Go on. Jueves 23:30 horas en Warner.
Ryan King es un comentarista deportivo radial recién viudo, convencido de superar el duelo volviendo al trabajo. El jefe no piensa igual y lo manda a terapia de grupo. Allí trata de hacerse el listo: convierte las sesiones en un concurso y luego miente para conseguir el alta. Apenas retoma su puesto, estalla en una crisis y acepta el tratamiento. Los restantes pacientes cargan cruces de distinto calibre, desde un marido engañado, una latina abandonada por su novio, y una lesbiana que no sobrelleva la muerte de su pareja, hasta una chica que no logra lidiar con la desaparición de su gato. Todo esto sucede en medio de chistes y situaciones graciosas. Porque a pesar de las tristes historias, Go on es una comedia, o más bien, una tragicomedia.
Creada por Scott Silveri, uno de los realizadores de Friends, la serie resulta perfecta para los huérfanos de Dr. House. El humor de Ryan no es tan forzadamente corrosivo como el del famoso médico, pero camina por la misma vereda. No es la primera serie que acusa la influencia de House durante esta temporada, ya lo hizo The Newsroom. Es una manera de combinar sufrimiento humano con una mirada cínica sobre la vida, de pretender un tipo de comedia más sofisticada que no solo busca risas en el público, sino también una reflexión sobre la existencia.
Matthew Perry lucha nuevamente contra el fantasma de Chandler Bing, el chistocillo en el grupo de Friends. Es una pelea que queda en empate. Cuando se trata de la faceta humorística, resulta evidente que la costura viene del personaje que lo convirtió en celebridad, al perpetuar los tics y las inflexiones de aquel rol. Es simplemente Chandler en otro escenario. En cambio, cuando enfrenta el drama, es mucho más consistente que en sus años en la legendaria serie. No estamos ante el despegue absoluto del actor, pero definitivamente el más firme que ha dado para iniciar una nueva etapa.