El enjambre de sismos, cuyo epicentro ha sido Navidad, ha puesto a esta comuna costera de la región de O’Higgins bajo la mirada de millones de chilenos que, seguramente, desconocían su existencia. Sin embargo, varios destacados científicos que visitaron el país durante el siglo XIX, entre ellos Darwin, llegaron a esa localidad para dar cuenta de riquísimo patrimonio paleontológico y las formaciones geológicas que allí existen.
Navidad debe su nombre, según la tradición oral, a la celebración de la Navidad que habrían realizado los religiosos franciscanos que llegaron a Matanzas a mediados del siglo XVI. El pesebre en vivo que ellos representaron motivó tal interés y devoción que el lugar fue designado con el nombre de valle de Navidad. Esta costumbre se sigue celebrando en la actualidad, en el pueblo.
Fue justamente San Francisco de Asís, el fundador de la orden de los franciscanos, quien ideó un pesebre por primera vez, en 1223, y de ahí en adelante se transformó en una tradición para los católicos. En este mes que celebramos esta hermosa fiesta y en la que se nos olvida el motivo del festejo, el nacimiento del Niño Jesús, es bueno recordar cómo lo hacían nuestros abuelos y bisabuelos. Se esmeraban con cariño por mostrar el mejor pesebre en sus casas, en el que ofrecían al niño las primicias del verano: las primeras frutas, hierbas olorosas, espigas de trigo, dulces y horchatas. Abrían sus puertas para que los vecinos y transeúntes visitaran el pesebre y los agasajaban con dulces de las monjas y sorbetes de frutas.
Hace unos años, el Museo Regional de Rancagua les propuso a destacados artesanos de la región en diferentes materiales, que realizaran un pesebre, lo que resultó un gran desafío para la mayoría, ya que no hacían figuras humanas ni animales, como el artesano en piedra de Pelequén, el mimbrero de Chimbarongo, la artesana en fibras vegetales como la teatina, la artesana en hoja de choclo, el artesano en cobre, el artesano en madera, la artesana textil en chamantos y mantas, el artesano en cuero. La artesana en cerámica, que realiza pesebres como algo recurrente, produjo una gran cantidad de figuras tradicionales de esta región como huasos, parejas bailando, pastores, ovejas, entre otros.
El resultado fue excelente, ya que debido a la creatividad de cada uno de ellos, se obtuvieron pesebres de gran calidad, que hoy forman parte de las colecciones del museo y que se exhiben cada año en estas fechas.