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EDICIÓN | Noviembre 2012

Tráeme la noche

Noche Zero
Tráeme la noche

¿Cuándo fue la última vez que miró el cielo estrellado?, ¿cuándo se sintió iluminado por la luna? Si vive en la ciudad, lo más probable es que su respuesta sea: ¡hace meses! Recuperar el patrimonio lumínico en el diseño urbano, parece ser complejo de entender, pero en realidad trata de eso, de recuperar la noche estrellada, y los beneficios que tiene para el desarrollo del ser humano y de nuestra sociedad.

Por Lorena Cisternas M. / Fotografías Claudio Galeno I.

Devolvernos el placer que mirar las estrellas. Ese fue la principal premisa de “Noche Zero”, evento organizado por DIAV Light Collective y la Universidad Católica del Norte y que reunió en San Pedro de Atacama a importantes profesionales de diferentes ámbitos del desarrollo humano y social. Estos expertos apuestan por un futuro con cero contaminación lumínica que nos permita recuperar el cielo limpio para nuestras ciudades y paisajes.

¿Por qué necesitamos la oscuridad?, o más bien, ¿cómo retornamos a nuestras fuentes de iluminación natural y patrimonial? fueron las preguntas que durante los tres días que duró el seminario “Noche Zero” se trataron de responder desde los múltiples aspectos del rol de la oscuridad y el valor de la noche en las ciudades contemporáneas; el diseño de iluminación, el confort visual, planificación urbana, patrimonio, cultura y potenciales turísticos.

En Noche Zero participaron destacados científicos de las áreas de la astronomía, la biología, y la medicina que con recientes descubrimientos, apelan también por la recuperación del patrimonio lumínico.
Esta preocupación radica en las consecuencias que tiene para nuestra cotidianidad el vivir en ciudades donde las luces de las calles, los letreros luminosos, los focos y otros, ya no nos dejan ver el cielo en la noche.

“Hay dos tendencias que son las importantes a la hora de pensar en un futuro sustentable y que yo siento que en general se dejan atrás una de la otra;  por un lado lo relativo al diseño, la calidad de vida, la seguridad y por otro, lo relativo a lo medioambiental, la protección de los cielos y el ahorro de energía. Estas dos tendencias, tienen pocos puntos de encuentro y Noche Zero tiene ese objetivo”, cuenta Paulina Villalobos, Directora de Noche Zero, actividad con la está empeñada en visualizar la importancia de “ver la oscuridad”.

Arquitecta y lighting designer, de DIAV, una empresa de arquitectos que se dedica al diseño de iluminación y proyectos sustentables, Paulina está contenta con lo obtenido en Noche Zero en San Pedro de Atacama: “Se firmó un manifestó cuyo valor radica en evidenciar una serie de voluntades para recuperar nuestra conexión con nuestro cielo, son conclusiones rescatadas por autoridades y personas destacadas en diferentes ámbitos de la ciencia, patrimonio, Iluminación, esto es lo que condensa el  ‘Manifiesto de Atacama’”.

NOCHES SIN LUNA

El evento que se realizó en San Pedro fue expresamente programado durante tres noches sin luna; este fue el marco perfecto para poder apreciar bien las estrellas y conectar con la oscuridad.  
El programa incluyó una exclusiva visita al Proyecto Astronómico ALMA – ESO, en que los speakers como el arquitecto Claudio Galeno, el ingeniero medioambiental Álvaro Boehmwald, integrante del Comité de Expertos en Contaminación Lumínica del Ministerio de Medioambiente y George C. Brainard, especialista en neurología y director del Programa de Investigación de la Luz, de la Thomas Jefferson University de Philadelphia, pudieron apreciar el tremendo patrimonio de nuestros cielos estrellados. El doctor Brainard establece una relación directa entre la luz y nuestra actividad neurológica, junto a su equipo investigador ha desarrollado y testeado diseños avanzados de iluminación para tratar a pacientes con depresión de invierno y trabaja hoy en la iluminación para la Estación Espacial Internacional y para la Estación para habitantes del Espacio.

Y es que la luz y la oscuridad no son meros complementos de nuestra cotidianidad, “la oscuridad, por ejemplo, es vital para que el cerebro logre un descanso pleno. El cómo conjuguemos ese acercamiento a la luz y a la oscuridad en el diseño lumínico de nuestras ciudades es un tema que en este seminario y en diferentes agencias internacionales, se está valorando desde su importancia.

Y si no que lo digan los miles de turistas que sienten retomar la armonía y el apego con la naturaleza, cuando viajan a nuestro país sólo por contemplar la noche estrellada desde los pueblos del interior de la Región de Antofagasta o desde el Valle de Elqui.

Noche Zero, el Primer Encuentro Internacional sobre la Iluminación del Futuro de las Ciudades, Diseño, Ciencia, Cultura – Patrimonio, es una iniciativa inédita que no dejó a nadie indiferente, pues cuando las voces vienen de disciplinas distintas y de estudiosos de amplia y reconocida experiencia, solo queda descubrir y aprender.

Massimo Tarengui, Astrónomo y Director de ESO (European Suthern Observatory), se refirió  —y cómo no—  al patrimonio de Chile en cuanto a la pureza y belleza de sus cielos. En la próxima década con el radiotelescopio ALMA y el E-ELT  —el telescopio gigante de ESO—  Chile tendrá el setenta y cinco por ciento de la capacidad de observación mundial astronómica. Y ese es un dato no menor a la hora de cuidar que la luz emanada de las actividades humanas, no sea un impedimento para el estudio de los cielos.
Colin Ball, es diseñador de iluminación, con una experiencia de más de diecisiete años en los que ha participado en proyectos emblemáticos de diseño, incluyendo museos, mezquitas, íconos internacionales, aeropuertos, centros de corporaciones y centros religiosos. Ball ha desarrollado una serie de conferencias que muestran cómo es representada la luz en la Fe desde sus perspectivas históricas, religiosas y psicológicas, en la arquitectura y el arte contemporáneo. Plantea desde el origen etimológico de la palabra “considerar”, que `con´ es el prefijo latino que significa `junto a´ y `sidera´ es la raíz latina para `astros´, el significado entonces vendría siendo “junto a las estrellas”; una relación en que nuestra sociedad va perdiendo en forma visible los lazos con sus orígenes, que desde el misticismo, los dioses se comunicaban y nos observaban a través del cielo estrellado. En la oscuridad, dice Ball, nos conectamos con “considerar”; mientras nuestras ciudades aumentan su auto-iluminación, estamos experimentando en forma real “el ocaso de los dioses”.

Y tan diversas son las voces que abogan por este sentido de relación sana entre luz y oscuridad, que es abordada por Jim Richardson: fotógrafo de la Revista National Geographic. Su intención es ayudar a que el ciudadano común se preocupe de la contaminación lumínica, para lo cual recorrió Norteamérica de ida y vuelta persiguiendo el cielo oscuro para sus fotografías, documentando desde el esplendor de los cielos negros azabache, al resplandor de las luces destructoras de la noche. Este trabajo le valió el reconocimiento de la International Dark-Sky Association (IDA), como un destacado del año,  en el esfuerzo por salvar nuestros cielos oscuros para futuras generaciones.

La IDA también tuvo a su representante en Noche Zero, Bob Parks, director ejecutivo, quien se refirió a los planes para el futuro y lo que se requerirá para revertir el tsunami global de polución lumínica que está bañando el planeta; desde educación a legislación.

Desde Chile Alvaro Boehmwald, ingeniero medioambiental, alerta sobre los efectos de la contaminación lumínica sobre la biodiversidad nocturna y el cómo esta podría influir negativamente sobre el rompimiento de las cadenas tróficas (proceso de transferencia de sustancias nutritivas en algunas especies de una comunidad biológica), la alteración de los ciclos circadianos (o ritmos biológicos, asociadas a cambios ambientales rítmicos) y alteraciones en las conductas alimentarias, reproductivas y migratorias de algunas especies. Por su parte, Claudio Galeno, otro chileno invitado a exponer, desde su expertise como arquitecto y habiendo realizado una serie de investigaciones respecto a la relación entre cuerpo humano y arquitectura, plantea la conciencia de la naturaleza nocturna, entre la cultura andina y la europea. Su estudio orienta la relación que existió entre las culturas precolombinas, quienes tenían una visión panteísta del mundo y que organizaban los ciclos de la naturaleza con los de su vida, en las que el mundo andino leía constelaciones en los vacíos entre astros, y la conciencia de la noche que se origina en Europa, dominada por una comprensión antropocentrista del mundo.  

Expusieron también desde sus disciplinas Ian Cheney, Director de Cine, realizador del documental The City Dark, sobre la contaminación lumínica y la noche que desaparece. Kaurú Mende, japonés, diseñador industrial y ambiental, que intenta a través de sus trabajos, revitalizar el espíritu Zen, que Jampón cultivó desde tiempos ancestrales en que el país oriental tenía una estética más de sombra que de luz. Por su parte el Dr. Brainard, concluyó sobre los estudios actuales que proponen, que entre otras afecciones, una exposición inapropiada a la luz, durante la noche, en países industrializados tendría una creciente incidencia en el cáncer mamario.

 

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