Tell Magazine

Columnas » Nicolás Larrain

EDICIÓN | Diciembre 2012

¿Qué pasa todos los fines de año?

Por Nicolás Larraín
¿Qué pasa todos los fines de año?

¿Es idea mía o cada vez hay menos tiempo para algo? ¿O para nada? No sé qué será más representativo de la realidad hablar de algo o de nada. Esto pasa intensamente desde octubre hasta diciembre y a mí se me llenan todas las semanas de compromisos.
 

Partimos con los cumpleaños de los amigos de los niños. Yo sé que mi realidad es especial con siete lolitos que producen una cantidad de celebraciones incalculables. Pero a todo el mundo le ocurre que desde el 30 de septiembre las mamás comienzan un bombardeo de mails con la típica frase de inicio “para que se vayan reservando…”. Además, percibo que a todos los adultos que nacieron en estas fechas les da por hacer una fiestecita, invitar a los amigos de la infancia, primos, socios, compañeros de pega, etc.

Súmele a esto, aniversarios de matrimonio, aniversario de salida del colegio, fiesta de la empresa, paseos de fin de año de cada curso de cada niño, primeras comuniones, matrimonios (cómo nos da por casarnos en estas fechas), ¿vamos al estadio?, expo desing, expo del vino, del mueble, de la guagua, de los novios, happyhour, babyshower, club de toby, paseo padre-hijo, kermesse, feria de las pulgas, maratones, cicletadas, asados, convites, juntas con las amiguis, Teletón, elecciones, inauguraciones, seminarios, retiros, entregas de notas, shows de fin de año de los talleres de gimnasia y bailes típicos, premiación de las clases de tenis, olimpiadas de padres, campeonatos de atletismo, de futbol, de rugby, tercer tiempo, pijamas party, fiestas, funerales, clínicas con gente que hay que ir a ver, nacimientos de guaguas y en la pega cómo no va a ver una convención en Jahuel en la que se trabaja medio día y resto se chupa, se come, se duerme y se huevea.

Parece que estoy escribiendo esto como excusa porque siento que cada día llego a menos cosas o, como es mi especialidad (el equilibrista de platos chinos), corro a todos lados y en todos lados dejo un pedazo de mí.

Muchas veces me detengo a analizar por qué me cuesta tanto decir que no. Como que me parece tan pesado decir no, no puedo ir. Algún trauma infantil (otro adicional al que ya conté el mes pasado que me costó el llanto de mi mamá) me provoca sensaciones tan negativas con la idea de no hacer un esfuerzo por tratar de llegar a una invitación, que a todo el mundo le digo: “déjame ver si hay alguna posibilidad”. Y como tantas veces me recuerdo repartido aquí y allá, que siempre creo que algo se puede hacer.

¿El resultado? Me viven pelando en mi familia que nunca llego, que vivo corriendo, que nunca me quedo, que no disfruto, que no me conecto. En la pega lo mismo, me pusieron de sobrenombre “partan sin mi” a lo que se han sumado con los años “sigan sin mi”, “avancen sin mi” y “terminen ustedes”,  “me voy a tener que ir”, “me están esperando”, “tengo diez minutos”, “voy llegando”, “estoy en cinco allá”, “hagámosla cortita”, “te llamo altiro devuelta”… suma y sigue, son mis frases más recurrentes. Y como esto es quizás lo más real que he escrito en mucho tiempo voy a tener que dejar esta columna hasta acá porque me tengo que ir. No me pelen por favor.


“Siento que cada día llego a menos cosas o, como es mi especialidad (el equilibrista de platos chinos), corro a todos lados y en todos lados dejo un pedazo de mí”.

 

Otras Columnas

El Árbol de los Sueños
Amalia Cubillos
Adiós al pornopop
Presta Oído
El estrés de la comida de fin de año
Rodrigo Barañao
El Código de Ana Von Rebeur
Código Mujer
Viven
Cine Paralelo
Super-dragón, al rescate
Asia Dónde Vamos
Transparencias
Look Urbano
Espumante Pionero
Wine & Gourmet
A Christmas Carol
Especial Inmobiliario
The Nightmare Before Christmas
Especial Inmobiliario
Regalo
Monocitas
Navidad en la historia
Archivo Histórico
» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación4+3+3   =