FICHA TÉCNICA:
Título Original: ¿Qué hago con mi marido? (Hope Springs)
Director: David Frankel
Reparto: Meryl Streep, Tommy Lee Jones, Steve Carell, Elisabeth Shue.
País y año de producción: EE.UU 2012
Género: Drama - Comedia
Duración: 99 minutos
Calificación: Mayores de 14 años
“La típica película gusto de minas” dirán algunos varones antes de animarse a ir a ver ¿Qué hago con mi marido?, craso error, este es una de las cintas realistas que es bueno y sano ir a ver en pareja. La historia nos presenta a Maeve (una dulcísima Meryl Streep) y Arnold Soames (un aborrecible Tommy Lee Jones), un matrimonio norteamericano “feliz” que lleva más de treinta años juntos. Pero lo que desde fuera parece la armonía y la estabilidad perfecta, se ha convertido en monotonía y tedio para Maeve. Ella echa de menos la chispa de la primera época, la pasión, la lujuria y decide ponerle remedio: Agota sus ahorros y paga un viaje a la localidad Hope Springs, donde serán atendidos por un famoso sexólogo (Steve Carell). Desganado y nada convencido, su marido Arnold parte con ella. A diferencia de la mayoría de las películas, aquí los problemas de los protagonistas son tangibles, cotidianos y muy presentes en el común de la gente. La rutina, la nula comunicación, los hijos ya independientes, el trabajo que aún desempeña cada uno para huir del aburrimiento, hacen que sus vidas avancen inconexas. Maeve puede adaptarse a la frialdad de residir bajo el mismo de techo de quien podría ser perfectamente su hermano (ya no comparten habitación hace demasiados años) y Arnold, continuar con su parada distante, mañosa y cómoda solo para él. Sin embargo ella, quizás observando cómo los jóvenes a veces no aguantan ni un mes juntos y se separan, decide intentar un cambio. Meryl interpreta de manera perfecta el rol de la esposa sumisa (recuerda a ratos a la Elvira, con que tanta risas nos sacaba Felipe Izquierdo), impecable, eficiente, rigurosa pero infeliz en su fuero interno. Tommy, es un acierto como el marido obcecado, testarudo, que está convencido que porque paga “todas” las cuentas, no tiene por qué siquiera acariciar a su mujer. Y no es que se lleven mal, que ya no se amen, el problema es simplemente que no hablan ni si atreven a volver a expresar sus sentimientos. El terapeuta (Steve Carell) también cumple muy bien, con su discurso que al principio suena memorizado y quizás chanta, pero que mediante avanza la película va metiendo el dedo en la raíz del problema. Dirige David Frankel, el mismo de El diablo viste a la moda y Marley y yo, quien en la primera muestra lo gélido que puede ser el glamoroso mundo de las pasarelas y en la otra cinta, saca lágrimas en el público, al tratar el fuerte vínculo entre humanos y sus mascotas. Acá, se atreve a proponernos un filme romántico apoyándose solo en dos actores viejos (por muy bien mantenida, Meryl ya no es la de antes) y lo consigue. En fin, una película recomendada para ir a ver con el marido (aunque haya que literalmente amarrarlo), con la mamá, el papá, los hijos (grandes) y una buena cantidad de pañuelitos desechables.