Ser padres hoy implica nuevos desafíos. Los niños de este siglo están expuestos a estímulos que nuestros padres ni siquiera imaginaron: televisores, computadores, celulares y videojuegos. Cómo guiarlos en el consumo responsable es la tarea de María Teresa desde su lugar en la Fundación Queveo.
Por Mónica Stipicic H. Foto/ Juan Francisco Cárcamo
Hoy las niñitas de cinco años ven programas adolescentes y aprenden sensuales bailes, mientras los niños pasan horas instalados frente a consolas de videojuegos disparando sin tregua. ¿Es posible prohibirles el acceso a ese tipo de tecnologías? Muchos padres lo intentan sin éxito. Otros, siguen las directrices de expertos y asumen que si sus hijos van a estar expuestos a estos contenidos, mejor lo hagan bajo su guía y ojo crítico.
Ese es el objetivo central de Fundación Queveo y el trabajo que realiza desde la gerencia María Teresa Bolados (periodista, mamá de tres niñas entre cinco años y tres meses). “Vengo de una familia grande, somos once hermanos, y me considero una nativa digital, de la generación que nació conviviendo con la tecnología y que no necesita manuales de instrucciones para echar a andar un aparato. Por lo mismo, cuando quedé embarazada de mi primera hija, me empezó a dar vueltas la idea de informarme acerca del tema para poder ser una mejor mamá. Sentí que la única manera era meterme en el mismo carro que ellos. Así llegué a la fundación, dejé la pega como periodista de medios (trabajó en Canal 13 cable y El Mercurio) y empecé a trabajar acá cuando mi guagua aún no nacía”, explica.
¿Cómo y por qué nace una organización como esta?
Queveo existe desde hace quince años, aunque antes se llamaba Fedepadres. Al momento de su formación el tema era la televisión, que era la única “pantalla” que existía. Hoy nos hemos ampliado a computadores, videojuegos, celulares, porque nuestro principal desafío es ser una guía para los padres en temas de tecnología. Es impresionante lo poco que saben ellos acerca de las costumbres de sus hijos.
“Trabajamos mucho con los colegios. Hacemos encuestas a los padres y a los hijos por separado, preguntándoles, por ejemplo, cuántas horas de consumo de “pantallas” tienen al día. Es increíble constatar que el tiempo promedio de los niños es de seis u ocho horas. Mucho más de lo que sus papás imaginan”, dice.
¿Cómo trabajan ustedes con esa información?
Analizamos los contenidos y recomendamos. No prohibimos, sino que damos pautas de conversación, intentamos que los niños desarrollen conciencia crítica, conciencia digital responsable; si un niño no sabe que algo no le hace bien, difícilmente tendrá algún criterio para elegir… y no podemos cerrar los ojos, no hay forma de manejar lo que pueda hacer en la casa de un amigo. Por lo mismo, es importante que él conozca los pros y los contras. No hay que olvidarse de que esta es la única generación en que los hijos tienen algo que enseñarles a sus padres; ellos saben mucho más del tema y hay que darles la oportunidad de que nos “eduquen”, sin olvidarnos de que nosotros sabemos perfectamente quién puede estar detrás de la carita sonriente del chat y ellos no.
CUATRO BÁSICOS
Tiempo, contenido, lugar e interactividad. Esas son las variables que todos los padres debieran considerar al momento de enfrentar a sus hijos a las nuevas tecnologías. Por supuesto que cada familia y cada niño son diferentes, pero existen ciertos conceptos básicos para tener en cuenta.
¿Cuánto tiempo es recomendable que un niño esté diariamente frente a una pantalla?
Claramente, ocho horas no es lo más adecuado… Si pensamos que en época escolar los niños tienen apenas seis horas libres para distribuir en jugar, comer y ver pantallas, lo adecuado es que no sean más de dos horas diarias. Muchos papás trabajan fuera de la casa, pero si los tiempos se establecen desde un principio y de común acuerdo, no debiera ser tan conflictivo.
El tema de los contenidos es quizás el más complejo…
Está claro que los niños no pueden ver de todo. En el caso de los videojuegos es increíble, porque muchas veces los padres ni siquiera ven las advertencias que ponen los mismos fabricantes en las carátulas y que especifican rangos de edad… y podemos encontrarnos niños de seis años jugando Call of Duty, un juego de guerra demasiado violento para su edad. Y otras veces son los mismos papás los que juegan frente a sus hijos. En el tema de internet existen filtros y buscadores específicos para niños, pero nada funciona mejor que la mediación parental.
¿Por qué el lugar es tan importante?
Dónde está la pantalla es un tema básico: siempre deben estar fuera del dormitorio, en lugares de alto tráfico, donde sean visibles y ojalá con un reloj al lado, para formar conciencia crítica respecto al gasto de tiempo. El caso de los celulares es más complicado, porque van con ellos a todas partes. Ahí el tema pasa por la mejor edad para que los niños tengan su propio teléfono. Hemos visto niñitos de Pre-Kinder con BlackBerry… Lo recomendable es esperar a que el niño lo pida y asociarlo a la mesada.
¿Cómo responden los niños a estas medidas?
El tema de no prohibir sino que mediar funciona muy bien con los niños. Este es un tema en que hay que aprender a transar y dar ejemplo con nuestros propios consumos digitales: si el papá llega a la casa conectado y sigue chateando durante la comida no podemos esperar otra cosa de los niños…
¿Qué pasa específicamente con la interactividad?
La televisión de antes no es como la de ahora. Hoy en día casi todos los aparatos tienen conectividad, las consolas de juego pueden estar en línea, lo mismo pasa con las redes sociales. Tenemos que hacernos cargo, saber quiénes son sus amigos e intentar sacar provecho de eso. Aunque nos cueste asumirlo, la plaza de juegos se trasladó a internet.
¿Cuáles son los riesgos a los que se exponen los niños en el consumo de “pantallas”?
Las imágenes quedan… si un niño muy chico consume pornografía es muy difícil para él eliminar esa imagen. Ojalá podamos conseguir que lo cuente, conversar el tema y escucharlo sin retarlo. Lo otro es tener real conciencia de lo que implica la huella digital: el día de mañana su nombre va a tener una historia asociada, van a existir fotos, videos, comentarios… aunque uno lo borre, una vez que eso sube a internet queda ahí.
¿Hay diferencias entre niños y niñas?
Sí. Los hombres son mucho más de acción, de juegos. Ellas, en cambio, prefieren los chat, las redes sociales, subir fotos. Es básico enseñarles acerca de los niveles de privacidad, explicarles que no es necesario entregar tanta información, que una sola foto puede decir demasiadas cosas acerca de ti. En el fondo se trata de ayudar a formar personas integrales.
“Hacemos encuestas a los padres y a los hijos por separado, preguntándoles cuántas horas de consumo de “pantallas” tienen al día. Es increíble constatar que el tiempo promedio de los niños es de seis u ocho horas. Mucho más de lo que sus papás imaginan”.