A los forjadores del país,
a la gente del cobre,
a Paty Martínez de Caletones
Texto y fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto (www.sachasinkovich.cl)
Al oriente de Rancagua, en la Cordillera de Los Andes, a 2.100 m.s.n.m, entre el río Coya y el río Teniente, y sobre el cerro Negro se alza el asentamiento minero de Sewell.
Luego de sortear la montaña entramos a otro mundo, donde todo parece atemporal. Con un vértigo sobredimensionado, con cantiles y pretiles, se asoma un asentamiento sostenido por varios costados. Si bien lo que queda hoy es una fracción modesta de la ocupación original, nos emociona por la vivencia acaecida.
Este es un aconjunto que tiene la particularidad de convivencia de la industria minera con todos los requerimientos y necesidades de una ciudad, lo que genera sus propias reglas. Más aún, la montaña como una variable permanente, define un continuo encumbramiento, donde siempre hay algo más arriba, una construcción a la que hay que llegar.
El ordenamiento se produce sobre un eje principal (cima), escalera mayor hacia donde convergen todos los callejones y pasadizos. Es el resultado de la tensión que conecta los polos de la estación de trenes con la industria superior. Los bloques se ordenan como “espinas de pescado”, que se asoman al centro desde las laderas (en escorzo y nunca paralelos) y con cada rotación van dejando espacios resquicios convertidos en plazoletas que son el preámbulo a la escalera central. Así el vehículo queda relegado al perímetro, y todo permanece en una dimensión peatonal.
Esta idea de bloques dispuestos en hilera uno delante de otro, y la peatonalización, inciden en que esta sea una ciudad sin manzanas, y sin una cuadrícula impuesta y forzada (como sí sucede en Valparaíso), lo que otorga una conexión más potente con el territorio y la montaña como telón permanente.
Acá la idea de ciudad se emparienta con el espíritu ciudadano clásico, donde los edificios públicos (teatro, escuela, hospital, iglesia) destacan del resto, siendo hitos de referencia que se diferencian de la mayor homogeneidad habitacional, sea por estilo o figura.
Desde otro punto de vista existe la variable industrial, como un ordenador del territorio y adicional a la exigencia geográfica. De esto resulta la idea de “Ciudad compacta”, donde todo está próximo, e incluso traslapado (o estrecho), evitando sobre-recorridos, con dualidad funcional (edificio como muro de contención) y por ende con un riesgo muy alto que con la perspectiva de hoy, resulta impensable para vivir.
Al final del recorrido, y ante el silbido del viento, nos surge una añoranza por el sonido vital de sus callejuelas, y sólo podemos imaginar el juego infantil, el ruido del tren, y el incesar taconeo subiendo y bajando. Se atesoran muchas preguntas de cómo se habitaba este espacio único y hoy sólo podemos ser testigos de lo construido, donde alguna vez se construyeron recuerdos, infancias y vidas de adultez, y que se proyecta al futuro como monumento de la lucha, el esfuerzo y la esperanza de su gente.
Estamos ante un asentamiento único en su tipo, propio de su lugar y tiempo (Genius Loci), que desafía a la naturaleza y en una dicotomía de industria y asentamiento humano que lo convierte en un conjunto que siempre navega entre dualidades extremas y que nos debiera motivar a repensar nuestra existencia, más allá del soporte arquitectónico y urbano.
RESEÑAS DE SEWELL
“El 29 de abril de 1905, un decreto del Ministerio de Hacienda autorizó la instalación en Chile de la empresa norteamericana Braden Copper Company, como encargada de explotar el yacimiento El Teniente, que permanecía abandonado desde fines del siglo XIX.” ( HYPERLINK "http://www.sewell.cl" www.sewell.cl)
”Construcciones, demoliciones, restauraciones, aludes, rodados, incendios, son los hechos que le han dado su fisonomía, en un proceso que se produjo a lo largo del siglo XX. En su momento de apogeo, durante los años 60, Sewell alcanzó los 15.000 habitantes, con un total construido de 175.000 m2.” (Eugenio Garcés Feliú, Marcelo Cooper Apablaza, Mauricio Baros Townsend: Las ciudades del cobre, Santiago, Ed. UC, 2007)
El 13 de julio de 2006 Sewell fue declarado Patrimonio de la humanidad por la UNESCO. (http://whc.unesco.org)
“¡Chitas!...si este es el mineral del teniente ¡como será el de mi comandante! “ (Sewell de la mano de Lukas, Ed. Fundación Renzo Pecchenino)