Casi sin darse cuenta, cientos de ciudadanos anónimos la transformaron de estudiante de postgrado en alcaldesa, en apenas unos cuantos meses de vida pública. Para muchos es la promesa del desarrollo que tanto se merece la Perla. Otros, aún la miran con desconfianza. Cree ciegamente en el trabajo en equipo y es capaz de hacer borrón y cuenta nueva, con tal de concretar su proyecto de una mejor ciudad para todos.
Por Claudia Zazzali C. / Periodista invitado Rodrigo Ramos B. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Para esta entrevista busqué ayuda. No era fácil enfrentar el desafío de conocer, en apenas algunos minutos, a la recién asumida alcaldesa de Antofagasta. Y menos aún cuando el encuentro estaba programado solo algunas horas después de ascender al cargo, con un simulacro de tsunami entre medio y la tensión inundando el ambiente, supongo que algo normal cuando hay cambio de jefes.
Sin pensarlo mucho, le pedí a Rodrigo Ramos, galardonado escritor y periodista, que me acompañara. Como es experto en crónica urbana, su mirada y su pluma podrían darle la poesía a este relato, escrito a dos manos.
Hubo un par de citas fallidas, pero lo conseguimos. Al fin, entramos al cuarto piso de la Municipalidad de Antofagasta.
Hay tres ramos de flores que sobresalen entre los papeles y carpetas del escritorio. El cuarto ramo está en el suelo. La nueva oficina de Karen Rojo parece la sala de espera de alguna clínica. Aún el lugar está casi intacto, sin grandes cambios de la anterior administración, salvo un par de cuadros arrancados. La foto del rostro del presidente Sebastián Piñera es lo único que sobrevivió a la poda de la pared.
Karen Rojo aparece desde una oficina interior. La puerta entreabierta deja escapar una atmósfera tensa, casi hiperquinética; allí adentro, hay algunos rostros conocidos de su campaña y otros nuevos. Es su segundo día como alcaldesa y todo está en proceso de armado. Viste un vestido azul ceñido y zapatos combinados entre azul y blanco. Después de los saludos se sienta y luego se para rápido, a abrir las ventanas; hace calor y esto tiene inquieta a Karen. Son alrededor de las cuatro de la tarde y el aire acondicionado está apagado. “Me hace fatal, prefiero el aire fresco”, advierte.
Después de unos minutos, Karen parece relajada. Recuerda los días como estudiante en el colegio San Esteban, al que califica de excelente, aunque exigente. Se entusiasma contando sus años de universidad en química y farmacia. Hablar de la posología de las extrañas fórmulas de grageas y jarabes le apasiona. “Me fue bien en los estudios, pero sí tengo que reconocer que tenía que esforzarme. Soy estudiosa y muy perseverante, pero necesito tener un cuaderno o un libro cerca para sentirme segura.”
¿Sacrificabas cosas que te gustaban por estudiar?
No, nunca llegué a ese extremo, pero prefería estudiar el fin de semana de noche. Quizás suena un poco fome, pero era el momento en que mi casa estaba en silencio. Mis hermanas salían y yo quedaba en un ambiente de tranquilidad total.
¿Y los pololos qué te decían?
Nunca fui muy polola. Sí tengo muchos amigos, más que amigas quizás. Tuve un solo pololo serio que fue con el que me casé, súper enamorada. Él es ocho años mayor y mientras yo estudiaba, él ya trabajaba y, por lo tanto, teníamos una relación un poco más adulta.
Dice que no era “la niña buena” y que tuvo sus momentos rebeldes. Sin consulta de por medio, Karen se detiene en el tatuaje de su pierna: es la marca Fox, relacionada con el mundo del motociclismo. Karen dice que le gustaría borrarse el tatuaje, sin embargo todavía no está decidida. El tatuaje es de su época tuerca. Imaginemos a una joven Karen sobre una moto Enduro por los cerros. Karen con un casco contra el viento.
¿Te arrepientes del tatuaje?
No, no me arrepiento, pero siento que llegó el momento de hacer un cambio. Yo tenía dieciocho años cuando me hice el tatuaje y tenía plena conciencia, pero uno va pasando etapas en la vida, buenas y malas. El tatuaje es de tiempos lindos, pero he evolucionado y no sé si hoy me representa.
QUÍMICA
Apenas salió de la universidad, Karen trabajó en FarmaLíder. Con delantal blanco, además de descifrar los jeroglíficos de los médicos, debía escuchar un sinfín de historias, como por ejemplo, la de la prostituta que le narró, entre sollozos, sus historias de amor. Tiene buenos recuerdos de esa época.
Después de esa etapa, la joven química viaja a la península ibérica para desarrollar su doctorado. La etapa española le entrega una tremenda experiencia de vida. La comunicación con su familia en Chile es constante, pero tiene que aprender a manejarse sola.
Con su marido, vuelven a vivir su amor de lejos. Él se va a estudiar a otra ciudad y se reencuentran en París o Londres. Luego cada uno regresa a sus quehaceres. A Karen le gusta Europa, sin embargo, su marido debe venirse a Chile por trabajo. Los ojos le brillan cuando habla de su buena fortuna. Justo cuando estaba en la disyuntiva entre seguir estudiando o regresar, recibe una llamada de Antofagasta, del intendente de ese entonces, Álvaro Fernández, para ofrecerle participar en la terna para seremi de Salud. Es ahí cuando comienza la vorágine que la lleva hasta donde está hoy, sentada en el sillón más importante de Antofagasta, elegida por votación popular.
¿Alguna vez sentiste el llamado por el servicio público?
Fui dos años presidente de la carrera, pero nunca me imaginé postulando a un cargo mayor. Lo que me apasiona, y hasta ahora me encanta, es la química. Me gustó desde siempre y cuando me encontré con la carrera de Química y Farmacia, me encantó porque es el equilibrio perfecto entre ciencia y trato directo con las personas. Me llama mucho la atención entender el origen de las cosas, el porqué un principio activo tiene diversos efectos en las personas y para eso hay que estudiar genética y a eso me fui a España, a perfeccionarme.
Pero si estabas absolutamente enfocada en lo tuyo ¿cómo recibiste el llamado para Seremi?
Algunos asesores del entonces Intendente, Álvaro Fernández, me recomendaron para el cargo. Fueron más de seis meses de proceso y, finalmente, me eligieron.
¿Te dio miedo?
No, para nada. Nunca había incursionado en temas vinculados con política y creo que el rol era bastante desconocido. Yo me propuse dar a conocer la obligación de fiscalizar del servicio y, en cuatro meses, las denuncias aumentaron en más de un cincuenta por ciento, lo que demostró que la gente al fin entendió de qué se trataba mi rol.
¿Ha sido tu experencia más adrenalínica?
Fue emocionante. Yo soy una agradecida de la vida, siento que tengo una justificación para estar en la Tierra. Nunca he vivido experiencias traumáticas y salvo mi problema a la tiroides, mi entorno es muy tranquilo. Mis papás están sanos y aunque ahora están separados, después de muchos años de matrimonio, en general tengo una vida buena. Siento que todos los caminos que he tomado son porque Dios me ha ido poniendo miguitas, guiándome siempre.
Pero cuando te presentaste como candidata, el ambiente era terrible… ¿cómo enfrentaste los rumores?, ¿te dolían?
Sentí una mezcla de cosas. En general, tomo los comentarios de quien vienen y cuando son cosas desagradables, me entra por un oído y me sale por el otro. Lo que molesta es la gente que te sonríe cuando estás con ellos y que al darles la espalda te apuñalan. Pero no soy rencorosa y creo que, en estos momentos, lo más inteligente es hacer borrón y cuenta nueva.
¿Por qué en algunas entrevistas hablabas en tercera persona?
No sé. Me di cuenta muchas veces y lo encuentro hasta feo, pero pasó no más. Y ahora ya no lo hago. Es que poco a poco me voy adaptando, voy aprendiendo. Antes me daba pudor, sobre todo porque yo soy bien “niñito” para mis cosas… en mi vida diaria jamás me arreglaba, y por mi trabajo en laboratorios, mi clóset era lo menos glamoroso que hay. Pero como se trata de mejorar, ahora me preocupo mucho más.
¿Pero cómo, si una de las cosas que te caracteriza son tus looks ultra producidos…?
La verdad es que se lo debo a mis amigos, porque no tengo mucho tiempo para preocuparme de esos temas. Es increíble que te regaloneen y te consientan y me ayuda muchísimo.
¿A qué hora te levantas?
Muy temprano, me gusta llegar a trabajar lo antes que pueda. Cuando estaba en la Seremi, me pasaban a buscar a las siete de la mañana y a las 7:15 estaba en el trabajo. Es el momento perfecto para ponerse al día con papeles y documentos, que muchas veces no se alcanzas a revisar con cuidado en otros momentos del día.
¿Y vas a llegar temprano también al municipio?
Sí, de todas maneras. Siempre he querido que las personas se sientan escuchadas.
¿Qué es lo que más te entusiasma de esta etapa?
Una mezcla de cosas. Soy joven y me siento llena de energía. Además, mi pensamiento es amplio y soy muy receptiva de los consejos de gente con experiencia. También creo, ciento por ciento, en el trabajo en equipo, y estoy segura que eso facilitará mucho la tarea.
¿No te cansa solo pensar que hay que trabajar de lunes a lunes?
Es que estos trabajos son 24/7 siempre. Ni siquiera lo cuestiono porque me gusta ser la mejor barriendo, la mejor cocinando o bailando, aunque bailo fatal pero le hago empeño. La pega que me pongan yo la cumplo siempre, soy una persona súper perseverante. Lo mismo voy a hacer acá, no va a ser la excepción. Mi primera meta es que la comunidad conozca a fondo los servicios que entrega el municipio y, para eso, en todas las actividades de atención de los vecinos, voy a estar siempre con los directores de alguna de las áreas. Es fundamental que la gente los conozca, nos conozca y sepa que estamos trabajando por una comuna más amable para todos.
“Soy joven y me siento llena de energía para hacer cosas. Siento que mi pensamiento es amplio y soy muy receptiva de los consejos de gente con experiencia. Creo en el trabajo en equipo, y estoy segura que eso facilitará mucho la tarea”.