Dos amigos que decidieron hacer de sus propias aventuras en la Patagonia una forma de vida. El resultado fue una exitosa empresa de eco turismo, que cada año traslada a cientos de turistas a inexploradas y alucinantes zonas del sur de Chile. Más de cien kilómetros de cabalgata por nuestro paraíso austral.
Por Mónica Stipicic H. / Fotos: José Luis Salazar y gentileza Patagonia Riders
A principios del 1900, Andrés Segundo Cruces, un habitante de la Patagonia, debió viajar un mes junto a su familia abriendo la ruta entre Cochrane y Mallín Grande. Un siglo después, Cristián Waidele y Domingo Eguiguren, dos amigos que se habían conocido en el patio de la Universidad Adolfo Ibáñez, llevaban varios veranos cabalgando la zona y escuchando la mítica historia de cómo este hombre, machete en mano, había logrado un camino para unir ambas localidades.
“Contactamos a su nieto, Félix Cruces, y nos lanzamos a hacer la misma ruta. Éramos ocho personas y nos demoramos doce días. Entonces empezamos a darle vuelta a la idea de hacer algo, pero cursábamos el último año de la universidad y no estábamos muy seguros. Un día, conversando del tema mientras recorríamos el Lago General Carrera, se aparecieron dos cóndores… eso lo interpretamos como una señal y nos pusimos a trabajar en la ruta de Las Horquetas”, explica.
¿Cómo se ideó el modelo de negocios?
El agosto de 2010, hicimos la sociedad y barajamos dos alternativas. Una era pedir un crédito, endeudarse y empezar a montar y vender en el extranjero, y la otra era desarrollar material propio de manera más pausada, vender en Chile y tratar de hacer algo ese mismo verano, a modo de marcha blanca. Optamos por eso, hicimos una página en Facebook y la primera temporada logramos hacer cinco grupos. Fue una acogida increíble y ese ingreso nos permitió comprar camionetas y equipos.
¿En qué consisten las excursiones?
Son grupos de máximo quince personas. Cada uno llega por sus propios medios al aeropuerto de Balmaceda y ahí empieza nuestro trabajo. Nos subimos a una van y partimos al campamento base, que está en el corazón de la carretera austral. Son siete días, cinco de ellos a caballo, recorriendo ciento veinticinco kilómetros de bosques, cerros, ventisqueros y paisajes impresionantes. Tenemos cuatro campamentos establecidos, en los que paramos a comer y dormir.
¿Establecer esos campamentos significó trabajar con las familias de la zona?
Sí, una de nuestras premisas básicas es hacer un trabajo socialmente responsable. Trabajamos con gente de la zona y queremos que los ingresos se queden allá. Son ellos quienes nos arriendan los caballos, hay seis familias que colaboran con nosotros, ya sea cediéndonos el paso por sus sitios, entregando espacios para los campamentos o en la alimentación. Cuando llegamos a algún lugar a hacer un asado, son ellos quienes nos proveen de la carne y las verduras.
FULL TEMPORADA
Cristián parte en los próximos días a realizar un viaje de “avanzada”, en el que se preocupa de afinar todos los detalles de la ruta, los campamentos y la alimentación, como también de preparar algunas sorpresas para los viajeros, como dejar cervezas helando al fondo de un pozón y botellas de whisky enterradas en la nieve.
Desde diciembre hasta abril él vive en la Patagonia. “Nunca sabemos a ciencia cierta cuándo comienza la temporada. Cuando ha sido un año más seco, podemos hacer la ruta a partir de octubre, pero el 2012 fue muy lluvioso, así que recién por estos días es posible recorrer el lugar. En todo caso, nuestros meses más fuertes son enero y febrero”, dice.
¿Cómo definirías a tus clientes?
Hay de todo. Grupos de amigos entre veinticinco y treinta y cinco años y familias completas. Es una actividad súper familiar, porque la magia está en escaparse y desconectarse por completo. La mayoría de los que viajan con nosotros son chilenos, no tenemos una edad máxima, pero sí pedimos que sean mayores de quince años.
¿Es necesario saber cabalgar o tener cierto estado físico?
No, puede hacerlo cualquiera. Hay que aperrar, pero existe un muy buen servicio. Hay que tener claro que se trata de una excursión no de la estadía en un hotel, pero dentro de esa premisa las instalaciones que tenemos son de primer nivel.
¿Tienen planes de fomentar las ventas en el extranjero?
Ese es nuestro objetivo para el 2013. Tenemos la capacidad de hacer doce excursiones por temporada y para esta ya tenemos ocho cerradas. La idea es que queden ganancias suficientes para empezar a tener presencia en ferias de turismo internacionales y ya tenemos una persona en Texas, que está trabajando en la promoción en Estados Unidos. No sabemos cuál es nuestro techo, queremos probar nuevas alternativas, pero sin transar nuestros principios básicos: turismo sustentable, con respeto al medioambiente, solo con caballos de la zona, dando a conocer la cultura local, viajando con gauchos, usando las vestimentas típicas…
LAS OTRAS RUTAS
Aunque Las Horquetas en la Patagonia es su ruta estrella, Cristián y Domingo han ideado algunos otros circuitos que le permitan romper la estacionalidad y abrirse a nuevos grupos de interés. Hay una ruta en la Araucanía, en que los clientes alojan siempre en el mismo lodge y hacen paseos por el día, y otra en Pirque, con la que han tenido una muy buena llegada.
“Ahí hacemos cabalgatas más cortas que funcionan muy bien con las empresas. Es en un sector llamado La Cabrería, donde además hacemos cabalgatas de luna llena; se sale en la tarde y se llega en la noche al destino, en que a los treinta y cinco excursionistas los espera un tremendo asado”, aclara.
¿Cuál es el potencial de crecimiento de Patagonia Riders?
Estamos tratando de abrir nuevas rutas y con diferentes grados de dificultad. La idea es ir construyendo un modelo de negocios similar al de las franquicias, en que alguien las administre y se vayan moviendo solas. Queremos que Patagonia Riders sea el nombre, pero que lleguemos a abarcar todo Chile.
¿Se puede vivir de esto?
Sí, yo este año dejé mi trabajo y me dedico ciento por ciento a esto. Hasta el momento se mantiene, no tenemos deudas ni platas de terceros, que es una alternativa que recién vamos a barajar ahora. Nos ha ido muy bien, partimos poniendo sesenta mil pesos cada uno y no hemos dejado de crecer.
“No sabemos cuál es nuestro techo, queremos probar nuevas alternativas, pero sin transar nuestros principios básicos: turismo sustentable, con respeto al medioambiente, solo con caballos de la zona, dando a conocer la cultura local, viajando con gauchos, usando las vestimentas típicas…”.