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EDICIÓN | Diciembre 2012

Por una vejez digna

Angélica Reyes, jefe regional Fundación Las Rosas
Por una vejez digna

Es una mujer segura, carismática y apasionada por lo que hace. Dueña de una fuerza interior única, asumió la difícil tarea de acercar e involucrar a la comunidad maulina con la obra de esta fundación, sobre todo generar conciencia en los jóvenes y pedir ayuda para sostener los hogares de la región. En estas páginas, algo de su historia y del abandono y soledad que afecta a la tercera edad.

Por María Paz Macaya O. / fotografía Francisco Cárcamo P.

Esta curicana de personalidad potente y multifacétia, llegó a Talca con su familia hace once años. En nuestra ciudad, al igual que en otros lugares donde ha vivido, María Angélica Reyes se dio a conocer por sus grandes talentos: una escritora del alma, amante de la música y de nuestro folclore.

Estudió comunicación social en la Universidad Católica. Trabajó como secretaria de gerencia en una importante empresa frutícola, luego estuvo a cargo de un proyecto de transferencia tecnológica en Inacap, entre otras tantas cosas. Pero la vida laboral de Angélica se vio un poco postergada, después que se casó y tuvo a sus dos hijas, hoy de diecinueve y veinte años. Sobre todo porque tuvo que seguir a su marido en su carrera judicial, razón por la que le tocó vivir en varias ciudades.

Primero se fueron a Combarbalá, en las cercanías de Ovalle. Después a Porvenir. Así Angélica empezó a escribir y desarrolló ese talento que tenía oculto. La poesía la inspiró y le ayudó para vivir relajada y dedicarse por completo a la crianza y formación de sus hijas.“Comencé a escribir desde la soledad, y así empezó a aflorar mi mundo interior, le encontré la belleza al norte, me inspiré en la vida de la gente del sur, llena de esfuerzos, con dificultades climáticas y de aislamiento”.

Luego, Angélica y su marido se trasladaron a Santiago, donde estuvo dos años. Ahí formó un grupo folclórico y fue la autora del himno de la corte de San Miguel. “En mis raíces llevó la música y, sobre todo, nuestras tradiciones. Me encanta la cueca, por eso disfruto mucho haciendo clases e interpretando música folclórica chilena”.
 

UNA LABOR CON SENTIDO

En marzo de 2012, Angélica asumió como jefe regional para coordinar y difundir todas las actividades relacionadas con la fundación Las Rosas en la región del Maule.

¿Las diferencias de Fundación Las Rosas con otras casas de acogida?
Es una entidad que vive de la caridad. Además, es la única dedicada a los adultos mayores. Nuestra misión es acoger, alimentar y, especialmente, acompañar a los abuelitos  en la salud y en el encuentro con el Señor. Estamos dirigidos a personas mayores pobres y desvalidas, para lograr mantenerlas integradas a la familia y a la sociedad de forma digna y activa. Esa es la diferencia, no solo damos comida y techo como otros hogares, lo más importante es recibirlos, escucharlos y entregarles cariño.

¿Cómo ha sido este trabajo?
Me he entregado por entero y estoy muy involucrada. Trabajo no solo viendo la parte administrativa, sino que además viajando, visitando los hogares y realizando gestiones para recibir la ayuda necesaria. Porque uno ve cómo aumenta cada día el abandono de las personas mayores, que cuando pierden la voluntad y la dignidad son olvidados por la sociedad en que vivimos. Esta dura realidad hace que nos motivemos y trabajemos mucho por esta misión.

¿Por qué existe esta visión de menosprecio hacia la vejez?
Porque la sociedad valora solo la juventud, la productividad y la belleza, pero no la esencia de las personas. Y contradictoriamente, la misma sociedad envejece con rapidez, pero aunque todos vamos para allá, no estamos preparados, no hay empatía hacia esta etapa de la vida. Hay una deformación del ser, que se confunde con el parecer, dejando de lado la esencia de las personas. Nadie reconoce ser viejo, somos perfectos y estamos criando niños narcisistas preocupados de todo lo que ellos quieren hacer y tener. Vivimos para lograr solo nuestros objetivos personales, pero es muy poca la gente que hace algo por el otro. Todo es para nosotros mismos.

¿Cómo podemos cambiar esta visión?
Generando empatía, ponerse en el lugar del otro, porque todos vamos a llegar a lo mismo, lo que debe partir como una misión personal de cada uno. Pero esto comienza con los niños, enseñándoles a ser tal cual como son. La formación de los hijos está enfocada hoy en día en el “debes comportarte”, en el parecer y no en el ser. Y lo fundamental es educar con el ejemplo, querer a nuestros padres, ser respetuosos con los ancianos y valorar la sabiduría de la vejez.

¿Cómo se han posicionado en la región del Maule?
Nuestro objetivo es llegar a las empresas, a las universidades, sobre todo sensibilizar a la gente joven que está ajena a la difícil situación que viven los adultos mayores. La idea es que a través de los medios podamos posicionar bien la obra en la región. En Santiago nos ha ido muy bien con la captación de amigos —socios que ayudan con esta labor—. También aquí en la zona nuestra meta es tener más colaboradores, que apadrinen a un abuelo y también buscamos voluntarios, que visiten los hogares, que se fijen un tiempo para ir a compartir con los ancianos, escucharlos y acompañarlos. También trabajamos con las empresas proponiéndoles metas de gestión solidaria, para que ellos, como institución, ayuden a los hogares, realicen actividades solidarias y visitas a los abuelos dentro de una propuesta anual.
 

ACOGIENDO CON DIGNIDAD

Según la encuesta CASEN, existe un catorce por ciento de ancianos pobres en la región. Por eso, el objetivo de Fundación Las Rosas es combatir esta cifra para que no siga aumentando. “El sistema previsional no ayuda mucho, la pensión de gracia es mínima y uno analiza el núcleo familiar del abuelo y te das cuenta de que tampoco poseen los medios para cuidarlo, para tenerles un colchón anti escara, un catre clínico o una persona permanente para los ancianos que necesitan cuidados especiales, como son los abuelos que ya no pueden comer solos. En esos casos, el adulto mayor tiene preferencia para ingresar a nuestros hogares”.

El nuevo hogar de Talca tiene una capacidad para ciento dos abuelitos y está ubicado en la Villa Las Américas. Tiene dos mil cuatrocientos metros construidos y un terreno de cinco mil metros. “Hay dos pabellones, tres piezas matrimoniales y amplias salas de estar y comedores. Además, tenemos la colaboración de ocho religiosas aliadas a las Carmelitas que están en el hogar y nos ayudan con los abuelitos”.

¿Cuál es tu labor?
Yo soy jefe regional y coordino todas las actividades relacionadas con los hogares de la zona. Tenemos hogares en Curicó, Talca, Linares y Longaví. Pero mi labor, propiamente tal, es ser el nexo entre la comunidad y los hogares. Estoy a cargo de supervisar la colecta nacional que se hace en nuestra región. Por otro lado, organizo el pavo fraterno que es una comida dirigida a empresas, donde motivamos su valioso y fundamental apoyo económico para el funcionamiento de nuestra obra. Aquí también los invitamos a hacerse amigos de la fundación, a apadrinar un abuelo o a participar en algún tipo de voluntariado particular o institucional que permite mantener integrados a los abuelos a la sociedad. Yo apoyo la labor de las directoras que son las que concretamente están a cargo de los hogares. Nosotros tenemos que gestionar y conseguir el apoyo de la comunidad maulina.

¿Te queda tiempo para compartir y visitar a los ancianos?
Siempre me hago el tiempo para ir a verlos, porque ellos son mi cable a tierra. Y cuando lo hago, me encanta sentir que somos un hogar de verdad, que no somos un asilo. En nuestros hogares cada uno tiene sus responsabilidades. Hay abuelos que trabajan de porteros, otros ayudan en la cocina, otros están encargados de distintas actividades que cada uno elige hacer. Eso es también parte de nuestra misión: que estén felices, se sientan dignos y activos.

¿Qué le dirías a la gente para que colabore con la fundación?
Nuestros abuelos no merecen estar solos en ese último caminar por la vida, ellos son nuestro pasado y nuestra historia. Un día fueron cabecera de mesa y hoy están abandonados e ignorados. Necesitamos  la colaboración de toda la comunidad de Talca para que se hagan parte de la obra y podamos mantener este hogar, para acoger a los ancianos que lo necesitan, darles cariño y un buen pasar en su último tiempo de vida.


“Estamos dirigidos a personas mayores pobres y desvalidas, para lograr mantenerlas integradas a la familia y a la sociedad de forma digna y activa. Esa es la diferencia, no solo damos comida y techo como otros hogares, lo más importante es recibirlos, escucharlos y entregarles cariño”.

 

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