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Entrevistas

EDICIÓN | Enero 2013

Sobre ruedas

Carlos Maritano, empresario
Sobre ruedas

Junto a su socio Roberto Ebensperger, empezó un negocio en el año setenta y nueve que hoy, con once locales, los mantiene a la cabeza del rubro automotor en la región. Todo comenzó con un sueño, el que sumado a la perseverancia, honestidad y profesionalismo, se convirtió en lo que hoy es Maritano y Ebensperger.
 

Por Monserrat Quezada L. / fotografía Sonja San Martín D.

Hijo de un emprendedor, la vida de Carlos Maritano no pudo ser distinta. Nació en Concepción y vivió hasta los seis meses en Talcahuano, donde está la fábrica de su padre: Miguel Maritano Industria de Jabones, creadora del conocido jabón Popeye, entre otros productos.

Por eso, cuando egresó de su carrera, Ingeniería en Ejecución Mecánica de la UdeC, la que eligió por su afición por los motores y los autos, de inmediato se contactó con su amigo de barrio, Roberto Ebensperger, para juntar las habilidades de ambos y armar un negocio.

M&E

Maritano y Ebensperger comenzó por la necesidad de estos socios de ser independientes. “Los dos vivíamos en el barrio universitario, así que éramos vecinos, nos conocíamos bien. Roberto trabajó como contador en una empresa por diez años, hasta que se nos ocurrió que con su capacidad en la parte administrativa, más la mía en la mecánica, podíamos armar un servicio automotor. En ese momento, en el año 1979, no había muchos en Concepción, por lo que era un nicho que se podía explotar. Y partimos sin marcas, sin clientes, solo con las ganas, con un sueño”.

Así, ese año empezaron a construir el primer local en la calle Maipú, y abrieron sus puertas en 1981 con cinco personas. “Posteriormente, empezaron a venir las necesidades externas de atender marcas certificadas. Había muy pocos talleres en ese tiempo en Concepción y vimos que existía la posibilidad de ser un servicio autorizado. Con esa información, fuimos a Santiago, a Toyota, y empezamos a trabajar con esa marca el año ochenta y tres”. Cuenta Carlos que, en ese momento, M&E fue su representante como servicio de pintura, mecánica y venta de repuestos, hasta que, el año ochenta y siete, se convirtieron en concesionarios para venta de vehículos nuevos.

Luego de eso, se sumaron más marcas: “el año ochenta y nueve tomamos la concesión de Dahiatsu, que ahora es parte de Toyota, pero en ese tiempo era independiente. Después llegó la tecnología de los vehículos catalíticos, el año noventa y dos. El primero fue Daewoo, por lo que también la tomamos. En el 2000, nos ampliamos a una marca europea, Peugeot, hasta el 2008, cuando seguimos la tendencia de todo el mercado apostando a marcas chinas. Finalmente, incorporamos a Citroën”.

Pero el crecimiento exponencial que ha tenido esta automotora no es solo en términos de marcas, sino que también se han ampliado físicamente. “Partimos en la calle Maipú con el servicio mecánico, y crecimos cuando tomamos la marca Toyota, Daihatsu y Daewoo, pero nos dimos cuenta de que el mercado automotor estaba orientándose hacia el aeropuerto y que la calle de unión iba a ser Paicaví. Notamos que empezó a bajar el flujo y comenzaron a circular más vehículos de transporte público. Entonces, hicimos una evaluación, en el año 2006, que nos arrojó información sorprendente: en Maipú cruzaban trescientos automóviles por hora y en Paicaví, dos mil novecientos. Así, compramos cuatro casas en la esquina con Bulnes y ahora tenemos tres mil trescientos metros cuadrados en nuestra casa matriz”.

En paralelo, el año noventa y ocho se abrió un local en Los Ángeles y, el noventa y nueve, en Chillán, completando un total de once locales en la región del Biobío.  

¿A qué crees que se debe este desarrollo?
Primero que todo, los dos crecimos con una visión emprendedora. Desde que comenzamos tuvimos un sueño claro, por el que hemos luchado estos treinta años. No ha estado exento de dificultades y de tropiezos, pero, en suma, ha sido una gran experiencia. Además, el desarrollo tiene que ver con la decisión de ir profesionalizándonos. Partimos como empresa familiar y, de a poco, hemos ido incorporando a las personas adecuadas en las áreas importantes. Por ejemplo, ahora tenemos un gerente comercial, uno de postventa, contadores auditores en la administración, encargados de recursos humanos, etc. Ese ha sido el objetivo, para tener a nuestra empresa siempre liderando el mercado.

¿Cuáles son tus recomendaciones para un emprendedor?
Hay que tener una idea clara de lo que quieres lograr, y convertirla en tu sueño. Si no lo haces tuyo, se diluye. Tienes que luchar por él, sin importar lo que cueste. Hay que dejar de lado los miedos, porque vienen muchos cuando uno se enfrenta a un mercado que no conoce. Además, es importante contar con un capital inicial, porque no se puede basar solo en el sueño. A esto hay que agregarle una adecuada planificación, supervisión y control. Nos hemos dado cuenta de que no solo hay que ser operativo, sino que no hay que descuidar la administración, y por eso han caído muchos empresarios. Otro aspecto importante es la honestidad, tanto con tus socios, como con tus acreedores, deudores y clientes. Es fundamental si quieres proyectarte en el tiempo. También hay que preocuparse de entregar productos y servicios de excelente calidad y tener en cuenta la responsabilidad social, entendiéndola como una contribución activa para el mejoramiento económico y social del entorno. Además, hay que tener ganas de trabajar muy duro. Un emprendedor no descansa ni en las noches, ni los domingos, ni los feriados. Si bien el negocio te trae muchas alegrías, también vienen problemas y desafíos. Pero todo ello vale la pena, no importando el tamaño de tu negocio. Es el orgullo de ver nacer y crecer tu proyecto lo que te hace luchar día a día.

¿Qué acciones concretas de responsabilidad social han tomado ustedes?
A nivel externo, por ejemplo, apoyamos a liceos técnicos profesionales, en que los estudiantes, al mismo tiempo que cursan los ramos tradicionales, se van educando en nuestra empresa en el aspecto laboral. Así, cuando egresan de cuarto medio, están listos para trabajar si es lo que desean. La Cámara de Comercio nos ha destacado mucho por esto y nos apoya porque no hay muchas empresas que lo hagan. Otro ejemplo es que a nivel ambiental estamos con sistema de recuperación de desperdicios, tenemos clasificación de ellos y los botamos por medio de empresas certificadas.

¿Qué reconocimientos han obtenido?
El último fue el Premio Espíritu Emprendedor, categoría consagrados, de la Universidad del Desarrollo. Es un tremendo orgullo porque se otorga a todos los sectores, no solo automotor. Como logro, el primero fue ser nombrados concesionarios de Toyota, y las aperturas de las sucursales de Los Ángeles y Chillán. Por otro lado, el 2009 certificamos en la ISO 9001, lo que nos ha ayudado a desarrollarnos internamente y a mejorar nuestra calidad. El 2012 también ganamos el primer lugar en el concurso de habilidades técnicas, el más importante a nivel nacional organizado por Toyota Chile. Concursan todos los concesionarios del país y nuestro mecánico fue el ganador. El próximo año se va a visitar la fábrica en Japón. También, el 2011 y 2012, certificamos Kodawari, que es una especie de ISO interna de Toyota, para el mejoramiento continuo. Hay que cumplir con cien puntos específicos y lo hemos hecho dos años seguidos. Se certifica una vez al año y no todos los concesionarios lo logran.

En su rol de empresario de la zona, ¿cómo ve la actividad económica en el país y en la región?
Está muy bien. Posterior al terremoto todos pensábamos que iba a ser complicado, pero al mes empezó a desarrollarse la actividad muy normal y ha ido creciendo desde entonces. También nos ha llamado la atención el cambio de mentalidad. Las personas fueron invirtiendo más en ellos y viviendo el día a día. Se puede ver hasta en los restoranes, que ahora siempre están llenos. En cuanto a la región en particular, hay harto desarrollo, reconstrucción, mucha actividad en la parte habitacional y de oficinas, y eso repercute en todos los rubros. De hecho, no creo que nos vaya a golpear la crisis europea. Vamos a tener un buen año, mejor que el 2012.


“Se nos ocurrió que con la capacidad de Roberto en la parte administrativa, más la mía en la mecánica, podíamos armar un servicio automotor. En ese momento, en el año 1979, no había muchos en Concepción, por lo que era un nicho que se podía explotar. Y partimos sin marcas, sin clientes, solo con las ganas, con un sueño”.

 

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