Llegamos al 13 de diciembre. Se cumple el centenario del nacimiento de Andrés Sabella. ¡Maestro, son cien años! El tango solo dice “…que veinte años no es nada” pero, en su caso, son cien años, ¡su centenario! Y su obra, su legado, sus poemas están tan vigentes hoy como cuando los escribió, en su antigua máquina de escribir Underwood, esa que destaca en una vitrina del Museo Andrés Sabella, el museo que alberga sus pertenencias para disfrute de los antofagastinos.
Y, como duende mágico, Andrés ha contribuido a alterar todo. Nos ha jugado muchas “bromas”, de las buenas y de las otras. La peor, la enfermedad de Sergio Gaytán, “quien las hacía todas” y nos tenía mal acostumbrados porque, si algo no resultaba, sabíamos que el “Negro” se las iba a arreglar para solucionarlo. Pero se enfermó y la Comisión Centenario de Andrés asumió las responsabilidades. Y así llegamos al centenario.
Y empiezan los logros: su nombre, maestro, se perpetuará en el terminal aéreo de Antofagasta: Aeropuerto Internacional Andrés Sabella y esto ya está en segundo trámite constitucional.
La Casa de la Cultura hoy se llama Casa de la Cultura Andrés Sabella.
El principal liceo de Antofagasta lleva, desde 1991, su nombre, maestro. Y el Liceo Andrés Sabella es el único liceo municipalizado de Chile que ha sido certificado y recertificado, que además, es liceo Bicentenario. Y se ha distinguido en distintas áreas. Lleva su nombre con orgullo y responsabilidad, con la notable conducción de su director Jorge Tapia, gran sabelliano.
Maestro, usted decía: “Si después de diez años de mi muerte, alguien recuerda uno de mis poemas; si después de cincuenta años de mi muerte, alguien recuerda una frase, mi vida literaria estaría justificada”. Entonces, don Andrés, ¿qué diría hoy? Cumple cien años y es recordado y homenajeado en distintos lugares. El Consejo Regional de Cultura de Antofagasta instituyó un premio regional, “Linterna de Papel”, para premiar al artista o gestor más destacado en catorce diferentes áreas, cada año. ¿Qué le parece? ¿Se habría imaginado, en 1946, cuando escribió la primera Linterna de Papel, para el Diario La Hora de Santiago, la fama que iba a alcanzar esta columna, otorgando su nombre para una estatuilla de esta envergadura? Y allí se rinde homenaje a una de las facetas más importantes de su obra: la antofagastinidad, la nortinidad, la identidad. Saber que somos hijos de desierto, de este lar de cobre y salitre, que por nuestras venas corre nuestro mar, enriquecido por los rayos de este sol bendito.
Cumple cien años, maestro, y El Mercurio de Antofagasta, que lo cobijó por veintitrés años con su columna Linterna de Papel, entrega junto a la edición del 13 de diciembre, un “Cuadernillo Hacia” dedicado a usted y escrito por usted. ¡Magia, pues, don Andrés, magia! Lo tomamos de todas aquellas veces en que contaba anécdotas en la Linterna y que Sergio Gaytán transformó en el libro Calas para Andrés. Y su Linterna de Papel sigue iluminando, día a día, la cultura antofagastina.
La Corporación Cultural Andrés Sabella estará en el Paseo Prat con una muestra de pendones y repartiendo dípticos e informaciones. Cumple cien años y la UCN organizó el seminario “Un momento de análisis de su obra literaria”, en que participa Mauricio Ostria junto a otros personeros. Y también una exposición de dibujos. En la Casa de la Cultura Andrés Sabella también hay una exposición de fotografías y dibujos originales con su respectivo afiche.
Y cuelgan gigantografías en el hall y en la entrada de la Casa de la Cultura; en la entrada de la UCN (la misma que, después de su exoneración, no le permitía ni siquiera entrar a usted), recordando a Antofagasta que su poeta, el que puso “Norte Grande” a toda la zona norte de Chile, cumple cien años.
La única gran deuda, don Andrés: el acto de desagravio que le debe su universidad. ¿Lo lograremos?
¡Felicidades, maestro, que está presente día a día entre nosotros!
“YO VIVO PARA UN TIEMPO QUE NO SEA PROPIEDAD DE LA MUERTE”