Estamos preparándonos para Navidad y Año Nuevo, tiempo de celebrar y qué mejor que con un buen espumante chileno. Curiosamente el valle de Casablanca no ha tenido tanta fama por el espumante, en sus veinticinco años como un valle productor de vinos, aunque es el principal lugar donde se cultivan sus importantes componentes: chardonnay y pinot noir.
Actualmente hay más viñas de clima frío produciendo espumantes, por eso me parece interesante destacar el debutante espumoso de la Viña Morandé Brut Nature 2008, del enólogo pionero de Casablanca, Pablo Morandé.
Normalmente el mosto (60% chardonnay y 40% pinot noir) para un espumante tiene su primera fermentación en acero inoxidable, pero en el caso de este, hecho con uvas de Belén de Casablanca, es fermentado en barricas de roble francés por dieciséis meses, lo que le proporciona una complejidad extra y textura al sabor. La segunda fermentación fue en la botella, con el método tradicional de champenoise y tiene menos que tres gramos de azúcar residual. Después una meticulosa elaboración de cuatro años, el resultado es un espumante de calidad y con burbujas finas, intensas y persistentes. Al catarlo, veo un color amarillo y leves tonos de nácar, con finas y pequeñas burbujas que se liberan formando cadenas de globitos danzantes. En nariz, tiene flores y frutas frescas, especias, frutas tostadas, pan de miel, vainilla y horchata. En boca, hay estructura y complejidad, buen cuerpo, fresca acidez, un elegante equilibrio entre los sabores de fruta, madera y alcohol. Es apto para los aperitivos con almendras, queso azul, gouda o brie, salmón ahumado, ostras, aceitunas amargas, alcaparras y sushi.