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EDICIÓN | Diciembre 2012

Negocios en familia

Andre Van Bavel, FRUTIFOR
Negocios en familia

Partieron comprando bosques en Arauco y luego buscando nuevos horizontes en el sector frutícola en la comuna de Molina. Hoy, de la mano de Andre, Frutifor se ha transformado en una empresa moderna que ha logrado un gran nivel de profesionalización y reconocimiento. Aquí una historia familiar que empezó con un emprendedor y visionario holandés que traspasó a su hijo el amor por el trabajo bien hecho.

 

Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

El holandés Andreas Van Bavel (padre de nuestro entrevistado) llegó a Chile, en 1970, junto a su mujer, la alemana Benita Von Finckenstein, para hacerse cargo de la gerencia de ventas de Celulosa Arauco. Luego de vivir en varios países decidieron, finalmente, instalarse en Santiago junto a sus hijos Karen, André, Irene y René.

Producto de su trabajo en Arauco, Andreas recibía en su casa a muchos extranjeros que venían a  asesorar a los dueños de la celulosa respecto de cómo tenían que operar los bosques. Con toda la información que manejaba, un buen día se dio cuenta que debía implementar todo lo aprendido y, aprovechando la ley de fomento forestal 701 que entregaba un subsidio, se embarcó en la compra de terrenos y comenzó a plantar cerca de la zona de Arauco, región del Bío Bío.

Siguió comprando bosques y se fue armando hasta tener un número significativo de hectáreas, situación que le significó continuos viajes al sur del país, que se sumaban a los que debía realizar al extranjero por su trabajo en la celulosa.

Cada momento que Andreas tenía libre lo aprovechaba para llevar a sus hijos a Arauco, en donde tenían una pequeña cabaña que era el lugar de reunión para la familia. En uno de esos viajes, pasando por la zona central, decidió que apenas se presentara la oportunidad compraría algo con el fin de armar algún negocio para su jubilación que fuera complementario al forestal. Así llegó a la fruticultura. El año 1985 compró un predio en la localidad de El Yacal, cercano a Molina, región del Maule. Sin saber nada de fruta se atrevió y comenzó con las peras, para luego plantar kiwis, después manzanas, arándanos y, poco a poco, fue creciendo hasta llegar a ciento sesenta hectáreas plantadas al día de hoy.

Sumado a los negocios frutícola y forestal en Chile, Andreas vuelve a aventurarse, esta vez en el norte de Uruguay, donde adquiere tierras para plantar pinos y eucaliptos, aprovechando su experiencia y un impulso de ese país para la forestación. Hoy, Frutifor, en el ámbito forestal, cuenta con cinco mil hectáreas de bosques y tres aserraderos entre Uruguay y Chile.

 

EL DESEMBARCO DE ANDRE

En medio de los bosques y con un gran sentido para aprovechar las oportunidades y no detenerse en los detalles, creció Andre (46), el segundo de los hermanos Van Bavel. Economista agrario de profesión, casado con María Jesús Casado y papá de Victoria, André y Alonso, es quien está detrás de los negocios de su padre como gerente general en Frutifor. “Al salir de la universidad en Canadá, participé en un proyecto de espárragos con la UTC y luego trabajé con mi padre durante un año, hasta que un buen día decidí comenzar mi propio negocio. Formé mi empresa como un trader en artículos comestibles para el mercado uruguayo. Yo representaba a una cadena de supermercados en Uruguay y en ese entonces, por el tipo de cambio, se podían comprar productos en el mercado nacional para luego exportarlos a Uruguay, llegando a precios bastante interesantes”.

Pronto este empresario empezó a exportar vinos en caja de la viña Santa Carolina, cargando camiones enteros que cruzaban Argentina y llegaban a Uruguay. En ese momento existía una gran diferencia entre la calidad de  los vinos chilenos y uruguayos. También vendió galletas Costa, pastas Carozzi, jugos Andina, entre otros. “Sin embargo, al tercer año me di cuenta de que tenía que buscar otra línea de negocios porque los gerentes de exportación de mis proveedores se veían obligados a vender en Uruguay directamente”.

¿Qué hiciste después?
Como arrendaba una bodega donde consolidaba mi carga, empecé a darme cuenta de que el negocio del bodegaje era interesante. El año noventa y tres comencé con una bodega de cinco mil metros en el centro de Santiago. Empecé a hacer distribuciones a supermercados, mudanzas, etc. Me fue bien y construí una bodega de dieciocho mil metros cuadrados en Peñalolén. Fui creyendo el cuento y en cuatro años aumenté mi capacidad de bodegaje a treinta y cinco mil metros. De a poco fui desarrollando un negocio de logística con empresas extranjeras principalmente farmacéuticas y de comunicaciones… me empezó a ir muy bien. Eventualmente comenzó una fuerte competencia extranjera y en algún minuto no pude seguir compitiendo por lo que tuve que  poner mi empresa a la venta.

¿Qué aprendiste de todo esto?
Fue muy desmoralizante. Debí haber sido más cauto, más conservador. Cuando uno no tiene nada es muy fácil arriesgar. Cuando uno ha armado algo que ya tiene un valor interesante, debe saber cuidarlo. Si bien se me puso pesada la pista en el rubro por la competencia extranjera, podría haber separado algo de mis utilidades y haber generado otro negocio en forma paralela. Quizás debí haberme asociado con una persona más conservadora que se complementara bien conmigo.

¿Cómo fue tu llegada a Frutifor?
Todo se dio. Tenía la opción de trabajar para otras empresas logísticas como gerente regional y, por otro lado, mi padre, en ese minuto ya tenía setenta y un años. La empresa familiar podía necesitarme en cualquier minuto. Ninguno de mis hermanos estaba interesado, en ese momento, en involucrarse en el negocio. La mayor, Karen, vivía en Londres, Irene en Canadá y René en España. Yo era el candidato natural para seguir con este negocio familiar y me apasionaba la idea de llevar esta empresa a una segunda generación.

El año 2002, Andre comenzó a trabajar con su padre mientras que su familia seguía en Santiago. Dos años después, su señora y sus hijos se trasladaron a Curicó, apoyando la decisión de Van Bavel. Hasta la llegada de Andre a Frutifor, si bien los negocios estaban encaminados, había mucho que ordenar. Una de las primeras medidas fue centralizar los negocios de producción de fruta, más los bosques de Arauco y Uruguay en El Yacal. Se centralizó la contabilidad, la toma de decisiones, las compras e inversiones, de manera de generar eficiencias y economías de escala. “La idea era modernizar y profesionalizar la empresa para ordenar lo que se había desarrollado y preparar el crecimiento futuro”.

Pronto los Van Bavel se embarcaron con su propio packing y comenzaron a comercializar la fruta en forma independiente al crear su propia exportadora. Hoy, además de la gerencia general, Andre supervisa el área comercial de la fruta, y todo el negocio de la madera tanto en Chile como en Uruguay, donde actualmente tienen mil quinientas hectáreas de bosque. Junto con la producción forestal, cuentan con tres aserraderos con la idea de darle un valor agregado a sus productos. “En la actualidad, junto a mi padre, hemos logrado tener una buena base, hay un equipo muy bien armado en administración y finanzas. Tenemos cinco áreas bien definidas, forestal del sur, bosques en la zona de Curicó, el negocio forestal en Uruguay,  la producción frutícola y la exportadora”.

 

RESPONSABILIDAD SOCIAL

Una de las grandes satisfacciones de esta familia es la fundación que crearon junto a otros vecinos de la localidad de Molina, que ayuda al desarrollo de la gente de El Yacal a través de la educación. Partieron por entregar lo más básico para estimular a los niños a ir a clases: uniforme, libros y transporte. Hoy, gracias a los aportes de la Fundación Suzanne Von Finckenstein, todos salen con educación media completa e incluso, gracias a las becas que entregan, varios han podido acceder a la educación superior.

La presencia de Frutifor en El Yacal no sólo ha generado puestos de trabajo para casi el ochenta por ciento de la población que vive en el lugar, sino también una mejora en su calidad de vida, producto de la constante preocupación de esta familia por buscar soluciones en aspectos tales como arreglo de calles, luz eléctrica, agua potable, entre otros.

¿Has tenido que prepararte de alguna forma especial para llevar adelante este negocio familiar?
Desde hace seis años participo en los foros de Jon Martínez de la Universidad de Los Andes respecto del manejo de las empresas familiares con el fin de aprender del tema. También hace tres años participamos, como familia, de un curso que se dictó en la universidad durante una semana con la idea de conocer cómo lograr las mejores fórmulas para hacer viable un negocio de estas características.

¿Cómo se puede proyectar este negocio familiar en la segunda generación?
Vamos a seguir plantando y creciendo en el área forestal y frutícola, pero todos los  negocios de valor agregado ligados a la madera y a la fruta irían más sujetos a la persona que hoy está desarrollando los negocios.

¿Qué se viene?
Hoy estamos en muy bien pie para seguir creciendo. Tenemos un proyecto de aserradero en Uruguay, en donde se va a utilizar tecnología de punta, y aquí en Chile estamos proyectando la exportadora y nuestra producción frutícola para ir de las trescientas mil cajas que tenemos hoy día, a un millón de cajas en los próximos ocho años. Si no hubiésemos hecho los cambios que hicimos, difícilmente hubiéramos podido proyectar el futuro de Frutifor.


“Hoy estamos en muy bien pie para seguir creciendo. Tenemos un proyecto de aserradero en Uruguay, en donde se va a utilizar tecnología de punta, y aquí en Chile estamos proyectando la exportadora y nuestra producción frutícola para ir de las trescientas mil cajas que tenemos hoy día, a un millón de cajas en los próximos ocho años”.

 

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