Mentiras verdaderas. Lunes a viernes 22:30 horas en La red.
Cada cierto tiempo este late show, conducido por Eduardo Fuentes, ha ganado titulares. Los más obvios surgieron por alguna barbaridad lanzada por la doctora Cordero —en ese dudoso arte, ella es una artista consumada—, pero también hubo ecos en la prensa cuando en el set de Mentiras verdaderas surgieron declaraciones exclusivas de distintos protagonistas noticiosos. Es el reflejo de una pauta periodística alerta, luego ejecutada por uno de los animadores más tozudos de la televisión chilena. En Canal 13 a Fuentes le dieron siempre programas desahuciados, y aun así logró delinear un estilo donde perfila la ironía como característica, practicada desde el ángulo —a veces agotador— de quien quiere demostrar que no se le va una.
Así, las últimas líneas de prensa que Mentiras verdaderas se ha llevado, reportan cómo su audiencia se incrementa, al punto de disputar los días lunes los tres primeros puestos con los canales grandes. Por lo demás, se trata del mejor día del programa. Cuentan con un panel inclinado hacia temas públicos y políticos —el #PanelSinLucro en Twitter— que tiene la gracia de no funcionar con esa lógica latera tipo Estado Nacional de TVN, donde solo merecen espacio figuras de los bloques políticos tradicionales. La solidez de ese primer día tambalea en las siguientes jornadas por un asunto de enfoque. Es como si pasaran de apuntar con una mira telescópica, a disparar con esas armas de los conquistadores, con el cañón con forma de trompeta, con el tiro en dirección indefinida. La certeza periodística se desvanece cuando el programa cruza a la vereda del magazine. No es suficiente con los chistes maratónicos de Iván Arenas, o sus secciones de animales. Y también hay días en que el panel es más caricaturesco que interesante, sobre todo con la presencia de Nelson Ávila y Aldo Duque. Ahí, definitivamente, falta un punto de equilibrio.