“Una visión histórico-fotográfica del ex Campamento y Oficina Salitrera de Tarapacá, plena de calles y detalles, edificios públicos y rincones privados, viviendas de casados y solteros, de empleados y obreros, de vivencias y revivencias”.
Este es el título de mi último libro lanzado a fines del 2012, con los excepcionales aportes y apoyos de SQM y Corporación Museo del Salitre, que tuvo como presentador al Doctor Horacio Larraín Barros y la presencia de muchos ex pampinos, autoridades y amigos. Son 216 páginas, en gran formato y tapas duras, con el destacado diseño de Daniela Piano y su equipo de trabajo, que dan luz, en su conjunto, a esta combinación de historia, fotografía de época y actual.
Lo sintetizo para Uds., en los siguientes párrafos:
Es una visión histórico-fotográfica del ex Campamento y Oficina Salitrera de Tarapacá, plena de calles y detalles, edificios públicos y rincones privados, viviendas de casados y solteros, de empleados y obreros, de vivencias y revivencias; pupitres y recreos; silbatos y traqueteos; operarios y maestranzas y fundiciones; máquinas y maquinistas, locomotoras al desierto ancladas, todo en el espacio excepcional en que se desarrolló el Ciclo Salitrero de Tarapacá, ese que remeció las pampas entre Tiliviche y Taltal, con sus días reverberantes y noches frías y largas, como melancolías profundas.
Internarse por sus páginas es penetrar la pampa y uno de sus rincones selectos, sin temor alguno a quedar “empampado”, porque para la camanchaca y sus fantasmas se halla la claridad del relato fluido que nos enseña el Ciclo Salitrero y, en particular, la historia de oficina “Santiago Humberstone”, desde sus orígenes con Manuel Almonte Viguera y luego la “Peruavian Nitrate Company”, como “La Palma”, hasta que reverdece como “Santiago Humberstone”, rindiendo honor a uno de los padres del salitre. Veremos surgir a las Humberstinas y Humberstinos, que hiceron suyo ese mundo salino, que aprendieron sus primeras letras en el Colegio San Mauricio y la Escuela Pública; que fueron sindicato y club de tiro, boxeadores y futbolistas, por sobre todo, gente buena. Sin percartarse de la hazaña de estar convirtiéndose con cada una de sus cotidianeidades, en historia.
Contemplaremos no exentos de congoja la hora de su cierre y las pruebas que sus maderas, calaminas, caña de Guayaquil y cemento pampino, deberán resistir hasta llegar a ser rescatadas en aunadas voluntades y conciencias.
En estas páginas se siguen las (des)venturas de un patrimonio que parecía perecer en la desesperanza, para desperezarse con las energías de los hijos de la pampa, los Pampinos y sus descendientes, que convocados en las Semanas del Salitre, fueron hallando eco en instancias comprometidas que reconstituyen y protegen con celo, hasta consagrar las amenazadas instalaciones como Patrimonio de la Humanidad, porque ahora lo que era de unos, lo debe ser de todos y permanecer en el tiempo, aquel que bordeando los 3/4 de siglo hacen que este lugar, tenga muchas más novedades en su vejez, que mostrar y contar.
En la oficina salitrera Santiago Humberstone cabe preguntar ¡Qué hay de nuevo! El pasado siempre sorprende con algún hallazgo o alguna dependencia en re-estreno, como la magia de maderas del antiguo Teatro de La Palma, o ese Museo de Puertas y Ventanas con miles de miradas y pasos traspados desde sus umbrales. Cuando no, los colores de la Pampa y sus cielos, especialmente los del amanecer y los del atardecer, nos deparan un nuevo y formidable escenario para deleitar los sentidos.