Tiene la fuerza de su madre, que quedó viuda a los treinta y siete años y que salió adelante junto a sus tres hijos, con fuerza, con tesón, contra viento y marea. Tiene la sonrisa eterna y unos ojos azules que vibran y se emocionan durante la entrevista. Sencilla, cálida, llena de energía, conversamos con esta viñamarina a pocos días de asumir como concejal de Viña del Mar.
Por Macarena Ríos R./ fotografía Vernon Villanueva B.
Dice que no tiene sueños incumplidos, que su familia es una bendición de Dios y que definitivamente se nace con vocación social. Aunque todavía no asume, Mafalda Reginato ya empezó su trabajo en terreno. Al término de esta entrevista irá a juntarse con un centro de madres en Santa Inés, tal como se los prometió durante la campaña.
Está ansiosa, con muchas ganas de comenzar este desafío. Y también está tranquila porque sabe a lo que va, porque lleva veintitrés años trabajando en la oficina de la UDI del distrito Viña del Mar-Concón. Veintitrés años siendo la cara visible de diputados como Gonzalo Ibáñez y Edmundo Eluchans. La que iba a los cerros, la que visitaba las juntas de vecinos, la que hablaba con la gente, la que trabajaba en terreno. La que sabe bien las necesidades y carencias que existen.
INCONDICIONAL
Antes de tomar la decisión de postular como concejal, Mafalda se juntó con su marido y sus tres hijas. La UDI ya le había pedido que fuera candidata años antes, pero esta vez sentía que era diferente. “Piénsalo bien”, le dijo una de sus hijas. “Vamos a sufrir tanto mamá, como lo hemos hecho con la Coty cuando la han atacado”.
Menos de una semana tuvo Mafalda para pensar, para reflexionar, para sopesar su respuesta. Pero antes de darla necesitaba contar con el apoyo incondicional de su familia, para poder trabajar tranquila y dedicarse ciento por ciento a la campaña. “El papel que jugó mi familia durante los tres meses fue fundamental”.
¿Qué te impulsó a decir sí esta vez?
Al trabajar durante tantos años en la oficina de la UDI, recibiendo y atendiendo gente, trataba por todos los medios de resolver sus problemas, pero a veces me quedaba corta de recursos, me veía limitada y me di cuenta de que tal vez si era concejal podía contar con más y mejores herramientas para ir en ayuda de los más necesitados.
¿Qué te dijo tu hermana cuando le dijiste que querías ser concejal?
“Maffy esto es duro, piénsalo bien”. Pero ya lo había pensado… dice con una amplia sonrisa.“¿Sabes? Yo soy una convencida de que no hay nada fácil en la vida”.
¿Y tienes cuero de chancho?
Me preparé sicológicamente. Todo lo que ha pasado con la Coty también me ha ayudado, conozco cómo es la cosa dentro de la política, trato de eliminar todo lo negativo, los comentarios malintencionados, los malos ratos, porque al final del día no te ayudan en nada.
ANÉCDOTAS DE CAMPAÑA
La buena disposición de Mafalda y gran cercanía que tuvo con la gente en los cerros hicieron de esta una campaña entretenida, alegre, distinta. Había mucha juventud, había batucadas y un equipo cohesionado. El cariño que sintió permanentemente ayudó, en cierta forma, a paliar lo extenuante de la campaña. Una cruzada intensa, rápida, dura. Que la tenía en la calle a las nueve de la mañana y la devolvía a su casa cerca de la medianoche.
¿Sopesaste lo demandante que iba a ser?
Sí, fue bien dura, 24/7. Pero fue una campaña preciosa, en la que me ayudó muchísima gente, y en donde aprendí a que me mandaran, ¡imagínate! A estas alturas de mi vida…
Frente a ella está Patricio Gatica, asesor comunicacional de la Municipalidad de Viña, que ofició como jefe de campaña. Hay complicidad entre ellos y se ríe al escuchar la respuesta de Mafalda. ““Tengo muchas campañas en el cuerpo y la verdad es que con Mafalda tuvimos feeling de inmediato. Ella es tremendamente cercana, cálida, con carisma”.
¿Qué fue lo más difícil que tuviste que hacer durante la campaña?
Dejar a mi familia. Pasar por alto cumpleaños, incluso mi aniversario de matrimonio… Pero ¿sabes qué? El hecho de estar en permanente contacto con la gente, de ir a tantas actividades y reuniones, me regaló momentos lindos y emocionantes. Me encontré con gente a la que había ayudado muchos años atrás trabajando en la UDI, que se acercó y me agradeció el apoyo brindado.
¿Sentiste el desencanto político?
Por supuesto, pero eso es justamente lo que quiero cambiar. En la campaña, muchas veces, me tocó gente que me decía “a ver si cuando termine la campaña nos viene a visitar”. Y yo sí lo voy a hacer. Seré distinta, seré un concejal en terreno, de contacto directo, con una política de puertas abiertas.
SELLO SOCIAL
Madre de tres hijas —Claudia (43), Marisol (38) y Jimena (29)— y casada con Pablo González, su compañero de ruta, dice que el sello social que la caracteriza viene de sus papás. “Siempre me llamó la atención las obras solidarias, el ayudar a los demás, el servir”.
A la salida del colegio entró a trabajar en la Cruz Roja, donde estuvo por dos años. Luego colaboró en la Secretaría Nacional de la Mujer, en el Hospital Van Buren como voluntaria de neurocirugía, y en la Fundación La Vaca.
¿Qué has aprendido en estos treinta años de servicio social?
Que hay mucha gente que necesita que la escuchen, que hay cosas mucho más importantes en la vida, que a veces uno se amarga por tonteras, en circunstancias que hay personas que lo han perdido todo.
¿El mejor consejo que te han dado?
Fue una compañera de la Cruz Roja hace muchos años atrás. Estábamos haciendo la práctica en esterilización en el Hospital de Viña. Me acuerdo que hacía un calor insoportable en la sala donde estábamos trabajando con turbante y mascarilla, haciendo tórulas y preparando parches y apósitos. “Maffy, nunca hagas las cosas de malas ganas, porque lo más probable es que tengas que volver a hacerlas”, me dijo mi amiga. Y tenía toda la razón del mundo. Hoy, aunque no me guste hacer algo determinado, lo hago con una sonrisa, con buena cara, con ganas, con amor. ¡Y por Dios que quedan bien!
¿La alegría más grande?
Ser mamá.
¿El momento más duro que has tenido que vivir?
La pérdida de mis seres queridos. Mi papá murió cuando tenía diez años, mi hermano hace veinte años y el 2003 murió mi mamá y eso me ha costado muchísimo porque éramos muy compinches, muy unidas, muy amigas. Todavía me cuesta…
Mafalda mira el cielo, los ojos húmedos, los labios apretados, el corazón apretado.
“Vivía conmigo. De ella viene toda la fuerza de esta familia. Mi mamá quedó viuda a los treinta y siete años, con un hijo de veinte, una hija de diecinueve y otra de diez años. Y salió adelante. Era una mujer increíble, para ella no había nada imposible”.
EL CLAN REGINATO
Su casa, la casa en la que Mafalda vio crecer a sus hijas y consolidar su matrimonio, estaba en la calle 3 Norte, donde ahora se encuentran las dependencias de Colmena. Un hogar siempre abierto, lleno de vida, acogedor. “La casa de mis papás era la casa de paso, siempre cálida, donde llegaba todo el mundo, con una mamá muy presente”, comenta Marisol, la hija del medio.
Las dos tienen la misma sonrisa abierta, la misma alegría, el mismo tono de voz. Me cuentan que la suya es una familia atípica, que se reconocen achoclonados, que se juntan todos los sábados en almuerzos eternos. Y que si llueve prenden la chimenea, bajan unas maletas llenas de fotos, álbumes y recuerdos y así se les pasan las horas, mientras los nietos juegan, gritan y ríen.
“Somos un verdadero reality, tanto así que la familia Reginato se junta cada dos años en Chile. Es increíble, vienen de todas partes del mundo. Este año la “Reginatón” fue en Rancagua y se juntaron cerca de doscientas personas”.
¿Qué te mueve?
Ayudar, poder escuchar y solucionar los problemas de la gente en la medida de mis posibilidades, que espero sean más ahora que soy concejal. Quiero ser el nexo entre la municipalidad y la gente, quiero ser una suerte de puente de plata. Esta es una oportunidad que me ha dado la vida y la quiero aprovechar a concho, tengo tantas ganas de hacer cosas. Estoy esperando que llegue el 6 de diciembre, porque ese día es la ceremonia de juramento.
¿Qué le falta a nuestra región?
Que todos nos pongamos de acuerdo y trabajemos sin intereses personales ni colores políticos. A veces, el egoísmo de las personas es tan grande que para evitar que algunos se luzcan con algún proyecto, idea o gestión, votan en contra para que no se lleven los honores.
¿Qué te molesta?
La hipocresía, la mentira.
¿Qué no cambiarías por nada del mundo?
Mi vida.
“Esta es una oportunidad que me ha dado la vida y la quiero aprovechar a concho, tengo tantas ganas de hacer cosas. Estoy esperando que llegue el 6 de diciembre, porque ese día es la ceremonia de juramento”.