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EDICIÓN | Enero 2013

Rescate étnico

Andrea Aguirre Zerega, orfebre
Rescate étnico

Con una propuesta distinta —inspirada en una mezcla de cultura ancestral y contemporánea— esta artista en joyería ha incorporado gradualmente, en sus diseños y colecciones, su esencia de antropóloga social. Metales, resina, fieltro y piedras preciosas van configurando piezas únicas, con sentido de pertenencia y elaboradas siempre… con una intención.
 

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.         

Partió haciendo joyas como un pasatiempo, a los diecisiete años. En estado de hipnosis se quedaba observando a los artesanos en la playa, mientras torcían los alambres e hilvanaban pequeñas piedras de colores. Desde entonces, su afición por crear joyas no ha tenido descanso, incluso cuando ingresó a la Universidad de Chile a estudiar arqueología, se daba el tiempo para crear diferentes piezas y venderlas entre sus amistades. “Cuando estaba en tercer año de arqueología, tuve una experiencia fuerte en la isla Navarino, que me marcó. Estuvimos cavando un mes y medio en un sitio y me di cuenta de que esa vida no era para mí. Me percaté del trabajo, de la rutina del arqueólogo y no me gustó”, sentencia Andrea.

¿Te decepcionaste de la carrera que elegiste?
Sí, me decepcionó esta cosa tan etérea de buscar piezas y rodeada de tantas elucubraciones. Necesitaba algo más concreto y opté, entonces, por antropología social. Me titulé y trabajé un tiempo en esto.

Entonces, entra en escena la orfebrería…
Siempre me llamó la atención y nunca dejé de hacerlo. Hice un curso básico y me compré las primeras herramientas cuando era una adolescente. Después me casé y nos vinimos a vivir a La Serena. Tuve a mi hija y por una necesidad intrínseca me lancé a crear.

¿Así comienzas a perfeccionar tu oficio?
He hecho varios cursos. El primero fue con Ricardo Livedinsky. Con él aprendí a hacer los engastes invisibles y en pavé. Esta técnica me encanta, porque requiere de mucha precisión. Luego tomé un curso con Gabriela Harsanyi y este año hice un curso de titanio anodizado, con Mirna Koral Kovas, en la Escuela Walka.

¿Qué materiales y técnicas aplicas en tus piezas?
Los materiales que utilizo son bastante aleatorios, de preferencia utilizo la plata. Las técnicas son engaste de piedra, plata sola, mosaico de piedra natural, resinas, fieltro y, actualmente, me dedico a la mezcla de metales.

¿En qué te inspiras para crear?
Cuando comencé a trabajar la resina, sentí que tenía mucha relación con el arte de Joan Miró y de Piet Mondrian. Quise crear joyas que evoquen estas obras, pero cada colección es distinta.


MODERNIDAD EN LO ANTIGUO

Andrea se declara obsesiva y perfeccionista en su trabajo. Tiene la fortuna de levantarse cada mañana y entrar a su taller, ubicado a un costado del living de su casa. Luminoso y con una privilegiada vista al mar, cuenta con todos los implementos necesarios y un sinfín de herramientas, que le permiten dar rienda suelta a la creatividad y a su mayor pasión.

¿Lo étnico, es una tendencia muy marcada en tus joyas?
Sí, absolutamente. Lo étnico está muy presente, porque está muy relacionado con mi profesión. Me alucinan las piezas antiguas, sus formas simples, las superficies martilladas, lograr la delicadeza en una pieza, para que esta siga siendo rústica.

¿Esta tendencia está marcando tu sello creativo?
En esto hay un tema pendiente. Me encantaría poder trabajar, con mayor profundidad, lo que es la herencia del diseño étnico y su rescate. En la zona norte, encontramos muchas imágenes en geoglifos o petroglifos. Esto podría generar un sentimiento de pertenencia de la tierra y que nos haga sentir parte de esta cultura.

¿Lograr una integración de lo moderno y lo antiguo?
Que sean más atrevidos, por ejemplo, hacer diseño étnico con resina flúor. Tenemos herencias de culturas ancestrales, pero vivimos en un mundo globalizado. No podemos abstraernos de eso, entonces, la idea es integrar técnicas actuales con presencia de lo antiguo.

¿De qué depende lograr este objetivo?
A veces me siento limitada por el mercado, por prejuicios o porque la gente pide un determinado diseño; sin embargo, en mi última colección hice trabajos de cobre y bronce y me llevé la gran sorpresa que fue muy bien recibida. Mi línea va por ese camino… de investigación, con una propuesta distinta.

INSPIRACIÓN ARQUEOLÓGICA

De la cultura Rapa Nui, maya, inca o medieval, Andrea extrae imágenes, las lleva al papel y luego al metal. Así también, de un dibujo natural marcado en la arena por las olas del mar, Andrea toma una fotografía y se imagina una joya. “Tengo mucha sensibilidad de las imágenes, todo puede ser una joya… todo me inspira”, recalca.

¿Pones, también, la arqueología en tus manos?
Mi profesión está muy presente. Todo está relacionado, a pesar de que no lo ejerzo, soy lo que soy, gracias a mis estudios, vivencias, viajes y experiencias.

En general, ¿cuál es la percepción de la gente?
Todos los años preparo una colección diferente y la recepción es muy positiva.

¿Ya estás pensando en tu próxima colección?
En lo inmediato, quiero trabajar con las piezas que traje de Brasil: ciprinos, topacio azul, amatista, granate, ópalos y esmeraldas. Quiero hacer composiciones con mucho color y de diseños entretenidos.

¿Disfrutas todas las etapas de tus creaciones?
¡Sí! Este es mi mundo. Entro a mi taller y soy feliz; es maravilloso decir ¡me sienta bien hacer mi trabajo!


“Me alucinan las piezas antiguas, sus formas simples, las superficies martilladas, lograr la delicadeza en una pieza, para que esta siga siendo rústica”.

 

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