Porque este año la idea es disfrutar de la naturaleza y de los paisajes maravillosos que tenemos en Chile, es que quisimos trasladarnos a tres hermosos parajes, para soñar con un festejo diferente, a la luz de las estrellas. Aquí, nuestra propuesta: fin de año en la playa, a orillas de un lago o en la misma tierra.
Por: María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U.
EN EL CAMPO
Sacar la mesa del comedor y trasladarla al mismo patio para recibir el año nuevo, es toda una experiencia. Nada más sencillo que disfrutar de nuestra tierra, del silencio y de la compañía de los animales. El encargado de crear el sueño de estar en pleno campo fue el director de arte, decorador y especialista en eventos: Joaquín Bravo (www.joaquinbravo.com). Ambientador de grandes espacios como el restaurante de Coco Pacheco, y el backstage de los conciertos en Chile de Madonna, Elton John, Beyonce, entre otros, nos cuenta por qué eligió un campo en Codegua —región del Libertador en donde está creando su restaurante llamado Tara— y que quiso representar en su espacio: “elegí este lugar porque creo que es tiempo de tomar conciencia del gran recurso que tenemos y no destruirlo más. Por otro lado, nada mejor que tener “los pies bien puestos en la tierra” para meditar cuáles son las metas para este próximo año. Para esto creé una mesa sencilla e improvisada, solo se necesita una copa de champagne o vino. La idea es que sea una reunión de reflexión con mucho amor y risas”.
¿Por qué los elementos elegidos?
Primero, porque flores y velas tiene que haber todos los días en la casa, de cualquier tipo, si no hay presupuesto se pueden cortar algunas ramas de un árbol y ¡ya está! El himno nacional es un rito para mí muy importante. Una bandera, una estrella o algún símbolo patrio tienen que estar en la mesa. Cultivemos no solo la tierra, sino nuestros mitos y leyendas. Las maletas las puse porque, a modo personal, me ha resultado la cábala de tomar una y dar la vuelta a la manzana para viajar durante el año. El vestido que instalé es de Nicanor Bravo. ¡Todas las mujeres a verse regias!
“Elegí este lugar porque creo que es tiempo de tomar conciencia del gran recurso que tenemos y no destruirlo más”.
EN LA PLAYA
Porque el solo ruido de las olas y la brisa marina ya relaja. Y porque si hay algo que tenemos en nuestro país es costa. Ximena Tannenbaum es fanática de Pichilemu. Oriunda de Rancagua, siempre la playa —y ahora más porque su hija, Francisca Cuesta, directora de arte, está viviendo aquí a cargo del restaurante Costa Luna— ha sido su escape. Por lo mismo es que madre e hija decidieron usar la magnífica terraza del lugar para crear una mesa colorida, ultra sencilla. “Para mí, el mar es lo máximo, siempre me tranquiliza y ahora, para año nuevo, qué mejor que pasarlo en este lugar con un paisaje maravilloso, con las olas, la vista al horizonte y del atardecer en primera línea”.
¿Cuál es el estilo que elegiste para tu mesa?
Muy casual, relajado y tranquilo. Decorado con simples platos de arcilla de la zona para comer una exquisita causa de pulpo y tomar un espumante rosado con frutillas. ¡Lo demás lo llena el paisaje!
“Para mí, el mar es lo máximo, siempre me tranquiliza y ahora, para año nuevo, qué mejor que pasarlo en este lugar con un paisaje maravilloso, con las olas, la vista al horizonte y del atardecer en primera línea”.
EN EL LAGO
Porque el agua dulce también acompaña con su pasividad, el sonido de los pájaros y las montañas como paisaje, es que este también es un panorama a todo dar. La encargada de este ambiente fue la decoradora, ex socia del Encuentro de Artesanos de Latinoamérica y actual jefa de Propiedad de Turismo en Viña Santa Cruz, Soledad Correa, quien eligió el lago Vichuquén a donde siempre va con su familia, ya sea a la casa de su suegro, Carlos Cardoen, o a la hostería Aquelarre, propiedad también de la familia. “La mesa que monté está inspirada en nuestra pachamama, quiero agradecer a la naturaleza por todo lo que me ha entregado. Es una manera de devolverle la mano. Nosotros vivimos en La Hacienda de Lolol, y me encanta. Soy una enamorada de la artesanía y de la zona. Quise crear una mesa llena de color, ecléctica, destacando las raíces de nuestros antepasados. En ella está todo lo que me gusta, las tradiciones, la buena mesa y el buen vino”.
¿Por qué los elementos que usaste?
Utilicé elementos propios de nuestras raíces, como los platos que son de greda de Vichuquén, y que contienen una exquisita corvina propia de nuestras costas, acompañada de ricas lentejas que dan suerte, abundancia y felicidad —dicen las tradiciones, para el día de año nuevo— y verduras gratinadas. Hay un canasto de fibra natural de boqui, típico de Chiloé, está lleno de frutas y flores. Como soy una enamorada de la artesanía, quise presentar como fondo de mantel una manta boliviana, textil único, que compre en Bolivia cuando fui en compañía de mi marido, invitados por el cónsul de ese entonces, Roberto Ibarra. Los candelabros son peruanos, de madera tallada. Y en el centro de la mesa incorporé, como parte de la decoración, una bandeja de plata también peruana, con deliciosos quesos de Colchagua, y variedad de distintos tipos de panes, además de alcachofas, guindas y frutillas, todos estos productos comprados en la feria de Lolol. Para el brindis: Tupu, nuestro vino ícono de viña Santa Cruz. Nada mejor que festejar en familia, en un lugar mágico como este”.
“Quise crear una mesa llena de color, ecléctica, destacando las raíces de nuestros antepasados. En ella está todo lo que me gusta, las tradiciones, la buena mesa y el buen vino”.