Su especialidad no es de las más comunes: enseña Lengua de Señas. No escucha, pero tiene una mirada que traspasa las barreras. Hablar con ella a través de las manos es casi mágico y nos demuestra que podemos comunicarnos de mil maneras y formas. Y si para el Principito lo esencial es invisible a los ojos, aquí entenderemos que, en realidad, lo esencial supera todos nuestros sentidos cuando nos toca el corazón.
Por Percy Peña V. / Fotografías por Andrés Gutiérrez V.
Cuando esta revista llegue a sus manos, es muy probable que estemos ad portas de una nueva Teletón y nuevamente los chilenos y chilenas nos mostremos sensibles frente al tema de la discapacidad y su inclusión. Pero cuando pasen las semanas y la rutina nuevamente nos supere, es muy posible que olvidemos lo que nos hizo emocionar y nos gane la indiferencia.
Para Vianney Sierralta esta realidad es tristemente cotidiana. Ella vive sin escuchar y conoce bien el significado de los prejuicios, que uno a uno ha logrado superar.
Hoy vive con su “amor eterno” Gabriel Covarrubias, padre de sus dos hijos, Catalina de nueve y Fernando de cinco. Estudió Pedagogía en Educación General Básica y Profesor de Educación Especial. Además es Magíster en Gestión Educacional y trabajó por muchos años en el Proyecto de Integración de Estudiantes Sordos en la Corporación Municipal de Desarrollo Social de su ciudad natal, Calama. Actualmente trabaja en el Programa de Inclusión Escolar de la Fundación Educacional de Chuquicamata, pero también, desde 1999, enseña la Lengua de Señas Chilena.
¿En qué consiste el tipo de discapacidad que presentas?
¿Qué entendemos por “discapacidad”? El prefijo “dis” significa “mal” en su origen griego y “negación” en el latino. Y si lo entendemos así, entonces claro que tengo muchas “discapacidades”: no sé andar en bicicleta, mal me salen los bizcochos, no sé hacer una planilla de Excel. Todos tenemos una discapacidad. En mi caso, no oigo, pero puedo acceder a la música, a las noticias, a las reuniones, al baile, a una buena conversación, a la universidad a través de la lengua de señas, los intérpretes o una persona con paciencia. Si la sociedad no me da el acceso a todo esto, la “discapacidad” no es mía.
¿En qué momento tomas conciencia de ser distinta?
En realidad, uno lo que hace es tomar conciencia de la enorme diferencia social, en el trato, en la accesibilidad a la información, en la falta de comunicación que hay cuando no se oye, en la soledad. Hellen Keller decía que entre ser sorda y ciega prefería esto último, porque no ver la aislaba de las cosas, pero no oír la aislaba de otros seres humanos.
¿Se ha sentido aislada?
Hay un concepto que en inglés se llama deafhood que traducido al español quedaría como “sordedad”. Todas las personas “sordas” vivimos un proceso de deafhood, que es el de saberse sordo y entender que eso a uno le hace diferente. Aceptar que en un momento todos van a reír en una mesa y uno no sabrá por qué, o vas a ver a un profesor que dicta en voz alta y no podrás escribir ni tomar notas. Muchas veces los padres desean fervientemente que el sordo “oiga” como ellos, pero este niño es diferente en su sistema de comunicación. Por eso es tan maravilloso cuando un sordo se encuentra con otro, cuando se crea una comunidad.
¿Qué pasó cuando conociste Lengua de Señas?
Fue como un chileno que se encuentra con otro chileno en Japón. Es un sentimiento de igualdad social, cultural y comunicacional que marca el deafhood; es el instante en que te aceptas como parte de una comunidad minoritaria y es el primer paso para aceptarse a uno mismo. Ese proceso no es solo mío, pero en mí comenzó hace unos veinte años atrás.
¿Cómo ha cambiado el entendimiento de la discapacidad en Chile?
En Chile existe una cultura de la lástima y de asistencialismo hacia las personas que viven con discapacidad. El conmover, el causar compasión, el entregar un pescado sin enseñar a pescar es lo que prima en nuestra sociedad. Se destinan millones de pesos para rehabilitar, para corregir. No existe la visión de derechos humanos para las personas con discapacidad, donde yo como ciudadano tengo derecho a acceder a lo que accede cualquier otro chileno que paga impuestos, tal como lo hago yo.
¿Y de quién es la responsabilidad?
Es deber del Estado asegurar que una silla de ruedas no sea una barrera. En Chile les damos las sillas de ruedas a los niños, pero no las calles ni los juegos para que ellos puedan acceder plenamente. Solo depende de nosotros, las mismas personas con discapacidad, exigir que se cumpla la normativa que hace prevalecer mis derechos humanos como persona que vive con una discapacidad.
¿Qué experiencia concreta usted ha vivido que ejemplifica esto?
Una anécdota: soy sorda post lingüística, es decir, quedé sorda después de haber adquirido la lengua oral. Una vez fui con mi esposo a comprar un tarro de pintura y con toda mi voz oral le pregunto al dependiente cuánto costaba el tarro, entonces me responde con mala modulación. Miré a Gabriel para que me repitiera la respuesta en señas y el dependiente le dice: “Aaaah, es sordomuda”. Mi esposo le respondió: “Sorda sí, muda ojalá”. Ahora es algo gracioso, pero que nos digan “sordomudas” es algo tristemente común.
PROFESORA AMOR
En 2010 se promulgó la Ley de Inclusión Social de Personas con Discapacidad en Chile, después de dos años de tramitaciones. A partir de ese momento, se recorrió un largo camino hasta que, hoy en día, se reconoce la Lengua de Señas como medio natural de comunicación de la Comunidad Sorda.
“Pero se ha tardado más de cuatro años en establecer la figura legal de la Lengua de Señas Chilena, pero ¿cómo se reconoce mi derecho lingüístico si voy a un hospital?, ¿y si voy al Registro Civil, quién me atiende? Reconocer un derecho significa que el Estado debe hacerse cargo del mismo. No es la solución ir con mi amiga o mi mamá, es el Estado el que debe proveerme de los intérpretes para dar cumplimiento a la ley. Es jugárnosla tanto sordos como no sordos en exigir que se cumpla la ley”, explica Vianney.
¿Por qué participan No Sordos en sus clases?
Hay gente que viene a aprender porque es bonito o porque se ve muy cool en el currículo. Otras, porque les entusiasma conocer una lengua nueva, pero muchos se rinden en el camino. Sin embargo, hay personas que lo han asumido como un desafío para toda su vida, que comprenden que los sordos requieren de estos puentes comunicativos para sobrevivir. Los que se apoderan de la Lengua de Señas para toda la vida son los imprescindibles, parafraseando a Bertolt Brecht.
¿Y hay algún caso que usted recuerde con mayor atención o que le haya impactado?
Hay pocos, pero valiosos. La gente maravillosa de ARPEVIH, que aprendió Lengua de Señas para enseñar prevención y ayudar en el tratamiento de potenciales personas sordas viviendo con VIH. O dos de mis amigas que fueron primero mis alumnas y ahora llevan trece años trabajando con los sordos en Calama. O una profesora brasileña, con quien hablábamos muy fluidas en Lengua de Señas, al punto que casi no me doy cuenta que era oyente. Son gente de pura alma, de puro valor, que no tenían por qué estar ahí y ahí están. Porque no es fácil permanecer día a día y “mano a mano” trabajando con los sordos.
¿Existen requisitos para hacer uno de tus cursos?
Hacer un curso de Lengua de Señas es un aporte, pero a lo largo del tiempo es fundamental que quienes aprendieron interactúen constantemente con la comunidad sorda. Creo que ese requisito es la base de todo: practicar. En Antofagasta pueden dirigirse a la Agrupación de Sordos de Antofagasta o en Calama acercarse a la Agrupación de Sordos del Loa.
¿Cómo imaginas una sociedad más incluyente?
La inclusión no obedece solo al tema de la discapacidad, la inclusión somos todos en una obra común, luchando juntos por la tolerancia y el respeto. Si lucho contra la discriminación, lucho contra toda la discriminación: la que ocurre contra las mujeres, contra los sordos, contra los gays, contra las personas que viven con VIH, contra las personas indígenas. Una sociedad incluyente trata todos los temas de su agenda incorporando a la diversidad.
APRENDIZAJE DE VIDA
Durante este año, Vianney fue considerada dentro de las veintiséis líderes mujeres con algún tipo de discapacidad e invitada a participar en la Sexta Versión del Women´s Institute on Leadership and Disability en la ciudad de Eugene, en el estado de Oregon, Estados Unidos.
“Asistir a este evento marcó un hito en mi vida. Susan Sygall, su líder que vive con discapacidad física, nos preguntó a cada delegada, mujeres de todo el mundo, cuáles eran los problemas en torno a la discapacidad en nuestros países. La lista fue interminable, escribió punto por punto y al terminar dio un solo grito, rompió el papelógrafo y nos dijo: Muy bien mujeres líderes, ahora trabajemos en las soluciones”.
¿Cuál fue la principal lección recibida?
Aprendí que tenemos que construir el mundo que debería ser, asumiendo desafíos que nos convencieran de nuestro poder para cambiar lo que nos rodea. Imagina a mujeres ciegas haciendo rafting, mujeres que nunca han caminado subiendo a árboles de seis metros, a mí cocinando pescado con leche de coco bajo las órdenes de una mujer ciega y que hablaba inglés…. Nos enseñaron que nada es imposible si logramos trabajar en equipo.
En lo inmediato, ¿qué cambios realizarías?
Es muy importante mejorar la accesibilidad en los medios de comunicación mediante subtitulados o intérpretes de Lengua de Señas en todos los programas, incluso los regionales. También llegó la hora de exigir que el cine chileno que se financie con recursos del Estado se preocupe de este punto para incluir a la comunidad sorda. Es increíble, pero ¡tuve que ver Violeta se fue a los cielos con subtítulos en inglés! Existen, además, situaciones graves de doble discriminación, al ser mujer y vivir con discapacidad. He conocido a mujeres sordas cuyas familias las han hecho esterilizar sin su autorización. Hay mucha vulneración de derechos humanos contra las mujeres que viven con discapacidad y es hora de golpear la mesa y enfrentar estos problemas como sociedad en su totalidad.
“En Chile les damos las sillas de ruedas a los niños, pero no las calles ni los juegos para que ellos puedan acceder plenamente. Solo depende de nosotros, las mismas personas con discapacidad, exigir que se cumpla la normativa que hace prevalecer mis derechos humanos”.