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EDICIÓN | Enero 2013

Evocaciones

Antonio Astete Cabezas, propietario Café Años Luz
Evocaciones

El Café Años Luz es un lugar ideal para todo: conversar, leer y observar bellas antigüedades. Es el sitio que a veces buscamos en cualquier ciudad y pocas veces encontramos. Su cuidada decoración juega con una linda iluminación en la que podemos disfrutar de música inmejorable, además de la calidad y excelente atención de su dueño.

 

Por Constanza Peirano M. / fotografía Sonja San Martín D.

Ubicado en la diagonal, en los alrededores de la Universidad de Concepción, el Café Años Luz se ha ganado su prestigio en la vida académica, ofreciendo un espacio literario y de colección de objetos. La cafetería destaca por su decoración, basada en antigüedades, enlosados, lámparas, platos, etc., que llena el lugar de evocaciones. “En enero cumplo ocho años acá. La idea del negocio fue la extensión de un local anterior, porque mi afición son las lámparas y hacerlas a partir del rescate de objetos. De ahí el motivo de este café”, nos cuenta su dueño, Antonio Astete.

En la necesidad de ampliar y extender su negocio, Antonio encontró este lugar y surgió la idea de asociarse con su mujer para convertirlo en café. “Mi público son mujeres, principalmente, con las que surge una amistad, entonces quise tener la posibilidad de ofrecerles algún cafecito y una buena conversación”, enfatiza. Con la incorporación de la cafetería se ha revertido un poco el negocio y ha tomado preponderancia la ornamentación y decoración, que es lo que la gente valora. “Sigo con mi pasatiempo, ya que es una pasión el tema de las lámparas; tiempo libre que me queda, lo dedico a ello”.

Partió con objetos de colección rescatados por años y luego fue incorporando libros y revistas. “Las antigüedades son mi predilección, hace veinte años que estoy en esto y con el local anterior, no pude crecer por espacios. De ahí viene el nombre de Años Luz, como le llamé a las lámparas que fabrico; es el juego de palabras a partir del efecto lumínico y la antigüedad de los artefactos”, cuenta Antonio.

HISTORIAS POR CONTAR

Antonio tuvo siempre un cuento especial con los objetos y su tiempo; él mismo señala que, antes de independizarse, se desarrolló en otras actividades, como dependiente, en las que le tocó viajar a muchos lugares. En esos recorridos aprovechó de visitar, en cada zona nueva, las más variadas ferias, buscando cosas curiosas, que hoy forman parte del encanto que le da a su café. “Nada es ostentoso, sino que son objetos cotidianos, pero bellos, que es lo que a la gente le llama la atención cuando entra y se reencuentra en este lugar”.

¿Cómo surge la idea de enriquecer el café con libros?
Creemos que no es efectivo que a la gente no le guste leer, es que no hay facilidad para la lectura. En general, acá en Chile los libros son caros, por eso tenemos una selección amplia a disposición de todos. Libros y revistas, por ejemplo, de pintura, suscripciones a revistas extranjeras de óleo, de acuarela, etc. Otras revistas españolas que recomiendan qué leer o muestran críticas de algún libro en particular. Tratamos de tener publicaciones o lanzamientos que nos regalan y que no están en librerías. Algunos son de historia local, del Concepción antiguo, la historia del carbón, entre otros. Es frecuente que la gente ojee un libro y le deje pequeñas marcas para retomarlo en su próxima visita.

¿Cuál es su público habitual?
Nunca tuve pretensiones de que fuera dirigido para tal o cual grupo. A estas alturas, el ochenta por ciento del público es del ámbito universitario, principalmente docentes y jóvenes de los últimos años de carrera. Es un ambiente muy grato, con un público bastante selectivo.

¿Cuáles son las características que hacen de este café un lugar especial?
Cuando empecé con el negocio, por un tema de financiamiento, yo atendía, recibía a las personas y tomaba los pedidos; con el tiempo lo mantuve porque es lo que a la gente le gusta. Además se crea un nexo, sabemos cómo te gusta el café, tus costumbres, entonces se forma una amistad. Lo hice como un estilo propio, así conozco a casi todo mi público, incluso los echo de menos cuando no están, y cuando regresan les pregunto ‘qué te pasó, explícame dónde andabas’ y conversamos. Se da una relación que es muy rica.

¿Cómo ha sido la experiencia de administrar y atender un negocio propio?
Estoy acá todo el día y puedo decir que, si bien es sacrificado, tiene recompensas. Cuando uno quiere hacer un trabajo realmente eficiente y de calidad, hay que estar pendiente de todo. Yo llego a las ocho y media de la mañana y me retiro a las nueve y media de la noche, cuando ponemos el candado. Como todos los trabajos, tiene de dulce y de agraz; hay una parte engorrosa que es la de la administración, las cuentas, y otra que es esa cosa más romántica, más social, que tiene un café, que es muy agradable y entretenida. Todo lo que te puede agobiar se borra de un plumazo cuando tienes una buena relación con la gente y recibes, incluso, elogios por ello.

¿Qué comentarios ha recibido al respecto?
La mayoría de los comentarios van dirigidos a la ambientación. La gente siempre nos está comentando que tal o cual objeto le trajeron algún recuerdo. Esto hace que los clientes lleguen solos. No hemos hecho publicidad, ni una campaña o volante, nada; el público es el mismo de los inicios, ellos traen al papá, la suegra, la tía, hermanos, etc. Es muy común que matrimonios de gente mayor lleguen recomendados por sus hijos o nietos.

PASADO Y MUCHO MÁS

Para este empresario es importante reconocer que la dedicación y sacrificio que ha puesto en llevar adelante su negocio no ha sido en vano. “Nunca pensé cómo se proyectaría el café en el tiempo. Ha sido buena y estimulante la experiencia con el público, el reconocimiento. Muchas veces me dicen que es un lugar único en Concepción, la gente agradece ver las antigüedades y tener recuerdos, eso es muy gratificante”, recalca Antonio, que quiere continuar potenciando el lugar haciendo cosas nuevas, pero todo bajo la misma idea.

El café tiene tres ambientes, en cada uno la decoración y ambientación es lo más destacado. Uno de ellos es un salón grupal, replanteado como comedor, y que se puede reservar para reuniones. Consta de una carta bastante sencilla, pero variada en cafetería y colaciones, almuerzos light y distintos tipos de panqueques y platos vegetarianos, entre otros. “En las mañanas vienen docentes a hacer pequeños talleres al salón grupal, al medio día por lo general hay reuniones y almuerzos y, en la tarde, encuentros de camaradería, cumpleaños, festejos, etc. A la gente le encanta porque dicen que es como estar en casa”, pondera Antonio.

¿Cómo se logra la diferenciación con otros cafés?
Desde los orígenes, el personal de Años Luz ha sido prácticamente el mismo, de confianza, que incorporamos y con el cual podemos contar siempre. Nuestro estilo es la cordialidad. Tenemos detalles que en otros lugares no existen; si se le quedan cosas a nuestros clientes, nos esforzamos mucho para que las recuperen. Es algo que a la gente realmente le gusta y agradece. Calidad de atención que otros cafés emblemáticos en Concepción no tienen y el público lo valora.

¿Cómo se reinventa?
Lo importante es estarse renovando continuamente. Soy administrador de empresas, y por años tuve muy buenos cargos, pero cuando ya eres mayor, y algunos te consideran caro, entonces tienes que reinventarte y así surgió la idea del negocio de las antigüedades y luego la idea del café, que es la prolongación del anterior. Gracias a Dios ha sido sustentable en el tiempo, tengo mi público, y pese a que me preocupa el surgimiento de nuevos negocios, la cercanías del Mall del Centro, etc., que sin duda son distractores, asumo que tengo un público que busca otro tipo de establecimiento, como el mío, que valora y disfruta de la lectura, la pintura, la tranquilidad y la música.


“Cuando uno quiere hacer un trabajo realmente eficiente y de calidad, hay que estar pendiente de todo. Yo llego a las ocho y media de la mañana y me retiro a las nueve y media de la noche, cuando ponemos el candado”.

 

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