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Tell Magazine - El entrecopas chileno
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Entrevistas

EDICIÓN | Enero 2013

El entrecopas chileno

Rex Pickett, escritor
El entrecopas chileno

El autor de Entrecopas, el libro que dio origen a la premiada película que relataba las aventuras y desventuras de dos amigos en los valles vitivinícolas de Napa, está en Chile recorriendo viñas, catando y planeando un nuevo libro. Uno que tendrá como escenario lo mejor de nuestras cepas.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos José Luis Salazar

Parece un gringo perdido en Santiago. Pero no lo está, pues ya domina las estaciones de metro y algunos términos en español, aunque su única preparación sean las clases que le hicieron durante algunos años en el colegio.

Rex Pickett lleva apenas un par de semanas en Chile, en el inicio de un viaje que durará, por lo menos, tres o cuatro meses. Aclara que no está de vacaciones, sino que conociendo el lugar y empapándose de su gente y su cultura. Por lo mismo, ocupará gran parte de su tiempo en recorrer los distintos valles vitivinícolas de nuestro país. Y probará bastante vino.

¿Cómo llegó el autor de una famosísima película de Hollywood, cuya recaudación bordea los quinientos millones de dólares, a recorrer Chile? La respuesta es tan simple como sorprendente: por twitter. El productor chileno Mario Velasco intercambiaba mensajes por esa red con el director mexicano Guillermo Arriaga, cuando Pickett intervino en la conversación. Ni tonto ni perezoso, Velasco le envió un tuit: “@Rex Pickett, te gustaría escribir un Entrecopas en Chile?”. La idea, que pareció atractiva en un comienzo, tomó fuerza cuando invitaron a participar a los dirigentes de Wines of Chile y a Pro Chile. Entre todos juntaron el capital para echar a andar el proyecto.

Nos juntamos a almorzar, pero él no toma vino. Sólo lo cata y, aunque reconoce que le encanta lo que ha probado y que podría sumar a sus favoritos el pisco sour, acompaña su plato de carne solo con agua tónica.

Así, sin vino, conversamos de sus inicios en el mundo del vino.

Era 1990 y las cosas estaban saliendo muy mal para él. Se acababa de divorciar, su madre había sufrido un derrame, su hermano menor se había escapado con su plata y su agente había muerto de Sida. Para colmo, el último guión escrito había sido estrepitosamente rechazado.

Decidió darle un giro radical a su vida. Completamente quebrado, sub arrendó su casa en Santa Mónica y se trasladó a San Diego. Fue allí donde descubrió el vino. Primero, la belleza y potencia de los viñedos en Napa Valley y después su sabor y exquisitez en una pequeña tienda de vinos cerca de su casa. “Todos los días, de tres a cinco de la tarde, se hacían degustaciones por cuatro dólares. Yo iba muy seguido, porque mi vida era muy solitaria y era una buena oportunidad de socializar. Al mismo tiempo, comencé a jugar golf en una viña, donde hacían degustaciones gratis”, dice.

De esas experiencias empezó a gestarse la idea de escribir Sideways (Entrecopas). “Un día invité a un amigo a una cata de vinos. El me dio la idea de escribir el guión de una película. Y lo hice, pero no resultó”, dice.

¿Entrecopas primero fue guión?
Sí, se llamaba Two Guyson Wine. Lo hice en dos semanas, pero la verdad es que nunca quedé muy satisfecho. Algunas semanas después, escribí una historia corta acerca de las catas en primera persona y quedó muy divertida. Ese fue el momento de la epifanía: lo que tenía que hacer era una novela, en primera persona y cuyo relato comenzara en una tienda de vinos. Nueve semanas después estaba lista.

¿Por qué sentiste que la misma historia iba a funcionar mejor como novela que como guión?
Yo tengo una metáfora para eso: escribir una novela es como estar frente a un inmenso lago y caminar hacia adentro, dando cada paso lento y con esfuerzo por el peso del agua, hasta quedar empapado. El guión, en cambio, es similar a pararse en la orilla, tirar una piedra y ver cómo esta salta en la superficie.

¿Pensaste alguna vez que podía transformarse en un fenómeno?
Cuando escribí ese libro estaba absolutamente quebrado, por lo que puse todas mis energías ahí. Aunque no tenía demasiadas esperanzas, tampoco sentía miedo… no tenía nada que perder.


PINOT NOIR Y EL SUCESO

Para su propia sorpresa, el director Alexander Payne compró los derechos para adaptar la novela al cine antes de que saliera publicada. Fue así como, el 2004, la historia de Miles y Jack, dos amigos cuarentones de personalidades opuestas que viajan por una semana a los viñedos de Santa Ynez, fue un éxito de taquilla y ganó un Oscar al mejor guión adaptado. Pero lo más increíble fue el impulso que esta película significó para el mundo del vino.

“I’m not drinking any fucking merlot” es una de las frases más famosas de la película. Ni Rex ni nadie imaginó que esas palabras pudieran mermar las ventas de esa cepa, ni mucho menos, que se la sacarían en cara para siempre. “Es la pregunta que más me hacen… esa frase ni siquiera estaba en la novela, era parte del anterior guión que escribí. Yo nunca he dicho que el Merlot sea malo. De hecho, puede ser muy bueno. Lo que me importaba era destacar la cepa que a mí, en particular, me gustaba y que no era tan conocida: el Pinot Noir.”, dice.

Y efectivamente, Miles era un fanático del Pinot Noir y sus desventuras tuvieron como consecuencia que, en Estados Unidos, las ventas de esa cepa pasaran de un uno a un ocho por ciento del mercado. “Sideways es una marca muy grande, hay miles de fans alrededor del mundo y nunca esperé que algo así sucediera”, explica.

La segunda parte de la novela salió al poco tiempo. Vertical fue publicado de manera independiente y es, al igual que su antecesora, un reflejo de la vida de su propio autor. En esta etapa, Miles es un escritor conocido, cuya primera novela fue un tremendo éxito. Invitado a un festival de vino en Oregón, vuelve a sumar a su amigo Jack, recién divorciado. Al final de la cinta, conocen a una mujer de origen hispano; ese es precisamente el punto que podría conectarlos con Chile.


THE CHILEAN WINE

“Siempre dije que si escribía otro libro tenía que ser en la costa Pacífico. Partimos en California, seguimos en Oregón… la lógica era terminar la trilogía en el sur. Además, Chile tiene características similares en clima y condiciones medioambientales. Era el mismo potencial, al que se sumaba lo atractivo que resultaba para mí venir al fin del mundo”.

¿El vino chileno tiene alguna presencia en Estados Unidos?
Prácticamente ninguna. No ocupan lugares destacados en las tiendas y no existen en las cartas de los restaurantes. Hay que potenciar el origen y la identidad de sus vinos, tal como lo hacen en otros países con el café, por ejemplo.

¿Por qué decidiste venir aquí y no ir a Argentina?
Siempre me interesó Chile. Creo que es un país muy diverso y, como tal, hay que darlo a conocer. Argentina tiene vinos interesantes, pero acá es diferente; el potencial es incalculable.

¿Cuánto sabías tú de vino chileno?
No mucho, en realidad. Sabía la historia del Carmenere, su descubrimiento casi accidental y de como lo habían colocado en el mercado, tal como los argentinos lo hicieron con el malbec. Tienen todos los microclimas y suelos, he probado vinos realmente buenos y lo que más me gusta es que tienen la capacidad de hacerlos todos: desde cabernet sauvignon a chardonnay, pasando por todas las cepas posibles.

¿Algún favorito?
La verdadera revelación para mí han sido los Sauvignon Blanc y el Syrah. Creo que en vinos blancos tienen una calidad extraordinaria, de clase absolutamente mundial. Obviamente, también me ha gustado mucho su Pinot Noir.


“Siempre dije que si escribía otro libro tenía que ser en la costa Pacífico. Además, Chile tiene características similares en clima y condiciones medioambientales”.

 

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