“Se nos acabo el año”, esa es una frase que hoy se escucha por todos lados, es que parece que a medida que vamos envejeciendo, el tiempo se nos pasa más rápido de lo que quisiéramos.
El tiempo parece que tiene más que ver con el uso que hacemos de él, más que con la objetividad de sus mediciones. Creo que los seres humanos en general somos malos en la administración de éste y siempre tenemos la sensación de que escasea, cuando lo que en realidad ocurre es que vamos teniendo otras prioridades.
Es por esto que a mi juicio no es válido decir que no tenemos tiempo, debiéramos decir que tenemos otras prioridades, y por lo tanto lo real es que no nos hacemos el espacio para lo que probablemente sea importante porque estamos tapados de cosas urgentes.
Este es un buen punto en la evaluación del año 2012, pensemos a qué le dimos énfasis en el manejo de nuestros tiempos. Cuáles fueron las cosas que ocuparon gran parte de nuestro quehacer y de nuestras prioridades. Quizás nos debiéramos preguntar cuánto tiempo le dedicamos al amor, en el más amplio sentido, y cuánto se lo regalamos a nuestros deberes y a ese sin número de cosas urgentes pero de poca trascendencia para nuestras vidas.
Pero el tiempo y el manejo de éste es solo una dimensión para poder evaluar un año. Creo que la más profunda evaluación que siempre hacemos para decir que fue un buen o un mal año, tiene que ver la presencia o no de pérdidas afectivas o materiales y cuántos problemas tuvimos que enfrentar. Si fueron pocos, entonces vamos a tender a decir que tuvimos un buen año, o un año plano como muchas veces me comentan en los talleres. Si hubo dolores, problemas económicos o situaciones complicadas, entonces fue un mal año.
Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos, hay años de fuertes aprendizajes y hay años que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que podamos evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.
En algún momento de este año, aprendí de gente sabia, que tenemos que aumentar la cantidad de preguntas diarias con el fin de ejercer de mejor manera nuestra libertad. Claramente preguntarnos si queremos o podemos hacer regalos de Navidad parece ser políticamente incorrecto, pero creo que son ese tipo de preguntas las que hoy necesitamos hacernos para evaluar nuestro 2012 con toda libertad.
Si fuimos o no felices, si hay cambios que hacer para el próximo año, si tengo que tomar o no decisiones de cambio, nos ayudarán a evaluar nuestras vidas desde lo profundo y no sólo desde las cosas que nos ocurrieron. Veamos qué aprendimos de este 2012 y qué fuimos capaces de agradecer. Si a esta vida vinimos a aprender a amar, a ser capaces de dejar huella y a decidir ser felices, entonces ver cómo hemos “rendido” en cada uno de estos aspectos parece ser clave para evaluar un buen año o uno malo si no hemos hecho lo anterior. Quizás esto nos de la pauta de cómo decidimos empezar el 2013, el que ojalá nos traiga algunos regalos y misterios para poder ser cada día mejores personas y así tomar con los dolores de la vida la decisión de ser feliz todos los días, de ser agradecidos y de centrarnos en los que tenemos y no en lo que nos falta.
El año que viene llegará con lo que tenga que venir, solo creo que hay que pedir sabiduría para lo que sea que haya que enfrentar.
“Este es un buen punto en la evaluación del año 2012, pensemos a qué le dimos énfasis en el manejo de nuestros tiempos. Cuáles fueron las cosas que ocuparon gran parte de nuestro quehacer y de nuestras prioridades”.