Un lugar en el desierto más árido del mundo llamado Agua Santa, donde el agua es bendición. Una de las mayores oficinas salitreras de Tarapacá. Y que administrador, James Thomas Humberstone, en una conjunción de connotados... se agolpan los relatos como el de William H. Russell y las fotografìas de Luis Oddó, que dan origen al Álbum de la Cía. de Salitres y Ferrocarril de 1896, con imágenes de la oficina en su esplendor, de Caleta Buena, del ferrocarril y del andarivel que enlazaban y complementaban lo uno y lo otro.
Cantón de Negreiros. No estoy en la oficina, sino en el cementerio, impresionante, ya por sus cruces que parecen extenderse hasta los confines del horizonte, ya por sus bóvedas destruidas por cañonazos y misiles que develaron a tanto difunto que solo esperó la paz eterna y que ahora asoman impactantes desde sus cofres destruidos. Tiempos y mentalidades ya del pasado, me conformo con que queden, con que sigan a salvo, al menos por ahora.
Hemos llegado con casi una centena de ex pampinos y sus familias en la romería para ofrendar coronas con flores de hojalata, siempre con el respado permanente de SQM. El periplo ha sido amplio y longitudinal, desde la ex oficina Victoria, hasta llegar a Agua Santa y Catalina.
Agua Santa. Comenzó en los años 50 del siglo XIX como una “parada” de tarapaqueños, de doña Francisca Hidalgo. En 1874 fue una Oficina de Máquina, propiedad de John Campbell, facultada para producir 500 mil quintales españoles de salitre al año, la mayor de su tiempo. Luego de “Outram, Campbell & Co”, que dan origen a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa, comenzando ya las primeras disputas con los Hermanos Monteros, en 1881, y más tarde con The Nitrate Railways, para portear y embarcar a través del puerto de Caleta . Y que lo consiguen, cuando en 1890 logran la concesión del Estado para construir un ferrocarril desde la oficina hasta la caleta, donde mi madre, la Meche estuvo de niña y logró con la abuela Ema, dejar en un barco el lugar que padecía el incendio que destruyó casi todo en 1929.
Agua Santa, con su formidable ferrocarril y su trazado entreverándose por la Cordillera de la Costa, hasta el Alto Caleta Buena y acceder a través de ese plano inclinado, que sólo pudo abordarse a través de un andarivel, del que quedaron sus trazos paralelos, cual geoglifos industriales, que dan para otro artículo y más.
Por eso, de vueltas a Agua Santa, pese a ser de dueños ingleses, operaba con capitales chilenos y donde James T. Humberstone, que después será su administrador, introdujo lo que se llama el sistema de sifón, para llevar el agua vieja de estanque en estanque y que ya en 1896 se está transformando en una oficina Shanks. Del campamento la visión es dura: “una cosa de hilachas y parches, donde viven los trabajadores y la población, y se ven por todos lados niños, perros, moscas y palomas” (Russell, 1889).
El campamento creció, y mejoró sus instalaciones y llegó a tener capacidad para casi 2000 habitantes, de los cuales un promedio de 600 eran trabajadores, construyéndose el primer hospital que conoció la pampa. Luego de superar etapas paraliza por primera vez en 1927, luego en 1930, en 1931 su ferrocarril, y en 1936 toda actividad. De esa larga historia, tan brevemente decantada, son los tantos que quedaron y que llenan de cruces y recuerdos los confines de la pampas del norte de Tarapacá y de quienes siguieron haciendo sus vidas en otras oficinas y puertos del Norte Grande.