Esa parte es fundamental para detonar la magia que se necesita, para que el visitante viva una experiencia única y especial. Si somos fríos, lo que hacemos es tomar un objeto que es una cuestión inerte, inmóvil, muda y la convertimos en protagonistas de un cuento que logre entusiasmar a la gente, trasladarla a imaginarios, hacerle paseos por la historia.
Bonito resumen, ¿esa es el alma de la profesión de un museógrafo?
De todas maneras. Provocar la magia es, en concreto, la labor del museógrafo. Es difícil cuantificarla o programarla, pero debe estar.
¿Alguna vez un museo te marcó a fuego?
Cuando era niño visitaba mucho el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago y me conmovía profundamente. De grande, busqué la forma de mantener el vínculo mediante diversos proyectos y de todas maneras creo que fueron esos paseos infantiles los que marcaron mi ruta profesional. Es un regocijo estar trabajando en algo que me parece muy atractivo y, a la vez, gratificante.
¿Tienes más proyectos en Antofagasta?
La idea declarada por el centro cultural y el ferrocarril, es que esta sea la primera exposición de una serie que muestre el patrimonio del ferrocarril y que esté orientada a que la comunidad pueda construir una identidad en relación con él. Si algo he aprendido es que el ferrocarril ha marcado la historia de Antofagasta a lo largo del tiempo. Hay mucha gente que está involucrada, de una u otra manera, algún pariente que trabajó o algún viaje cuando niño.
¿Has notado el interés de la gente?
La verdad es que hay una nostalgia que seduce. Y el propio ferrocarril asumió esta labor de extensión y exponer su aporte a la historia, para que la gente también conozca al respecto. Quizás en un futuro, se construya un museo con todas las de la ley.
¿Y te quedarías en Antofagasta para hacer algo así?
Por supuesto, porque en el fondo es una oportunidad única que uno tiene de participar de un proyecto de gran tamaño, de gran importancia, desde el principio. Entonces, uno puede tener el placer de recorrer el camino completo. Además, sería bueno traer a mi hijo Antonio a Antofagasta, para que conozca una región a la que tengo mucho cariño y que tiene un potencial inmenso para desarrollarse en todo aspecto.
“La idea declarada por el centro cultural y el ferrocarril, es que esta sea la primera exposición de una serie que muestre el patrimonio del ferrocarril y que esté orientada a que la comunidad pueda construir una identidad en relación con él”.