Reconocida por sus vestidos de novia y convertida en un referente del buen gusto, nos abre las puertas de su casa en Chicureo para mostrarnos su otra pasión: el diseño de interiores. Nos sorprendimos con un lugar lleno de “onda”, con rincones y detalles alucinantes pero, sobre todo, con un hogar: un espacio que, más allá de los objetos y muebles exclusivos, invita a vivir cada uno de sus rincones.
Por Mónica Stipicic / Fotos: José Luis Salazar
Llegar a la casa de Macarena Cortez ya es aterrizar en un mundo completamente nuevo. Lo primero que sorprende es el movimiento, el ruido y la gente. Desde que decidió dejar su taller de trajes de novia y trasladarse a trabajar a su casa en Chicureo, su vida se revolucionó un poco.
Entre el jardín, las habitaciones y la cocina circulan sus ayudantes en la tienda, las costureras, la gente que trabaja con ella en la casa, clientas, su pareja el chef Germán Pino y la reina absoluta, la pequeña Olivia, de casi tres años, la única hija de Macarena y regalona de todos quienes habitan este lugar.
Estudió arquitectura, pero siempre el mobiliario y la ambientación le fascinaron. Y eso se nota en los distintos rincones de su hogar, muchos de ellos concebidos de manera casi teatral: imaginamos que nada está allí puesto al azar, aunque, en realidad, la intención es que así parezca. Que todos creamos que los muros y jarrones negros del living siempre estuvieron allí, al igual que las telas y hamacas que cuelgan en el jardín.
“El gusto por la decoración es una cuestión familiar, aunque debo reconocer que cuando era chica me cargaba mi casa, la encontraba súper anticuada”, recuerda. La decoración de las mesas, por ejemplo, es un gusto heredado.
Quizás por lo mismo, y sin buscarlo, Macarena terminó dedicada a hacer trajes de novia. “Soy absolutamente autodidacta. Siempre me ha gustado coser pero nunca estudié. Hace once años una amiga me convenció de que le hiciera el vestido y desde entonces no he parado. En época de alta demanda puedo tener más de cincuenta novias al mismo tiempo. Por lo mismo, y junto a mi pareja, estamos trabajando en la organización y puesta en marcha de un nuevo concepto de matrimonios, el de la banquetería boutique; pensado para un público más exclusivo, para novios que tienen más de un matrimonio y que poseen otro poder adquisitivo”, explica.
CALIDAD DE VIDA Y ESPACIO
Compró la casa de Chicureo en que vive y trabaja hace tres años. No estaba muy clara de lo que quería, pero cuando la vio, comparó el precio versus la calidad de vida y los espacios, y no lo pensó dos veces.
“Me gustó el jardín. Pero era una casa chilena por lo que decidí remodelarla; quería espacios más amplios, así que reduje solo a dos dormitorios grandes y el resto lo transformé en salas amplias”, explica. El proceso de arreglos comenzó una semana después del terremoto y con Macarena embarazada de ocho meses: “fue un período muy intenso, no sirvo mucho para delegar, entonces me metí en todo el proceso, compré materiales, negocié con los maestros… pero el resultado valió la pena y, en octubre del 2010, ya estaba instalada viviendo aquí”.
Terrazas grandes, quincho espacioso y un jardín verde que riega diariamente con mucha paciencia (no tiene riegos automáticos) y que está coronado por su nuevo proyecto: enredaderas que cubrirán toda la casa: “las acabo de plantar, así que espero, en un par de años, que toda mi casa sea verde”, anuncia.
Si tuviera que escoger algún rincón de la casa, el primero que se le viene la cabeza es la puerta de entrada: “Siempre quise una puerta antigua, ojalá de estilo marroquí. La busqué durante harto tiempo hasta que la encontré en la tienda Travesía. La vi y la compré de inmediato, sin pensarlo mucho… en general soy bastante decidida con lo que compró, aunque tengo ciertos límites”.
Otro de sus espacios favoritos es la cocina, ambientada completamente en estilo provenzal. “Siempre supe que quería una cocina acogedora, con estanterías grandes y de vidrio. Los muebles los mandé a hacer a medida y las telas las puse yo misma. En general, no me gustan las casas modernas, me interesa que tengan historia y sean eclécticas, que no se vean viejas, pero sí con onda”.
“Siempre quise una puerta antigua, ojalá de estilo marroquí. La busqué durante harto tiempo hasta que la encontré en la tienda Travesía. La vi y la compré de inmediato, sin pensarlo mucho”.