Sabía que este año se venía difícil, pero entretenido, y así fue. El primer semestre tuve que sacar adelante mi proyecto de título mientras aprendía a ser parte del directorio de Desafío Levantemos Chile. Una fundación que había sido golpeada en su corazón, pero que quería seguir viviendo.
La verdad no fue fácil, pero con esfuerzo, perseverancia y trabajo en equipo, todo se puede. Nunca me imaginé el día en que saldría de la universidad, pensaba que esa etapa iba a durar para siempre, hasta que finalmente llegó el día de defender mi proyecto. Agradezco que haya estado mi mamá, mis hermanos, amigas y amigos para apoyarme y celebrar juntos, pero tengo que confesar que fue duro que mi papá no estuviera ese día conmigo para ver el resultado de un año de investigación… De a poco he aprendido a sentir que me acompaña siempre.
Luego vino el segundo semestre y con él, el desafío de enfrentarme a mi primera experiencia laboral formal. Como decía anteriormente, me incorporé al directorio de Desafío y me puse al servicio de las áreas de la fundación para lo que necesitaran: dando charlas, teniendo reuniones, plantando árboles, pintando paredes, acompañando y escuchando.
Durante este año me he ido conociendo en distintas facetas, me he desafiado para saber dónde me siento cómoda, en qué situaciones doy lo mejor de mí y sobre todo, para descubrir qué cosas me hacen feliz.
En esta búsqueda he aprendido que si bien no me gusta hablar en público, si me enfoco no lo hago tan mal, pero prefiero estar tras bambalinas. He aprendido que definitivamente prefiero estar en terreno que en una oficina. He descubierto que me frustra escuchar problemas ajenos si no tengo una solución real que darles. He confirmado mi creencia de que vivimos en un país privilegiado, lleno de sorpresas que aún no hemos descubierto y que solo nos falta explorarlo, disfrutarlo y respetarlo más. La idiosincrasia de nosotros, los chilenos, me fascina, sobre todo cuando se trata de ayudar a quien lo necesita. Aunque me gustaría que el sentido de urgencia para ser solidarios fuera permanente y no solo ante catástrofes o tiempos difíciles.
Este año también ha sido importante para demostrarnos a todos los que quisimos lograr que Desafío siguiera adelante, ¡que si era posible!.
Ustedes han sido testigos de que todas las metas que nos propusimos para este año las hemos cumplido. De nuevo, no ha sido fácil, pero ¿quien dijo que lo era?
Estamos orgullosos y felices de saber que tantos niños están aprendiendo en jardines infantiles dignos, de la más alta calidad, terminando con la desigualdad de origen. Felices de contar con el primer centro de emprendimiento en Estación Central donde hombres y mujeres que hasta ahora no habían tenido la oportunidad de capacitarse podrán cumplir sus sueños gracias a sus propios medios. Los niños que vivían bajo los puentes del rio Mapocho, por fin contarán con un hogar que los ayudará a reinsertarse en la sociedad que tanta veces los ignoró. Las personas afectadas tras el 27F siguen recibiendo nuestra ayuda, tanto en construcción como en apoyo en sus emprendimientos.
Tantos jóvenes se han sentido identificados con nuestro estilo de hacer las cosas, que todos los viernes recibimos a nuevos voluntarios que se la siguen jugando por sacar adelante necesidades que conocen estando en terreno. Podría enumerar un sinfín de cosas que nos tienen felices, pero este año ya pasó y el año que viene nos espera desafiante y expectante para ver si seremos nuevamente capaces.
Algunos desafíos ya los tenemos claros, sabemos que tenemos que cumplir con los cincuenta proyectos que junto al Banco de Chile nos comprometimos para beneficiar comunidades a lo largo de Chile. También sabemos que las necesidades son infinitas, y que nuestro trabajo está recién empezando.
Por eso es que este grupo de incansables desafiados y soñadores ya está listo para empezar un nuevo año. ¡Bienvenido 2013!