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EDICIÓN | Enero 2013

Reflexiones

Por Carolina Arias Salgado info@bazarlapasion.cl
Reflexiones

A pocos días de despedirme del 2012 y presentarme ante el 2013, me parece oportuno mirar hacia atrás y ver cómo estamos, pues pretendo recibir el año nuevo bien parada.

No veo muchas diferencias en relación con los años anteriores; a nivel político estamos igual, económico parece que también, salud… paso, en las religiones no me meto. Es que parece que en la agenda son esos los temas de fin de año.

Como sea, quiero hablar de lo que me llama la atención, aunque sea muy irrelevante para algunos. Hace un par de años comenzó a circular la teoría del fin de mundo según el calendario maya; supuestamente, nuestros días terminarían el 21 de diciembre. A medida que pasaban los meses, esta teoría comenzaba a mutar y científicos, síquicos, astrólogos y el que pudiera meter la cuchara era invitado a programas de televisión a desenrollar su análisis teórico. A tal punto que todos los canales nacionales, por la mañana, se referían al tema, sumado a los supuestos tres días de oscuridad. Confieso que, en algún minuto, pensé en despedirme de mi familia y que compré velas para vivir a puro romance mis tres días de All night long. Conocí personas que decidieron no ir a trabajar ese día, vi a otras comprando bidones de agua para estar preparados, para que el fin del mundo los pillara hidratados.

En fin, llegó el día D y no solo no pasó nada, aunque no faltó el vivo que aseguró que el calendario no incorporaba los años bisiestos o algo parecido y que el fin del mundo se corría para febrero. El punto es: Cómo nadie reflexiona nada, día 21 y las personas, como hormigas, entrando a tiendas de retail para comprar lo que fuera, para salir del paso, para tres días después tener un árbol artificial iluminado lleno de paquetes. Paquetes que no simbolizan nada, porque un gran porcentaje solo contenía objetos que serán prontamente olvidados. No es que esté en contra de los regalos, todo lo contrario, me encanta recibirlos, a quién no.

Pero yo quiero regalos con dedicación, que su contenido sea más pensando que práctico, que sea tan significativo para la persona que me lo está entregando que resulte ser algo mucho más significativo para mí. Y para eso no tengo que entrar a una tienda gigante y gastar mucha plata, lo puedo encontrar en un negocio pequeño, lo puedo fabricar yo o, incluso, lo puedo encontrar dentro de mi casa. Todo este discurso puede sonar contradictorio para algunos, pues en mi tienda vendemos objetos. Pero ahí esta la diferencia, antes de poner cualquier objeto a la venta, este pasó por un proceso de productividad largo, que lleva cadenas humanas, donde hay respeto y cariño, eso lo convierte en un producto bien pensado, no contaminante y jamás desechable. Así me presento al 2013, parada y predicando un consumo consciente, no cayendo en las banalidades apocalípticas que pretenden asustarnos, porque esa no es la manera para que cambiemos; solo podemos cambiar con el ejemplo, y yo —porque esto es lo que se hacer y a esto me dedico— durante este año te enseño a consumir lo necesario, pensado y duradero. Detrás de eso hay amor. Por lo mismo, pretendo aprender de todo aquel que me quiera enseñar y entregar su oficio.

 

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