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EDICIÓN | Diciembre 2012

Pedaleros extremos

Mountainbike
Pedaleros extremos

Poco a poco, este grupo de ciclistas va juntando medallas. Su más reciente logro fue en el Desafío de la Península, donde destacaron por su participación en las diferentes categorías. No los unen formalidades, sino más bien, un espíritu de superación constante demostrado en cada competencia. Rafael Valenzuela asume la vocería de esta incipiente “organización deportiva”, cuyo principal interés es fomentar la vida sana y el deporte.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.

Este amor por las bicicletas fue más bien tardío, casi un accidente. Aunque el deporte siempre estuvo presente en sus vidas, un día Rafael Valenzuela recibió una bicicleta de regalo. Decidió entregarla a Xenia Razmiliz, su señora, la deportista de la familia. Pero no era el equipo adecuado… muy grande y muy pesada. La solución fue salomónica: Rafael se quedó con esa bicicleta y le compró una nueva y más apropiada a su mujer.

Comenzaron a hacer deporte juntos y ese fue el inicio de la historia. Ya han pasado más de diez años y cada vez son más profesionales.

 ¿Quiénes forman el núcleo de este grupo?
Somos dos matrimonios: Paola Del Lago e Ignacio Del Pozo, mi mujer y yo. Las dos señoras son primas y hace muchos años que participan en distintas disciplinas. Lo de las cicletadas partió en Hornitos, cuando en el verano salíamos a recorrer para hacer algo de ejercicio. Pero el 2008, mi cuñado nos invitó a participar en una carrera que se hizo en San Fernando. Eran casi ochenta kilómetros de subida. Fue realmente extremo.

¿No fue muy alentadora la participación?
En esa oportunidad, participamos solo con mi señora y debo reconocer que fue una experiencia más o menos traumática. Era la primera vez que participábamos en una carrera tan larga y exigente. Yo no me sentía en desventaja física, pero no estaba preparado para la deshidratación, así que imagínate. Me acalambré, estaba muerto. Pero ahí empezamos a entusiasmarnos más.

¿En serio?, ¿no les dieron ganas de decir “nunca más?
Seguimos, porque al que le gusta el tema del deporte sabe que tiene que haber un esfuerzo, que las cosas no resultan siempre al primer intento y hay que entrenar para tener buenos resultados. Nosotros salimos todos los fines de semana, sábado y domingo a las nueve de la mañana, porque el resto de la semana, con los respectivos trabajos, no se puede, entonces hay que buscar los días más adecuados. A veces, mi señora sale con su prima los jueves o los viernes, dependiendo de las posibilidades de ellas, pero si queremos mantener el nivel, tenemos que buscar el tiempo.

¿Siempre participan solo los cuatro?
En realidad, siempre invitamos gente. De hecho, logramos crear un grupo donde éramos un poco más de quince. Nos juntamos en Hornitos e íbamos pedaleando hasta Chacaya. Era una mezcla de paseo y deporte. Recorríamos la Playa Larga de Mejillones, los cerros cercanos. Lamentablemente, con el paso del año, se empezaron a quedar abajo, aunque muchos anuncian el regreso ahora que ya se acerca el verano.


EVOLUCIÓN

Cuando partieron, tenían las típicas bicicletas que se compran por estética en cualquiera de las grandes tiendas. No sabían mucho del tema hasta que fueron descubriendo la importancia de las materialidades, los accesorios y cuáles eran las características que más les acomodaban.

¿Y cómo ha sido este proceso de aprendizaje?
Uno va aprendiendo con la experiencia, con la investigación del tema. En las competencias aprendemos mucho de los otros participantes, tanto en lo que hay que imitar, como en lo que hay que evitar. Por ejemplo, en el Desafío de la Península, había que hacer la subida desde Mejillones. Era pesadísima y yo la tomé con calma. Un ciclista más joven me pasaba pedaleando a fondo, pero metros más adelante, tenía que parar… luego me volvía a pasar y se volvía a cansar. Hasta que lo dejé atrás y nunca más lo vi.

El valor de la experiencia…
Claro, pues. Como te contaba, nuestros pedaleos empezaron en Hornitos con las pequeñas quebraditas, los arenales. La primera vez creo que pasamos apenas una quebrada. Ahora, ya conocemos la técnica y las superamos sin problemas, porque aprendimos a enfrentarlas, a manejar los cambios. Uno va aprendiendo a medida que pasa el tiempo y así va mejorando. Ahora, ya sabemos cómo prepararnos para una carrera, cómo enfrentar entrenamientos y cómo mejorar la técnica.

En ese sentido, ¿cuál ha sido la carrera que requirió más preparación?
Fuimos a correr una carrera a San Pedro de Atacama y la verdad es que nosotros íbamos un poquito preocupados. Mal que mal, son casi tres mil metros de altura y el recorrido era de casi cuarenta kilómetros. Pero nos preparamos, lo enfrentamos y la verdad es que nos fue súper bien.

¿Participan como grupo o de manera individual?
Aunque en las carreras hay opciones de inscribirse como grupo, siempre hemos participado de manera individual, porque tenemos distintas categorías. Y nos ha ido bien en casi todas las carreras, a mí sobre todo, porque no tengo mucha competencia en mi rango, que es de cincuenta hacia arriba.

¿Cómo fue el Desafío de la Península?
Esa es una carrera hermosa, pero durísima. Necesita mucha técnica para terminarla y hay tramos complejos. En un momento pierdes las referencias, solo está el mar y los cerros, con el riesgo de meterse por una quebrada equivocada. Es complicada.

¿Y así y todo les gusta participar?
Pero si de eso se trata, de vencer los miedos e ir superándose cada vez más. La primera versión fue de Juan López a Mejillones, pero no por la carretera, sino que por cerros y subiendo. El segundo año fueron dos días, un primer día que se partía de Mejillones y se llegaba a Punta de Choros, donde armamos un campamento. Ese primer tramo demoró cinco horas y cuarenta minutos, más o menos. Hubo algunos que se demoraron siete horas pedaleando (¡uf!). El segundo día consistía en levantarse, tomar un desayuno liviano y recorrer treinta y cinco kilómetros. Este año fueron solo sesenta y tres kilómetros, pero fue más duro que los anteriores, porque fue una subida constante.

De verdad me canso de solo escucharlo…
Pero es un tema entretenido, porque uno va haciendo deporte con otra gente; con mi señora vamos a todos lados, pues estamos equipados.

Eso en la relación de pareja también debe ser gratificante
Sí, ella se mueve, está siempre atenta, buscando dónde ir. Ya hemos viajado dos veces a San Pedro con las bicicletas solo por pasear. Llegamos al hotel y nos vamos a recorrer. Y eso, lógicamente, nos ayuda a mejorar el rendimiento porque vas conociendo cómo es tu relación con la bicicleta, con los cambios. Además, se pasa muy bien, sobre todo en grupos, y es muy estimulante. Con el entrenamiento se ven los avances, los logros. Por ejemplo, participamos en una carrera nocturna donde gané mi categoría y mi señora ganó todas las categorías de mujeres. Ella es muy superior. En competencias grandes, por ejemplo la de San Fernando, en donde corren más de dos mil ciclistas, ella salió cuarta en su categoría.


COMPROMISO

Muchas veces este grupo de ciclistas prefiere ir a entrenar por sobre cualquier otro panorama. A veces nadie entiende que dediquemos tiempo de descanso para trepar a los cerros en dos ruedas, pero la pasión por el deporte es superior a cualquier cosa. “Nosotros nos levantamos tempranito el fin de semana, encantados con salir a andar en bicicleta”.

Me imagino que esto va de la mano con un compromiso de vida sana...
De todas maneras. Nosotros buscamos un tema de desafío personal; no vamos a ir a ganar grandes premios, ni tenemos aspiraciones a nivel mundial. Simplemente estamos realizando una actividad súper entretenida, que entrega muchos beneficios y es mucho más gratificante cuando se hace en pareja, con un grupo de amigos o conocidos.

¿Se van creando lazos entre los deportistas?
Es una buena forma de ampliar los círculos de amistades. Nos pasamos la voz de las competencias y nos vamos encontrando... ya todos se conocen un poco, se ubican, se forman redes, se empiezan a invitar. Para nosotros es parte fundamental de nuestras vidas; sin duda, nos enriquece como personas.

Y además se traduce en beneficios concretos en la calidad de vida
Yo me siento sano, integralmente bien. Yo creo que cuando uno hace deporte se siente con más ganas de hacer cosas, de trabajar, ves la vida distinta. El deporte es un estímulo constante. Además permanecemos sintonizados, armamos panoramas como grupo o como pareja: vamos a Roca Roja, al mirador de Escondida. Obviamente para alguien que empieza las rutas deben ser más simples, pero como en todo, la práctica va haciendo al maestro.
 

 

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