Motivada por una tía materna se inició, desde muy pequeña, en este arte, forjando un camino acompañada siempre de su flauta traversa. Con más de quince años de estudio en Polonia, finalmente el amor de un músico chileno la trajo a estas tierras. Hoy, es primera flauta en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de La Serena, una oportunidad —para ella— maravillosa, donde se luce como solista en gran parte de los conciertos.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Detrás de un cuerpo menudo y muy delgado —casi frágil— descubrimos a una mujer con una fuerza interna que sobrecoge. Sus intensos ojos celestes tienen un brillo especial. Mientras conversamos, el recuerdo constante de su familia polaca deja relucir la emoción que le provoca la distancia, más aún cuando habla de su madre, quien al poco tiempo de visitarla en Kadlubiec, su pueblo natal, falleció tras una larga enfermedad.
Entre el amor y la perseverancia, Joanna Tic (30) ha construido su historia en compañía de la música. “A los seis años toqué una melodía en flauta dulce y mi tía Mónica Wojciechowska, que tocaba flauta en ópera, decidió enseñarme. Ella fue mi primera maestra”.
Su pasión por este arte, la llevó a especializarse en flauta traversa. Más de quince años de estudios, desde la escuela básica hasta la universidad, marcaron la promisoria carrera de Joanna y el inicio de una nueva vida… tan lejos de su querida Polonia.
El amor la trajo a Chile y su profesionalismo la llevó a convertirse en la primera flauta de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de La Serena.
SACRIFICADA PASIÓN
El arte, sin duda, es lo tuyo, ¿también estudiaste ballet?
Sí, me gustaba mucho el ballet, pero dejé las clases porque mi profesora falleció. Me dediqué exclusivamente a aprender flauta traversa y comencé a participar en diversos concursos nacionales e internacionales.
A tan corta edad ¿ya comenzabas a destacarte?
A los doce años obtuve el tercer lugar del concurso “Joven Músico”. Fue un reconocimiento importante porque participaron muchos artistas.
Tu infancia debió ser un período de mucho sacrificio
No recuerdo muy bien cómo lo hacía, porque además debía estudiar las materias del colegio. Sí recuerdo que practicaba flauta en las noches, hasta que mi madre me mandaba a la cama y me decía ¡basta! (risas). Es que me encantaba leer y descubrir partituras nuevas.
¿Dejaste de hacer cosas por tus estudios o ensayos?
Me perdí la posibilidad de compartir algunos momentos familiares. Al terminar la escuela básica, toda mi familia se fue a conocer el campo de concentración de Auschwitz y yo no pude ir porque tenía exámenes. Otras veces, estaba disfrutando de un almuerzo y mi tía me decía ¡tenemos que ensayar! Como era una niña, en ocasiones decía ¡oh, no!
Al salir del colegio, a los quince años, ingresa al Liceo de Música en Katowice, para especializarse en flauta. Salió de su pequeño pueblo y se encontró con una realidad muy distinta a lo vivido.
¿Fue muy fuerte el cambio?
Me fui interna a este liceo, porque no tenía más alternativas. Aquí me enfrenté a una educación de muy alto nivel, pero también me encontré con un profesor demasiado exigente. Era bastante colérico y dejaba llorando a mis compañeras. Dos años estudié con el profesor, Marian Katarzynski. Él era muy importante y tocaba la primera flauta en la Orquesta Nacional de Silesia, pero sus métodos de enseñanza eran muy especiales.
No fue una buena experiencia…
Él tenía la idea de que la flauta sonara ruidosa, fuerte, que casi explotara, pero a mí siempre me pareció que la flauta debía sonar con más delicadeza, similar al sonido que los franceses dan a este instrumento, es decir, un sonido puro y estético.
¿Tuviste la posibilidad de cambiar profesor?
Sí, pedí el cambio. Por tres años tuve como profesora a Malgorzata Komorowska. Ella era muy positiva, más abierta y pude proponerle mis intenciones de como quería tocar la flauta y el sonido que, intuitivamente, quería darle.
UNIVERSIDAD DE VARSOVIA
Tras su permanencia de cuatro años en el Liceo de Música, Joanna comenta que cometió un error. Decidió continuar en Katowice, pero nuevamente tuvo una mala experiencia con otra profesora y eso la llevó, después de un año, a tomar la gran decisión de su vida: entrar a la universidad.
¿Cómo fue el proceso para ingresar a la universidad?
Decido estudiar en la Universidad Federico Chopin de Varsovia y, la verdad, no es fácil entrar porque existe mucha competencia. Eran solo dos vacantes, tuve que dar un examen y competir con nueve flautistas más. Me fue bien y quedé.
¿Eso fue un gran paso?
Así es, si no quedaba ese año, no había más opciones. Era ¡ahora o nunca! Tuve que preparar tres piezas en estilo romántico, clásico y barroco, con acompañamiento de piano. Además, tuve que leer una partitura sin preparación y dar varios exámenes teóricos. Quedar en la universidad fue un gran momento de alegría y satisfacción.
¿Comienzas, entonces, una nueva y larga etapa de estudios?
La carrera universitaria dura cinco años. Consta también de una preparación para tocar en orquestas. En el último año presenté dos recítale o audiciones. Una comisión es quien evalúa este examen final y me fue bien. Fue un período muy duro, porque en esa época mi madre se enfermó gravemente. Ella no pudo asistir a mis audiciones.
A pesar del dolor, lograste tu sueño…
Fue muy fuerte. El término de este período fue muy complicado para mí. Mi madre estuvo enferma casi cuatro años y falleció en el 2011. No pude viajar porque estaba en Chile y había llegado hace poco de Polonia. Esa fue mi despedida (se emociona).
AMOR CHILENO
Joanna, mientras estudiaba en la universidad, conoció al amor de su vida: un chileno becado en Varsovia, que la conquistó con una mirada y un chocolate.
¿Cómo se conocieron?
Yo estaba en tercer año de universidad y él en primero. Un día estaba hablando por un teléfono público, la verdad, discutiendo con alguien. Christian pasó por mi lado y me dejó un chocolate, sin decir nada. Lo encontré misterioso, porque en Polonia nadie hace eso. El estudiaba piano, entonces le pedí que me acompañara en una presentación. Nos conocimos y siempre hubo, entre nosotros, una muy buena energía.
¿Te casaste en Polonia?
Sí, después de cuatro años de pololeo.
En ese entonces ¿ya estabas trabajando?
Cuando terminé de estudiar hice un reemplazo en una escuela como profesora de flauta. Era la primera vez que enseñaba a niños desde seis a diecinueve años. Preparé a varios alumnos que luego participaron en concursos.
¿Cómo fue esa experiencia de enseñar?
Muy buena. Mi sistema de enseñanza era más abierto, les preguntaba a los chicos qué instrumento querían tocar. Tuve a un alumno de siete años, a quien le costaba tocar la flauta porque estaba mudando sus dientes y la verdad es que sin la dentadura resulta muy difícil tocar. Nunca le dije que no servía, al contrario, siempre lo motivé y el resultado fue muy bueno, obtuvo el mejor puntaje en el examen final.
Y ¿en qué momento se vienen a Chile?
Christian tenía que regresar a Chile porque había terminado su beca. Estuvimos dos años preparando a la familia, porque sabíamos que, en algún momento, nos teníamos que ir.
¿Te acostumbras a la vida de este país?
La gente acá es amable, pero en la vida cotidiana es difícil acostumbrarme. Voy al banco o a un supermercado y hay unas filas enormes. Mi pueblo era muy pequeño en Polonia y eso, nunca lo viví. Hay que tener mucha paciencia.
Ambos son músicos, ¿se puede vivir de esto?
Cuando llegamos a Chile, fue una etapa complicada, porque, en mi caso, me enteré que estaba embarazada y sabía que no sería fácil encontrar trabajo. Las cosas comenzaron a mejorar con el tiempo y surgió la posibilidad de postular a un concurso en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de La Serena.
OTRA DIMENSIÓN
Joanna dio el examen entre varios postulantes y quedó. Desde agosto del año 2011 forma parte de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de La Serena. Comenta que esta experiencia ha sido muy positiva, se siente cómoda y feliz porque el estilo de música que interpretan aquí es contemporánea, algo muy distinto a lo que hacía en Varsovia.
¿Esto es nuevo para ti?
Absolutamente, en Varsovia tocábamos música antigua y acá los sonidos contemporáneos me hacen sentir más completa. Esto me ha permitido desarrollarme profesionalmente.
¿Cuántas horas al día dedicas a los ensayos?
Todos los días, ensayamos de once a una y media de la tarde, pero además realizamos muchos conciertos y salidas a diferentes lugares de la región, como Illapel, Salamanca, Andacollo, Ovalle, etc. Viajamos mucho.
¿Este es un período de mucho trabajo para la orquesta?
En diciembre realizamos los conciertos navideños y en enero preparamos el concierto “Víctor Jara Sinfónico”, es un musical acompañado de cantantes. En febrero tomamos un descanso para retomar, en marzo, los ensayos de la nueva temporada.
Participar en esta orquesta ¿te ha dejado grandes satisfacciones?
Estar sentada ahí es algo maravilloso, más aún porque soy primera flauta. La adrenalina me acompaña siempre, en especial cuando hay un solo.
¿Cuáles son tus aspiraciones?
Aprender más. Me gustaría hacer un postgrado de dos años y seguir profesionalizándome.
¿Qué significa la música para ti?
La música es entrar a otra dimensión. Cuando comenzamos a tocar, por ejemplo, una sinfonía de Beethoven, me olvido completamente de todo y solo sigo la música… entro a otro mundo.
¿Y el aplauso?
Siempre da mucha alegría, porque detrás de esto hay una gran preparación y dedicamos muchas horas para que todo salga perfecto.
“La música es entrar a otra dimensión. Cuando comenzamos a tocar, por ejemplo, una sinfonía de Beethoven, me olvido completamente de todo y solo sigo la música… entro a otro mundo”