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EDICIÓN | Enero 2013

Delegar, delegar, que el mundo se va a acabar

Por Nicolás Larraín
Delegar, delegar, que el mundo se va a acabar

Siempre me he sentido un poco visto como bicho raro por ciertos círculos que me han rodeado a los que yo definiría (según mis creencias) más conservadores. Sin embargo ahora, a mis cuarenta y siete años, cada vez me estoy sintiendo más reafirmado en esas ideas distintas que siempre fueron aplastadas por una flotilla de aguafiestas criados en los parámetros más convencionales de nuestras tan tradicionales familias chilenas.

Ideas sobre el temor a experimentar, sobre lo aleatorio de los acontecimientos, lo incierto del futuro, las técnicas para llegar a ciertos resultados, el valor de la forma por sobre el fondo, las concepciones sobre la masa, sobre cómo se mueve la gente, el triunfo de lo emocional por sobre lo racional, son algunos de mis tópicos/doctrinas en los que siempre parecí un pez fuera del agua para muchos pseudos ingenieros, abogados, arquitectos, economistas, empresarios, cancheros, patudos y expertos en general.

Pero tal como reza el dicho “la vida tiene muchas vueltas” ahoritita mismo, donde voy o en artículo que leo sobre lo último en sabiduría, siento que me reafirma alguna de esas ideas tan atacadas por los supuestos capos del saber y del know how.

Un ejemplo: en los brainstorming para obtener ideas creativas, yo siempre tiraba cualquier tontera que se me venía a la cabeza y por lo general era bastante bullyneado por los otros con la típica muletilla “¿pongámonos serios ya?”. Hoy los expertos en innovación dicen que todos los grandes cambios del mundo y aportes parten de este juego en el que las primeras ideas son las que permiten llegar a las otras. Toma.

Toda esta introducción es para recomendarles uno de mis dogmas más potentes y a la vez más resistidos en el mundo de hoy: Delegar.

Siempre creemos que estamos donde estamos por nuestras virtudes y talentos y dentro de estos se encuentra nuestra sobrevalorada capacidad para tomar decisiones acertadas. Y es en este punto donde nace florece y se encarna la egocéntrica manía de no delegar: dejar en manos de otros temas sin que uno esté encima.

“Es que nadie lo sabe hacer como yo” es el pensamiento más potente que rige nuestra existencia laboral y nos vamos echando encima temas y temas en los que nos creemos indispensables y de pasadita nos vamos cargando de más pendientes y responsabilidades.

En la vida laboral ¿se han equivocado alguna vez?, estoy seguro que todos dirán que sí. ¿Pasó algo tan grave esa vez?, pasa, pero pocas veces. ¿Crees que cambia el mundo con tu decisión? ¿Crees que realmente afecta tu vida y tu desempeño alguna decisión de otro distinta a la que tu hubieras tomado? Todos nos equivocamos, entonces delega, vas a empoderar a los otros, vas a tener más tiempo para ti y los resultados nunca son tan distintos de lo que piensas.
 
Además me doy cuenta que nuestros egos son tan grandes que creemos que nuestros éxitos en la vida se deben fundamentalmente a nuestras decisiones acertadas y siempre le estamos restando méritos a la casualidad y a los otros (lo que es mucho más grave). Los logros que nos hacen felices cada vez tienen menos que ver con números o con la racionalidad. En ese contexto, conseguir resultados exitosos es mucho más mágico de lo que pensamos y por tanto mucho menos dependiente de esa decisión que tu creías que sólo tu podías tomar. De acuerdo a lo que me ha ocurrido últimamente con mis creencias, esta idea de delegar va a ser furor por ahí por el 2022. Acuérdense de mí.


“Siempre creemos que estamos donde estamos por nuestras virtudes y talentos y dentro de estos se encuentra nuestra sobrevalorada capacidad para tomar decisiones acertadas. Y es en este punto donde nace florece y se encarna la egocéntrica manía de no delegar: dejar en manos de otros temas sin que uno esté encima”.

 

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