Hace poco asumieron la fotografía como una profesión; casi en un acto de madurez, decidieron que era el momento de disfrutar la pasión que les provoca apretar el obturador.
Por Carolina Vodanovic/ Fotos José Luis Salazar
Son rostros que frecuentan reuniones de la élite social. Es normal verlas en eventos en Casa Piedra, en cocteles, lanzamientos, simposios y seminarios. Pero no son modelos ni actrices; lo suyo es esconderse tras un lente y pasar largas horas a solas en el cuarto oscuro viendo nacer alguna de sus propuestas. Ellas son artistas, son fotógrafas.
Pamela Fernández-Corujedo, Belén Muguiro e Isabel Fernández comparten el gusto por la imagen y, a través de ella, han consolidado una estrecha amistad. Son mujeres de cuarenta y tantos que, desde no hace mucho tiempo, se dedican de lleno a tomar fotos. Aunque siempre han sentido la necesidad de comunicar a través de este medio, solo hace algunos años hicieron de esta pasión su profesión.
Isabel Fernández es separada, madre de tres hijos y estudió diseño en la Universidad Católica. Cuenta que la fotografía siempre estuvo presente en su vida, “¡pero el minuto mágico fue la primera vez que entré al cuarto oscuro!”. Asegura que, si bien tuvo clases de fotografía en la universidad, no fue hasta hace un año que aprendió a hacer fotos.
“Me enamoré del trabajo en serie, de esa manera de crear que tiene una matriz que uno vuelve a interpretar un montón de veces de manera diferente y que todas las partes del proceso involucran un proceso creativo nuevo y distinto, pero que sigue siendo creación de uno”, cuenta.
¿Qué te llamó la atención en la fotografía?
Para mí, lo más atractivo es tener el proceso en la manos desde que uno pre-visualiza la foto hasta que la tienes realmente encima de la mesa. Me parece fascinante poder presentar el mundo de la manera que uno quiere verlo. Es como mi manera de desligarme de la realidad y eso me genera un nexo amoroso muy potente con la cámara.
¿Qué es lo que más te gusta retratar?
Lejos, lo que más me gusta es el trabajo con la sombra, la oscuridad, la luz y el contraste. Me encierro en el cuarto oscuro y en esas horas de soledad entro en ideas no pensadas, en procesos creativos mágicos, que son alucinantes y que solo ocurren en esa oscuridad.
¿Qué estás haciendo en este momento?
Estoy volviendo al instante en el que se inventó la rueda. Siento un llamado y lo estoy gozando mucho. Me pasa que se me da el lenguaje del papel y, por ende, mi fotografía está muy relacionada con el libro. Ojalá nos pudiéramos comer un libro, vivirlo, olerlo. Lo mío tiene mucho más que ver con la página que con el muro, por eso experimento con químicos y papeles. Acabo de publicar un libro con la fotografía de Fernanda Larraín y estoy trabajando en uno de mi autoría que todavía está muy en pañales.
VENCIENDO LA TIMIDEZ
La historia de amor de Pamela Fernández-Corujedo con la fotografía también ocurrió en la madurez de su vida. Casada y madre de tres niñas, se tituló de diseñadora de ambientes. Pero no fue hasta que conoció a Luis Poirot, que descubrió que lo suyo era hacer fotos y desde ese día no ha parado. “Cuando nació mi último hija, la Augusta, entré a estudiar fotografía análoga al taller de Lucho. Siempre me gustó la fotografía, pero creo que mi inicio real fue cuando entré a su taller. Él me dio permiso para equivocarme, para hacerlo mal y al final poder decir esto me encanta”, cuenta.
Confiesa que la fascinación por el cuarto oscuro es algo que todas comparten y que para ella es “definitivamente un vicio. Uno dentro del laboratorio pierde la noción del tiempo, es el único lugar donde pasa eso. Allí dentro el tiempo vuela”.
¿Qué valor tiene la fotografía en tu vida?
La fotografía es para mí una fuente inagotable de aprendizaje. Cada día voy descubriendo algo nuevo, siento que hay un aporte en mi oficio cada vez que tomo una foto.
Pamela se confiesa súper celosa de su anonimato y dice que le cuesta mucho mostrar sus fotos. Con esfuerzo ha debido trabajar esa timidez, ya que acaba de inaugurar un proyecto denominado Al Ocaso en el Oasis, junto a Belén Muguiro y Catalina Jaramillo, donde exhiben fotos análogas en blanco y negro de San Pedro de Atacama y sus alrededores.
“Armamos este proyecto donde mostramos nuestra pasión por la luz y este verano se va a exhibir en el Museo Arqueológico de San Pedro. La idea es armar un colectivo y que luego venga a Santiago, buscando luz aquí, en la capital”, comenta.
¿Qué objetivo te planteas al tomar una foto?
Mi finalidad es disfrutar cada momento en el que estoy haciendo las fotos. Uno siempre intenta dar lo mejor y sacar lo mejor. Es un momento de pleno goce. Para mí es un privilegio poder hacer lo que me apasiona. Yo disfruto la fotografía”.
MIRADA EXTERNA
La española Belén Muguiro es la única extranjera del grupo. Hizo un diplomado en marketing y gestión comercial en el ESEM, en Madrid, pero confiesa que si bien no fue lo que eligió de carrera “la fotografía ha estado siempre en mí, hemos nacido a la par”. De hecho, su primer sueldo dando clases de flamenco fue destinado a comprar una cámara de fotos.
De niña vivía en un edificio familiar del que tuvo que arrancar en dos oportunidades por amenazas de bomba de ETA. “Yo cogía mi mochila, vaciaba los cuadernos y metía mis álbumes de foto y mi máquina Kodak”, cuenta Belén. Los mismos álbumes y cámara que hoy la acompañan en esta nueva travesía en Chile.
En nuestro país, y gracias a la estrecha colaboración de Isabel, se animó a hacer un libro de fotografía análoga, con autorretratos: “yo tenía una serie de fotos, para mímuy potentes, que hablaban de un momento especial en mi vida y me animé a hacer un libro con la ayuda de Isabel. Ella sabe muchísimo de papel y estamos buscando lo artesanal, adaptando el libro a mis fotos, sin una carrera contra el reloj”, dice Belén.
¿Qué significa la fotografía para ti?
Es una parte de mí. No podría definirla como algo ajeno. Soy yo. Significa paz, silencio, tranquilidad, soledad, compañía también. Exteriorizar lo que soy. No soy muy dada a hablar, pero a través de la fotografía saco mi tensión. Es mi compañera de vida, mi cómplice.
¿Qué te gusta fotografiar?
Me gusta fotografiar los detalles, la abstracción. Tener una foto en la que se mezcle la luz y la sombra. Ese diálogo que se produce entre sombras y detalles. Me encanta viajar y combinar la fotografía con el viaje, pero mis fotos son de detalles, en ellos me evado y me siento protegida, más que en toda esa inmensidad del desierto, del lago o de una ciudad.
¿Qué te inspira a tomar una foto?
La respuesta es quién y es qué me inspira. Son mis hijos, es la tristeza, es la alegría, es la luz; sobre todo es la conversación, la considero imprescindible. Es esa comunicación entre luz y sombra. El detalle, porque el día a día es el detalle, esa sonrisa que hace que el día sea más agradable o menos agradable.
Las tres son mujeres profundas, que coinciden en que la fotografía es el lenguaje de la madurez. “Son decisiones constantes y continuas”, dice Isabel. Y gracias a esa madurez es que han podido sortear situaciones incómodas: “cuando las personas no aportan, no están relajadas, resulta muy difícil tomar las fotos. Tener una máquina de fotos delante resulta invasivo, por ende no son las primeras fotos que tomamos las que finalmente elegimos; ahí las personas están más rígidas, pero luego se van soltando y logramos reflejar la esencia de la persona en cada foto”, explica Belén.
¿Qué pasa cuando una persona no quiere tomarse una foto?
(Isabel) Es alucinante entrar en contacto con la gente, porque uno muchas veces tiene que forzar situaciones y hay que coquetear un poquito. Terminan pasando cosas fascinantes.
“Sin ir más lejos, el otro día, cubriendo un matrimonio, terminé bailando salsa con el hermano de la novia. Y eso hace que aparezcan fotografías diferentes. Uno se involucra más, se mete en la pista, se suelta y hace que los demás se suelten”, dice Belén.
Respecto al uso del Photoshop son enfáticas: se utiliza para dar más o menos contraste, más o menos luz, tal como utilizan las manos en la ampliadora para que a un pedazo de la imagen le llegue más luz y pueda resaltar.“El retrato pierde su esencia si se mal usa. Cambias a la persona. Uno no puede pretender cambiar lo que es en ese momento”, opina Pamela. Belén agrega que “no le quito ni la naturalidad, ni la esencia a la foto. No rebajo piernas, ni quito arrugas, porque con eso solo pierdes identidad”.
¿Qué consejos prácticos nos darían para tomar una buena foto?
(Pamela) Lo más importante es evitar los grandes contrastes. Que no haya ni mucha luz, ni muy poca luz. Al mediodía lo ideal es tomar la foto en el interior”.
En tanto, Isabel aconseja que cuando tomemos fotos en vacaciones, no hay necesidad de que aparezcamos siempre nosotros. “Saquemos una linda foto de los niños y otra con todo el paisaje. Así evitamos que la foto salga oscura o las personas desenfocadas”, recomienda.
Para Belén, lo más importante es la composición. “Con una buena cámara en automático solo debemos ubicar el triángulo para tomar una buena foto. Que las personas no estén puestas a modo de equipo de fútbol. Es uno como fotógrafo quien debe moverse buscando el ángulo, la perspectiva”, dice.
Las tres aseguran que mientras más natural la foto, mejor. Así, lo ideal es que las personas miren a la cámara y si hay dos personas, ojalá también se miren entre ellos. Consejos de expertas.
“Mi fotografía está muy relacionada con el libro. Ojalá nos pudiéramos comer un libro, vivirlo, olerlo. Lo mío tiene mucho más que ver con la página que con el muro, por eso experimento con químicos y papeles”. Isabel Fernández.