¿Nos aventuramos?
Si hay una mujer que se ha dado permisos, ha intentado lo que ha querido y se ha abierto caminos nuevos, es Ana von Rebeur.
Su vida es un reflejo de su consigna personal: ser una mujer de coraje. Quién podría pensar en ser madre, periodista, dibujante, humorista gráfica, artista plástica, especialista en color, ilustradora, guionista, columnista, conductora de radio y tv, escritora de más de treinta libros y más de cuarenta blogs y lograrlo… todo en una misma persona. Solo una mujer que no le teme al fracaso y que conjuga perfectamente el verbo aventurar, puede atreverse a tanto.
“Sin valor, te pierdes la vida”, señala Ana con fuerza.
Y sin duda, tiene razón. La recurrente lucha entre el miedo y el coraje es constante. Disyuntiva común por lo demás, en grandes como en pequeñas y simples decisiones.
¿Cuántas de nosotras no se ha debatido entre permanecer refugiada en el miedo o dar paso a la aventura?
Me impresiona ver cómo el temor puede anclarse con tanta facilidad en nuestra mente e imprimir un sello difícil de borrar, que dice: ‘no se puede’.
No se puede, no es posible, no va a resultar.
Frases que en ocasiones nos repetimos a nosotras mismas, para auto-convencernos de no intentarlo, de no enfrentamos a esa aventura distinta y desconocida.
¿Cuántas oportunidades podemos perder por miedo al fracaso?
¿Cuánto tiempo valioso perdemos por temor?
¿Cuántas buenas experiencias podemos dejar pasar por miedo a fallar o a no estar a la altura de las expectativas?
“Hay que ir a buscar, hay que confiar en uno misma, hay que darse posibilidades, ¡hay que darse permisos!” señala con intensidad Ana von Rebeur.
El miedo nos congela. Nos paraliza. Nos atemoriza. Nos esconde.
Pero el coraje nos descubre. Nos saca a la luz. Nos multiplica.
Nada se logra sin probar. Nada se logra sin arriesgar. Nada se logra sin aventurar.
No nacemos sabiendo, pero para saber debemos aprender y aprendemos haciendo.
Viajemos de una vez por todas del temor al coraje. Dejemos valientemente el miedo de lado, para dar paso al valor. En vez de repetirnos por qué no puede ser, afirmemos por qué sí va a resultar y descubramos el mar de posibilidades que se abrirán para nosotras.
Recordemos que finalmente son esas nuevas experiencias, las que suman a nuestra historia.