La familia Stambuk y sus ancestros llevan décadas liderando en la producción de esta hortaliza a nivel país. Hoy en día Iván y Ricardo, están detrás de una historia de crecimiento constante.
Por Maureen Berger H., Fotografías Vernon Villanueva V.
El tomate es uno de los productos insignes de Limache, imagen de marca de la ciudad, que antaño se disfrutaba solo en verano, relleno, acompañando las humitas o en ensalada chilena. Gracias a la experiencia y la aplicación de tecnologías innovadoras, hoy es posible deleitarse con tan rico manjar natural, todo el año.
Uno de los mayores productores de tomates y detrás está la familia Stambuk, que por once décadas se ha especializado en este y otros frutos de la tierra en veinte cinco hectáreas de invernaderos. Pero en sus comienzos estuvieron más ligados a los lácteos.
Todo comenzó en 1927 cuando Juan Stambuk Radic compró setenta hectáreas en Olmué y dedicó el ochenta por ciento del terreno a la producción de tomates y el resto a la producción lechera, la que fue adquiriendo protagonismo hasta convertirse en la única actividad. No obstante, con los años el precio de la leche cayó y los tomates renacieron.
"Mi abuelo fue uno de los mayores productores de tomates, del famoso limachino, que se caracterizaba por su calidad. Cuando murió mi abuelo, mi padre –quien también se llamaba Juan- dio un giro más ganadero, potenciando la lechería", recordó el ingeniero agrónomo Iván Stambuk.
El campo ubicado en Los Arrayanes en un sector muy céntrico de Olmué, queda cerca del Estadio Juan Stambuk, levantado en un terreno que fue cedido por él y donde Juan jugaba como arquero. En dichas tierras hoy producen exclusivamente tomates desde el 2000, y detrás está su hijo Iván, encargado de la administración y comercialización y su hermano Ricardo Stambuk, encargado de la parte agronómica. “Hoy tenemos veinticinco hectáreas de invernaderos que dejan una producción anual de cinco mil toneladas -obtenidas con doble cultivo en la mitad de las hectáreas cultivadas- y damos trabajo a ciento ochenta trabajadores permanentes”, afirmó Iván.
“Llevar trabajando treinta años juntos, con Ricardo, mi hermano, te consolida como familia y permite aportar ideas en ámbitos en que cada uno tiene ventajas comparativas. Eso ha sido uno de los legados más importantes que nos dejaron nuestros padres, entender que primero que nada está la familia, el cariño y el amor por ellos”, agregó Iván Stambuk.
Conversamos en las alturas, desde donde se tiene una vista periférica de los terrenos, más en específicamente en los jardines de la hermosa casona donde ha vivido por veinticinco años esta familia, hoy liderada por la carismática María Inés Mediavilla (Maruja), madre de Iván y Ricardo.
¿Por qué dejaron de lado la lechería?
Iván: Esto pasó hace más de diez años, debido al bajo precio de la leche y la contaminación que se generaba, porque el campo está dentro de zona urbana. Esto nos llevó a concretar el cambio, justo antes que se desatara la crisis láctea.
¿Y qué los llevó a retomar el camino de los tomates?
Ricardo: Fue idea de mi madre. Ya se había comprobado que se daban bien en estos terrenos y podrían resultar rentables. Tuvimos suerte, la reconvención fue muy rápida, pudimos vender solo a un postor todos los animales y en menos de quince días ya no había cabezas de ganado en este predio.
¿Qué problemas han debido sortear?
Iván: Los mayores problemas tienen que ver con las variaciones climáticas, tanto las temperaturas bajas como las altas nos afectan. Los altos costos asociados a la inversión y la restricción de la mano de obra, han provocado que el precio en ciertas épocas se haya disparado. Pero en los últimos años se ha dado un mayor consumo, para lo que hemos tenido un buen rendimiento y buena comercialización, los tomates han sido un cultivo rentable.
PRODUCCIÓN SANA
En esta empresa, la lucha va por el camino de la producción sana. Al respecto se refiere Ricardo, “tenemos la intensión de dejar de usar bromuro de metilo y una de las alternativas para reemplazarlo es el uso de plantas injertadas, más resistentes a los patógenos, las que ya estamos utilizando en el cultivo de verano. Utilizamos feromonas para atraer a las polillas macho y así evitar su reproducción, empleamos mallas antiáfidos y abejorros para la polinización. Usamos productos orgánicos para controlar enfermedades, por ejemplo extractos de cítricos y quillay. Todo esto para tener un producto más sano. A lo largo del año trabajamos con distintas clases de variedades, para responder tanto a las necesidades del mercado o las de durabilidad, color, rendimiento o sabor, como Patron y VHN”.
¿Cuál ha sido su estrategia de éxito?
Iván: La comercialización. Ahí marcas la diferencia. Si vendes a través de intermediarios, obviamente lo que te queda es poco. Nosotros comercializamos el sesenta por ciento de nuestra producción en Walmart-D&S, y el cuarenta por ciento restante en la Vega Central, Lo Valledor y a través de clientes de Antofagasta a Puerto Montt, que compran directo. Estamos buscando otras alternativas, como locales de comida y cadenas de restaurantes.
El éxito tiene que ver también con que siempre tratamos de sacar la mayor cantidad de kilos de tomates por metro cuadrado.
¿Por qué el fuerte son los supermercados?
Ricardo: Nos dimos cuenta que no se sacaba nada con competir con los cultivos de tomate de otras ciudades, debíamos producir en un período distinto, y enfocarnos a un tipo de clientes, que en nuestro caso son los supermercados. Nuestro negocio está muy bien focalizado, no producimos cualquier clase de tomates, sino el producto que se demanda.
¿Cómo son los productos que ustedes entregan?
Podemos dar fe que la dueña de casa cuando va a comprar un producto nuestro al Líder, no digo que encontrará un producto ciento por ciento orgánico, pero estamos trabajando en base a una agricultura responsable. Nuestros tomates son productos sanos y en vías de ser orgánicos. No pasa lo mismo cuando la dueña de casa va a la feria, donde puede adquirir tomates, a lo mejor, a precios más bajos, pero con una gran cantidad de químicos encima, que no han sido controlados. Nosotros, tal como otras empresas, somos constantemente evaluados con nuestro productos por Walmart-D&S, quienes chequean hasta el mínimo detalle de calidad.
¿Qué ventajas conlleva?
Iván: La ventaja de venderles a los supermercados es que a diferencia de la mayoría de los agricultores, las ganancias no dependen de las fluctuaciones del mercado, sino que son estables. Comúnmente los agricultores van a vender sus productos a las ferias libres, donde se produce un vaivén en los precios. En cambio, en el caso nuestro las variaciones de precios son menores.
La plantación se divide en dos variedades de tomates que producen una, entre cien y ciento veinte toneladas la hectárea al año y la otra, entre ciento cuarenta y doscientas cincuenta toneladas por hectárea. La más cultivada es la larga vida, variedad patrón, que se caracteriza por tener mayor durabilidad, buen aspecto y color.
CAPACITACIÓN
"En Agrícola Los Arrayanes se capacita a los trabajadores de manera que las cosas se hagan a su tiempo, no puede haber variaciones en la producción, no se depende de la orden de un jefe, el trabajador está consciente de lo que está haciendo y cómo su trabajo influye en el resultado final", explicó Ricardo Stambuk.
¿Exportaciones?
Iván: Exportamos a Argentina, pero el corralito nos dejó inmediatamente fuera del mercado. Falta mejorar la poscosecha para esto, porque si piensas en mercados lejanos asiáticos o europeos, debemos tener variedades que tengan una durabilidad de treinta días. Por lo tanto, la exportación puede ser si y solo si tenemos mayores garantías que nos aumenten la durabilidad y conservación del producto.
“En los últimos años se ha dado un mayor consumo, para lo que hemos tenido un buen rendimiento y buena comercialización, los tomates han sido un cultivo rentable”.